Críticas: What Is Love

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Tercer día en el Sarajevo Film Fest.

La propuesta que nos presentaron esta mañana en el Teatro Nacional de Sarajevo proviene de Austria bajo el paraguas de la famosa productura Gabriele Kranzelbinder, conocida por sus apuestas arriesgadas y por dar la primera oportunidad a muchos jóvenes directores. No en vano fue la encargada de producir la polémica cinta húngara Taxidermia.

Aunque no lo parezca, What is love es un documental, más concretamente una recreación de la vida de cinco grupos de personas. Su directora, Ruth Mader, seleccionó cinco vídeos de entre varios miles que recibió y les pidió a sus creadores que volvieran hacer lo mismo que hacían en éstos.

¿Y qué es lo que aparece en los vídeos? Gente en busca del amor que no tiene, o ha perdido, o nunca ha tenido. No me queda tan claro, de todas formas cada espectador sacará sus propios conclusiones, que irán desde la sospecha de que el proyecto no es más que una tomadura de pelo a que estamos ante una propuesta arriesgada donde lo importante no es mostrar el amor, si no lo cotidiano de su búsqueda, pérdida o mantenimiento.

La obra tiene unos muy saludables punto de humor basado en el absurdo de lo cotidiano, con algunos diálogos (escasa presencia de éstos, por cierto) brillantes. Llegados a este punto uno puede ver cierto reflejo de Giorgos Lanthimos, el creador de Canino o Alps, en ese mismo gusto por el humor y la libertad de interpretación a la hora de juzgar la obra.

Tal vez el principal problema de la película sea que en la primera historia se enseñan todas las cartas y lo que queda es una repetición de los mecanismos. Es algo buscado y se juega con varios grupos diferentes de personas; una mujer cerca de la cuarentena que vive sin pareja, un cura que no tiene feligreses, una madre de familia con un trabajo horrible pero necesario para mantener a los suyos, un matrimonio que en una escala del 1 al 10 se quieren un 2 y que discuten porque no pasan mucho tiempo uno junto al otro y otra familia, religiosa, que pasa el día juntos. Con cada historia el título va adquiriendo un significado totalmente diferente al anterior por mucho que, vuelvo a remarcar, moleste el cansancio producido por la repetición del mismo patrón. Afortunadamente entran en juego algunos momentos cómicos que relajan lo esquemático del relato.

He de admitir, llegados a este punto, que todavía no tengo claro que quería contar su director con esta obra. Más que el amor, o el concepto del amor que solemos tener, parece querer jugar precisamente con su búsqueda diaria, la lucha por mantenerla o adquirirla, pero llegados a este punto ¿no está lleno de amor el cura por su Dios aunque se pase las horas muerto de asco en el confesonario? Al final he de admitir que sólo veo a gente llena de amor que están imposibilitados para darlo o recibirlo. Parecen resignados a la cotidianidad.

Sea como sea, la película ha pasado sin pena ni gloria por la alfombra roja, cuando lo cierto es que es una propuesta diferente a lo que solemos ver normalmente. Tedio ha sido la sensación general por parte del público, con alguna que otra deserción. Y sin embargo, la  película tiene algo difícil de definir que la salva de la quema. Debe ser la manera en la que enfoca a sus personajes, porque todos son mostrados de manera patética, pero desde el cariño. Nos los muestran normalmente sentados uno enfrente del otro o con la cámara de delante de sus caras, en plano fijo y en largos abiertos, normalmente quietos, estáticos (lo que los hace más poca cosa o absurdos), haciendo lo que hacen siempre en su día a día y que a nadie le importa. ¿Son felices? No lo parecen, tampoco parece que puedan hacer otra cosa. La imagen de la chica de la primera historia bailando sola en una discoteca rodeada de gente y de parejas mientras ella insiste en su baile como si no le importara estar más sola que la una, expresando “sí, estoy sola pero voy a pasármelo bien”, conmueve, te hace torcer el gesto por lo absurdo y cómico que resulta y, en el fondo, te sientes hasta identificado. O no, puede que resulte patético. Cada uno verá.

Todo esto unido a sus momentos de humor es suficiente para mí, aunque sigo preguntándome que querían decirme con la cinta. En fin, a veces simplemente es mejor dejarse de llevar y no obsesionarse con la felicidad.

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