Críticas: The Possession (El origen del mal)

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Sam Raimi llega a las carteleras en calidad de productor con la película The Possession (El origen del mal), basada en un hecho real. Vaya por delante lo siguiente: en los últimos años, el goteo de películas de niñas poseídas basada en hechos reales ha sido un continuo. Yo pongo el dato y ustedes echan cuentas, a ver a qué conclusiones llegan.

Y ahora, vamos al asunto éste del ‘Basado en un hecho real’. El origen de la historia se remonta a un artículo que la periodista Leslie Gornstein, de Los Angeles Times, publicó en 2004 y que lleva por título ‘A jinx in a box’ , donde informaba del caso de un joven que había obtenido una caja de origen judío al que le habían sobrevenido multitud de desgracias después de adquirirla. Ése es el hecho real del que Raimi decidió arrancar el proyecto encargando una primera versión a los guionistas Juliet Snowden y Stiles White. Sin embargo, la historia, según ellos, no daba demasiado de sí, así que decidieron dejar el artículo a un lado para centrarse únicamente en la caja y a partir de ahí relatar lo que la sinopsis oficial de la película cuenta: la historia de una familia que debe permanecer unida para hacer frente al dybbuk, una fuerza maligna que alberga una caja de madera de origen judío que al ser abierta posee el cuerpo del incauto adquisidor.

No obstante, nuestra realidad es otra. La realidad es que la sinopsis del pueblo dice que es la enésima película de posesiones con todo lo que ya sabemos: es una niña, hija de padres recientemente divorciados que es capaz de poner los ojos en blanco, ser contestona, mirar mal a los mayores y que aprovecha sus horas de trance demoníacas para hacer el mal a todo el que esté a su alcance con nocturnidad y alevosía. Ah, y que para pasar el rato… vale, hasta aquí todo el paquete promocional con el que llega la película dirigida por el danés Ole Bornedal, director que suele manejar el suspense con cierto estilo frío y elegancia, casualidad o no, el último tramo de la película guarda ciertas referencias con la que sea, posiblemente, su película más lograda, El vigilante nocturno (1994), de la que posteriormente se haría un remake americano dirigida por él mismo y con menor acierto protagonizado por Ewan McGregor.

Da rabia que siendo un producto que llega de la mano de Sam Raimi y asociándose a un director capaz de crear atmósferas inquietantes, la cosa se haya quedado a medias tintas. Medias tintas por su prometedora escena inicial (muy del gusto de Raimi) que posteriormente se va transformando en un ejercicio estiloso (que no de estilo) de puesta en escena a base de travellings a ras de suelo y planos cenitales, apoyados por un montaje a corte tras cada secuencia pretendidamente impactante con unos efectos de sonido rompe-tímpanos que te informan de que en breves instantes te va a caer todo el terror encima.

Con todo esto, la combinación productor-director, en mi opinión, no ha dado los resultados esperados. Siendo francos, el guión como tal es demasiado contenido para ser de Raimi, demasiado simple para Bornedal y nada original para los espectadores, apoyado en trucos como el de ver a la niña poseída en la morgue del hospital a oscuras y entre cadáveres cubiertos por sábanas (que alguien me explique por qué no están en las neveras). Por un lado, el gen cinéfilo-europeo de Bornedal pide a gritos una dirección más europeizada, psicologista y menos encorsetada en los parámetros del mainstream y, por el otro, me atrevo a decir que de haber sido rodada por Raimi, se hubiera logrado un resultado mucho más atractivo, dinámico y asalvajado bien sea en la estela de Arrástrame al infierno (2009), (nótese la similitud entre ambos carteles promocionales) o, por qué no, a Posesión infernal (1981).

A pesar de lo irregular de la propuesta, me quedo con los planos de la joven actriz Natasha Calis con el rostro impertérrito mirando a su padre, interpretado por Jeffrey Dean Morgan (Watchmen, Anatomía de Grey), mientras las lágrimas caen irremisiblemente mostrando la impotencia de no saberse controlar porque tampoco se reconoce a si misma y también absuelvo la secuencia de la cocina en la que la pequeña está al borde de su transformación total frente a una Kyra Sedgwick (la Brenda Leigh Johnson de la serie The Closer) en el papel de madre muerta de miedo.

En general, es posible que pasen un buen rato si no van con las expectativas muy altas y se toman la película como una prueba para saber cuán puestos están en materia del subgénero de exorcismos independientemente de si estos son judíos, cristianos o lo que venga. Ego te absolvo a peccatis tuis, Bornedal.

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