Críticas: Lebanon

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La ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia de 2009 sigue esperando dar el cañonazo definitivo a nuestra cartelera.

AVISO AL ESPECTADOR: Vaya meado a ver esta película. El crítico que escribe nunca ha visto miccionar tanto en pantalla grande en tan poco tiempo. Entiendo que Samuel Maoz quiere mostrarnos que esos personajes que tenemos delante son humanos… ¿Pero meando tanto? No es un chorrito y corte en la sala de montaje. No, se trata de meadas completas y chorros que escuchamos antes del goteo y meneo final. Y venga mear… y venga chorros… Utilizan una cajita fuerte pero por lo que mean hubieran necesitado un bidón… En fin, que el ser que les escribe este aviso casi se mea encima. Les repito y les insto: como si fueran a la mismísima guerra… ¡vayan meados!

La premisa de Lebanon, la primera película de ficción de Samuel Maoz, parte de una sencillez pasmosa: el seguimiento durante 24 horas de un grupo de inexpertos y jóvenes soldados israelís que se encuentran en el interior de un tanque durante la guerra del Líbano del 82. Obviamente Náufragos de Alfred Hitchcock creó escuela, pero Maoz sabe cómo hacer las convenientes ‘trampas’ en vacios legales del invento: la mirilla del tanque será y funcionará como el objetivo de una cámara. Ese punto de vista, en manos de un novato artillero, nos muestra el exterior del tanque desde esa perspectiva del descubrimiento. Un ojo y mirada voyeur para ver el lado más efectista y brutal de la contienda y describir tantos los encuentros como la guadaña que ha pasado por allí. Esa posibilidad de alargar y ampliar el exterior del tanque choca con lo (in)visible y contrasta con el microcosmos de roles grupales que se establece en el interior. Enseguida nos damos cuenta que nos encontramos ante un atajo de jóvenes con escasa formación a los que se les ha ‘regalado’ una máquina de matar y se les da órdenes que muchas veces son incapaces de acatar. El discurso antibélico comienza a darse forma entre los cadáveres que empiezan a dejar a su paso…

Al igual que Steven Spielberg en Munich, se traza un vínculo con el 11-S y lo que podrían ser próximos objetivos en otro tipo de mirillas terroristas. Pero Samuel Maoz se limita a generar suspense e incertidumbre a lo En tierra hostil en vez de resolver cuestiones morales, sociales y políticas. No es tampoco Masacre: ven y mira de Elem Klimov aunque comparte ese balazo emocional entre los ojos de los espectadores respecto al límite que impone un punto de vista establecido. Lebanon, en cierta medida, es ese tanque descrito en el propio cartel: se encuentra solo en un lugar que no debería estar. El Festival de Venecia ‘prefirió’ el año anterior El luchador de Darren Aronofsky que la cinta de Kathryn Bigelow y, tal vez, Lebanon sea parte de esa espina clavada. También que en la sección oficial de Venecia ese año tuviera una clara favorita. Pese a no contener ese componente crítico palpable que rezumaba Tropa de élite de José Padilha, sus imágenes son claramente efectivas y precisas para hacer vibrar a los espectadores: ese suelo encharcado y lleno de restos de comida y la suciedad y sudor con la que van cubriéndose sus personajes forman parte de una evolución tanto interior como exterior de los mismos.

Nos encontramos en un momento en el que la ficción israelí sorprende internacionalmente con cintas como Vals con Bashir, Beaufort o la presente Lebanon (recordemos que esta última es una coproducción entre Israel, Líbano, Alemania y Francia, dotándola de mayor hondura en su discurso). Pero también en el que la ficción estadounidense está utilizando sus argumentos: La deuda y sobre todo la exitosa y premiada serie Homeland. Puede que el sector más joven de audiencia emparejará a esa mirilla con un videojuego bélico en primera persona. Los más provectos se remitirán a Das Boot y se quedarán con la duda si un giro a lo Silencio de muerte hubiera sido más eficaz que sus introspecciones y tiroteos. El propio Maoz parece utilizar la cinta como material autobiográfico y como expulsión de sus demonios interiores, utilizando resortes cinematográficos de La chaqueta metálica o Platoon. Tanto el conflicto como la supervivencia crean una barrera psicológica que enfrenta a esos torturados jóvenes así como les une. El gran mérito de Lebanon es que esa sensación de encontrarse en el interior del tanque parece trasladarse a la propia sala del cine. Estamos atrapados también allí y con una mirilla que forma la pantalla y nos da la luz. Y nos preguntaremos durante todo su metraje si podremos escapar o aguantaremos hasta el final sin ir al urinario…

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