Críticas: Everybody in Our Family

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Quinta jornada en Sarajevo. Joyita rumana al canto.

Como una bomba, así ha caído la película entre la prensa. Nos hemos quedado todos con la boca abierta. Y eso que esta mañana me he levantado de resaca con pocas ganas de ver una peli de casi dos horas. A la salida estaba temblando.

Es una gozada encontrar una película como la presente. De inicio, tenemos a nuestro protagonista, Marius, cercano a los 40 que se levanta (también) con resaca en su primer día de vacaciones. Poco a poco vamos descubriendo quién es y a qué se enfrenta.

Primero lo vemos ir al mercado con un peluche enorme para envolverlo en papel de regalo. Luego va a visitar a sus padres. Todo parece genial entre ellos pero entonces atisbamos una sombra; el padre le reprocha haberse casado con “ésa”. Se enfadan. Discuten. Vuelven a hablarse. Llevamos 20 minutos de película. Todavía no hemos conocido a nuestro héroe, tan sólo una de sus capas. No ha comenzado la acción aún, tan sólo nos ponen sobre aviso de lo que viene a continuación y nos muestran a un hombre esforzándose en ser una buena persona, con sus luces y sombras. Nos cae simpático. Estamos con él. No es perfecto pero, ¿quién lo es? Marius es humano. Y por encima de todo, quiere a su hija.

Entonces Marius llega a una casa, donde una mujer mayor y un hombre de su edad le esperan. Viene a recoger a su hija, que vive con su madre, para iniciar sus vacaciones. Sólo la ve en ese periodo, así lo dictó la justicia.

Lo que sigue deja en pañales a cintas como la última de Polanski. No vamos a salir de esa casa en mucho tiempo. Asistimos a un terremoto de estados por los que van pasando todos los personajes, mientras va aumentando la presión sobre nuestro protagonista y la tensión va en aumento con instantes de falsa relajación. El hombre sólo quiere pasar unos días con su hija, joder. Nada más. Se esfuerza por sonreír, en ser educado y ante todo, en ser una buena persona. Todo se va de madre. El background de los personajes sale a relucir poco a poco, descubriendo que nadie es lo que parece. Sus relaciones están podridas por dentro. La tensión crece y crece entre millones de diálogos, acusaciones, gritos, peleas, golpes, abrazos y besos. Padre y madre luchan encarnecidamente mientras la pequeña asiste a la destrucción de la familia y a depravación de dos seres humanos que la utilizarán como una marioneta para ponerla en contra del otro. Marius es nuestro protagonista y no podemos evitar ver toda la acción a través de él, pero su hija es el daño colateral, la autentica víctima de la obra.

Antes de que todo explote, Marius tiene unos momentos maravillosos donde juega y ríe con su hija después de tiempo sin verla. Juntos ven pasar a través de la ventana un funeral gitano. La hija le pide explicaciones: <<¿A dónde vamos cuando morimos?>>. El padre duda. Ella entonces comenta que su madre dice que la gente buena va al cielo y la gente mala al infierno. Vuelve a preguntar: <<¿A dónde vamos a ir todos?>> Marius le dice que todos irán al cielo, incluyendo a su madre, al novio de su madre, a la abuela y a ella, por supuesto. Él no se incluye. Porque en eso se resume en parte la cinta; a alguien que se esfuerza por ser una buena persona pero no va a entrar en el cielo. Marius se ve sobrepasado por la humillación total a la que es sometido por parte de su ex pareja. Aunque aquí todos tienen sus motivaciones y sus anhelos.

Incluso en los momentos donde el protagonista pierde totalmente la cabeza se divisa a una persona sobrepasada por los acontecimientos que sólo quiere irse de vacaciones con su pequeña. De todas formas él también se engaña al creer que es realmente un tipo amable y educado que lleva bien la separación, pues al final se ve que reacciona de la misma manera que su ex pareja y no obstante estamos con él, ya lo creo.

Todo es un tiovivo de emociones humanas y las relaciones entre personajes está en continúo cambio y evolución. El director usa la cámara al hombro, un espacio natural como lugar donde se desarrolla casi toda la acción, huye de la música extradiegética y los planos son largos y con jum cuts pero ante todo, o gracias a todo esto, prima una sensación de realidad, como viene siendo habitual en cierto tipo de cine rumano (La muerte del señor Lazarescu o 4 meses, 3 semanas y 2 días por poner dos ejemplos). Podría pasar (o de hecho pasa) en todas partes del mundo, incluyendo España.

Todo esto salpicado con un humor provocado por la tensión acumulada, ya saben, una risa nerviosa, desesperada.

Definitivamente, Marius es tan sólo un buen hombre con mala suerte.

Nunca entrará en el cielo.

3 Responses to Críticas: Everybody in Our Family

  1. Anónimo dice:

    La mejor del festival, entonces…

    Grande Radu Jude, a mí me gustó muchísimo "La chica más feliz del mundo". Quizá no fue un terremoto, pero sí un temblor previo…

    Y esta húngara http://www.filmaffinity.com/es/film876888.html, ¿una caca?

  2. sarajeski dice:

    Por cierto, La chica más feliz del mundo causó sensación en el festival de Sevilla de hace dos años. No pude verla, pero ya estoy buscándola como un loco.

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