Críticas: Las aventuras de Tadeo Jones

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Dos cortos con Goya, dos cómics de Jan y diez años han sido el trayecto necesario para que Tadeo Jones sea aventura y largometraje.

Es injusto, tal vez, analizar incisivamente el trabajo de una película pensada como entretenimiento familiar sin ninguna pretensión salvo la recompensa en la taquilla. De hecho, ni siquiera me encuentro incluido dentro del target al que quiere llegar Las aventuras de Tadeo Jones. Realmente voy a escribir desde un punto de vista al que a su director Enrique Gato y a su productor Nico Matji poco o nada les importa: mi opinión acaba en el punto que recomiende esta película para los más pequeños y sus padres. A partir de aquí llegamos a un análisis de un filme que se ha gestado durante diez años con dos cortometrajes (ambos con Goya) y un par de cómics de Jan (autor de Superlópez) que han colocado al personaje de Tadeo Jones dentro del mercado internacional y con uno de los proyectos más ambiciosos dentro de la animación española.

En este punto llega la crítica con carácter constructivo sobre las posibilidades que no he visto plasmadas en Las aventuras de Tadeo Jones. La historia gira alrededor de la imaginación de su personaje principal que sigue siendo un soñador y fantasea con protagonizar cientos de aventuras. Realmente el ensueño finaliza en la primera secuencia de la película y las hazañas empiezan a escribirse en marco ‘real’ desde ese punto. Es normal que hayan americanizado el universo de Tadeo Jones, respetando en sus guiños su ‘origen spanish’ como ese Valladolid en USA. Lo que es a la vez previsible pero criticable es la inclusión de ‘mascotas’ a modo de escuderos de los protagonistas. En Tadeo Jones y el sótano maldito el protagonista salva a un perro que poco tiene que ver con su actual Jeff y que encuentra al loro Belzoni como su nuevo amigo y mal-amigo. Recientemente hemos visto a un personaje con plumas similar en la extremadamente infantil Los cachorros y el código de Marco Polo, Sinnombre, con carteles que le comunicaban con el mundo ante su mudez.

La excusa no es el guión (en Planet 51 el libreto era de Joe Stillman y recibió en EEUU peores críticas que algunas de las nominadas y ganadoras del Razzie) sino del backstory que se ha formado al dotar de un universo al personaje. No lo entiendo. Tadeo Jones desde pequeño siempre ha querido ser arqueólogo. Sabemos que sus padres murieron en un accidente y fue criado por su abuela. El problema es que el choque y parodia sobre Indiana Jones es que Tadeo nunca estudió nada vinculado con la arqueología y es un obrero de la construcción. ¿Y por qué? ¿Por qué no ha podido estudiar? Uno podía pensar que su abuela, bajo una promesa parental, tuvo que prohibir acercarse a una excavación. Para nada: su abuela da la impresión que siempre le apoyó para que sus sueños se hicieran realidad desde su infancia. Entonces, ¿por qué Tadeo no ha estudiado o ha intentado ser arqueólogo? Todavía se entiende menos que diga que es fan, tenga una suscripción al ‘National Petrographic’ y que no tenga ni idea, al parecer, de historia ni de símbolos incas. Entendemos que no pasa de las fotos y que ese contraste forma parte del encanto pero en Las aventuras de Tadeo Jones ha quedado enterrado y fosilizado: no nos encontramos ante un jeta y un vividor, un personajillo aprovechado que no quiere dar un palo al agua pero desea aferrarse a los sueños de su infancia dando vida a su imaginación. Tampoco ante ciertas posibilidades argumentales mayores como la muerte de sus padres provocada por los que son sus enemigos. Simplemente Tadeo queda como un idealista que quiere que le llegue su oportunidad caída del cielo. Y, al parecer, esta es su aventura…

La única duda que puede plantear dobleces es si esa despreciable y violenta corporación Odysseus tiene algo que ver con la empresa de cazatesoros Odyssey… Por lo demás, poco más que se desenterrar. La película realmente funciona cuando se convierte en una tradicional y eficaz cinta de aventuras, dejando apartado su lado infantil y adentrándose en la acción original. Muchas veces criticamos por criticar aunque en la diferencia se halla en el detalle, ese toque que tienen las producciones de Pixar, Aardman y… Dreamworks, en menor medida. O aquello que catapultó a Rango de la monotonía para hacerla genial y reivindicable. Ese pincelazo maestro y toque que, por desgracia, Las aventuras de Tadeo Jones no tiene y tampoco se molesta en demasía en desenterrar.

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