Críticas: Todos tenemos un plan

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El guión del primer largometraje de Ana Piterbarg ha sido el responsable de la primera colaboración actoral de Viggo Mortensen con el cine argentino.

Todos tenemos un plan ofrece ciertas posibilidades en su premisa: una trama criminal con un secuestro frustrado que acaba en homicidio, una interesante base narrativa sobre el cambio de reinas dentro de una colmena para ‘regenerar’ un degradado ecosistema, la referencia a ‘Los desterrados’ de Horacio Quiroga, el propio título que marca la línea del destino sobre los protagonistas y, finalmente, la aparición de un ‘doble’ alejado de todo lo mostrado previamente. Ana Piterbarg ha marcado correctamente los paneles que forman el panal de su guión pero en el desarrollo, ya sea por abrir demasiado pronto la colmena o por ansiar una perdurable miel, se pierde la calidad completa del producto.

En apicultura la introducción de reinas en una colmena está sometida a mitos y Piterbarg ha decidido focalizar su discurso en la generación del bien y mal de las acciones para acometer un cambio. El lado criminal y oculto de un hermano gemelo choca con los recuerdos de infancia y sus roles antagónicos: el mismo cuerpo pero diferente moral. Esa línea discursiva es tan interesante —la enfermedad mortal generada desde interior como castigo— como peligrosa por sus parecidos con un culebrón de ‘gemela buena y gemela mala’. Obviamente la asimilación del rol y el cambio regenerador quedan conducidos hacia  un thriller rutinario con simplista trama criminal, como único camino que marca la cineasta y guionista. Esos cauces son tan formales, recurrentes y sumidos en clichés que cuesta creer que Viggo Mortensen se interesara tanto por un proyecto tan cercano al telefilme… y afirmara que había rechazado numerosos guiones durante años porque no eran buenos.

La directora y guionista escuda su proyecto en el retrato y búsqueda de las segundas oportunidades, en viajes interiores que realizan sus protagonistas para acometer crisis introspectivas. Conflictos no resueltos desde la infancia que hacen que un personaje que siempre ha huido tenga que hacer frente a sus miedos enterrados. La dualidad que establecen esos gemelos queda fortalecida por la solvente interpretación de Viggo Mortensen, pero los paisajes que propone el telón de fondo están prácticamente desperdiciados. Piterbarg ha querido filmar y narrar una historia clásica con elementos poco recurrentes en la filmografía actual. A cualquier espectador le pueden venir inmediatamente los dramas rurales de la América profunda o al reciente y fallida En el centro de la tormenta de Bertrand Tavernier con Tommy Lee Jones. Las islas del Delta del Tigre y la decadencia con la que ha sido impregnada el lugar con el transcurso de los años, produce un efecto interesante sobre olvidados y desterrados.

Los problemas, no obstante, no son las acertadas referencias e inclusiones sino la propia forma y desarrollo del guión. Ni siquiera estamos en una revisión de A pleno sol de René Clément que pudiera propiciar la novela de Patricia Highsmith. El desaprovechado personaje de Soledad Villamil podría marcar ciertas miras e incisiones en el pasado del protagonista, pero el filme de Piterbarg se ciñe a su premisa de cambio y asimilación de roles. Tampoco habita la poesía de esa misteriosa región del Delta del Tigre aunque sus imágenes pretenden ser tan eficaces como recurrentes. Narrar los sinsentidos de la propuesta y la falta de miel del resultado final podría ser clavar un venenoso abejón al intento del ‘primer vuelo’ de Piterbarg. Eso sí, resulta imperdonable que principal antagonista y ‘eje del mal’ aparezca como ‘Pedro por su casa’ sin que la policía, que tanto molestó al protagonista, haga acto de presencia en lo que queda de película… Con enormes lagunas y fallos de guión, Todos tenemos un plan queda abocada a una película que realmente no tiene ninguno.

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