Críticas: El irlandés

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Con el estreno de El irlandés, debut de John Michael McDonagh, os traemos hoy la reseña de este pequeño gran film capaz de dejar a cualquiera con una mueca de satisfacción.

Aunque aquí ya no se trata de si sus personajes despiertan simpatía o de si les acompaña una de esas presentaciones que puedan maravillar al más pintado, sino más bien de la presencia de un cineasta que maneja a la perfección un universo de referencias sin que éstas terminen engullendo la obra. Así, en El irlandés nos encontramos con una propuesta que en muchas ocasiones bordea la comedia más directa y rotunda para terminar asentándose en un drama que sabe encontrar el poso adecuado con un talento innato en mitad de toda la barbarie de chistes racistas o de putas con que nos obsequia el protagonista, e incluso se atreve con un aroma western que encuentra su cúlmen con una última secuencia fantástica y una banda sonora exquisita compuesta por la genial banda arizoniana Calexico.

Muchos no han tardado en trazar comparaciones y poner en liza el nombre de Torrente, uno de los ídolos patrios, aunque servidor encuentre mucho más medida cada sentencia y gesto en este irlandés al que da vida el siempre brillante Brendan Gleeson que, si bien es acompañado por un Don Cheadle con la chispa suficiente como para no parecer un espantajo a su lado en una suerte de buddy movie que no lo es tanto como parece, termina encontrando su mejor complemento en el resto de secundarios, que quizá por cercanía geográfica o raíces ejercen mucho mejor como comparsa y le dan un aire totalmente distinto a una cinta en la que cada intervención está medida con inteligencia y en el que unas simples pinceladas pueden servir para describir a un personaje sin que se muestre inconsistente en el particular universo creado por el cineasta británico.

Producida por el hermano del director, Martin McDonagh (Escondidos en Brujas), se hace notar también su huella por ese humor negro que desprende con tanto desparpajo El irlandés, y que aunque no la vayan a convertir en la sensación de la temporada, sí puede ofrecer un agradable rato de cine sin necesidad de empaparse constantemente de ese humor grueso del que hace gala, consiguiendo que incluso momentos más austeros que parecerían no tener cabida en una cinta de estas características terminen encajando a la perfección y arrojando luz sobre la aparición de secundarios que termina siendo justificada gracias al sabohacer y buen gusto de un director al que hasta día de hoy sólo conocíamos por algún que otro guión, pero que a buen seguro a partir de hoy más de uno querrá conocer también por un cine que sabe salir airoso de ese vendaval de referencias y préstamos, irguiendo una de esas raras avis que no se conforma con tener un séquito de magníficos intérpretes (porque tras Cheadle están Liam Cunningham o Mark Strong) orquestados a la perfección, y prefiere también regalarnos una de esas pequeñas joyas a descubrir que hará las delicias de ese público más afable que prefiere dejarse llevar y descubrir otro pequeño paraje en el que resguardarse la próxima vez que busquen algo tan simple como terminar con una sonrisa en la boca.

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