Críticas: Present Tense

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Cuarta jornada del Sarajevo Film Festival.

En la sección oficial hoy tocaba el turno para la cinta Present Tense de la directora Belmin Söylemez.

La cinta sigue los pasos de una joven que en busca de un futuro mejor acaba trabajando como adivinadora de fortuna en los posos de café de un bar, encontrándose que tiene un don para el nuevo puesto de trabajo que ocupa y conociendo a su vez al dueño del local y a otra adivinadora.

Todo está trazado con una sutil ironía en el relato que por lo demás va dosificando la información sobre nuestros protagonistas poco a poco. Resulta igualmente curioso que una chica que sólo piensa en huir a Estados Unidos en busca de alguien o de algo y por tanto, esté obsesionada con el futuro, trabaje precisamente para el futuro de los demás… ¿Realmente hace todo lo que está a su alcance para acabar en USA? ¿No es alarmante su falta de preocupación ante la inminente irrupción de la policía en su casa para desalojarla? La directora juega durante todo el metraje con estas preguntas y nos muestra a tres personajes con secretos que realmente no hacen nada para intentar cambiar, por muchos sueños que digan tener.

Tampoco se puede dejar pasar por alto el extraño don de nuestra protagonista: en ningún momento lee propiamente el futuro, tan sólo constata la preocupación real de los clientes (pero sin trucos ni trampas como si hace su amiga y compañera de trabajo). Ante la demanda de respuestas o acciones con esos problemas ella se limita a encogerse hombros, es decir, identifica la pregunta pero no da soluciones a ésta. La película hace lo mismo con sus personajes. No hay respuestas porque verdaderamente ninguno de ellos hace nada por conseguirlas, engañándose con sueños y falsas promesas.

A todo esto hay que evidenciar que Mina, nuestra heroína, lee en el futuro de sus clientes el suyo propio, produciéndose en su vida a lo largo del largometraje todo lo que va anunciando a los demás, pero ¿para qué sirve entonces acertar en las preocupaciones del resto de seres humanos si no puedes darte cuenta de las tuyas?

El relato se desarrolla pausadamente, mostrándonos la cara más cosmopolita y urbana de Estambul. La película está hecha desde la mirada de la directora y ahí destaca esa visión, llamémosla laica, que tiene. Pero no es una mirada amable, la especulación echa de sus hogares a la gente para crear más hoteles para turistas y donde una generación entera sueña con largarse a otro lugar o, al menos, tener otra vida. Y están prisioneros. Todos los personajes tienen un pasado que les atormenta y que llama a la puerta del presente, pero ellos actúan como si quedándose quietos y sin hacer ruido no les fuera alcanzar, soñando con el futuro.

Presente, pasado y futuro se unen en los posos de café. Ninguno de ellos vive realmente el momento, se persiguen el uno al otro en una estúpida cadena que nunca encuentra correspondencia. Tienen unos pocos momentos para atesorar, pero al final todo les explota en la cara, dejándolos sorprendidos por algo que no creían que fuera a llegar.

A lo largo de las casi dos horas que dura la película vamos descubriendo las distintas capas que los personajes muestran. Mina y su compañera de trabajo no son más que la misma cara de una realidad, aunque de inicio parezcan el día y la noche. La primera sueña con el visado y la segunda con abrir su café en lo alto de un edificio desde donde se puede vislumbrar toda la ciudad.

No hay respuestas, sólo preguntas y la constatación final de que no hay futuro. Mina aprende esta dura realidad. No sabremos qué pasará a continuación. Ninguna línea argumental finaliza. Tan sólo se pospone una vez más.

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