Críticas: Brave (Indomable)

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La entrega anual de Pixar nos transporta en esta ocasión a la Escocia medieval y baja el pistón.

Después del altísimo nivel que alcanzó Pixar encadenando Ratatouille, Wall·E y Up entre 2007 y 2009, el listón parecía difícil de alcanzar cuando se afrontaba en 2010 una nueva secuela de uno de sus títulos más emblemáticos, Toy Story 3. Aunque no pudo suplir ni de lejos el lugar que ocupaba la original para el que escribe estas líneas, que ha crecido con ella, el reto se cumplió sobradamente sin desmerecer para nada los magníficos títulos anteriores. Flanquearon esta serie triunfal las dos partes de Cars, un mero pasatiempo vendejuguetes demasiado infantil para algunos, pero cuyas dosis de entretenimiento e imaginería compensaban parcialmente el hecho de ser claramente menor en comparación con el resto. Llegábamos así a esta Brave, pese a que desde su concepción no prometía ser la más estimulante, con la convicción de que Pixar tendría que sorprendernos por algún flanco, de que su aparente inanidad no iba a ser tal en las manos maestras de la factoría. Y, personalmente, tras verla creo que no podíamos estar más equivocados. Su principal rémora es, contra todo pronóstico, un plano convencionalismo previsible y falto de alicientes, así como la ausencia de gran parte de esa efectividad dentro de sus limitaciones como producto que me permite recordar positivamente propuestas tan ligeras como la mencionada Cars y su continuación.

Una referencia absoluta de esto como Jordi Costa declaró recientemente, en su defensa incondicional de Brave, que nace condenada de antemano a inspirar muchas críticas –se entiende que negativas– escritas con el piloto automático. Advierto que la que nos ocupa, si se puede considerar tal, es una de ellas, porque he afrontado su visionado con el mismo encendido irremediablemente casi desde el comienzo de una narración que incita a ello y cuyo parco nivel sorprende viniendo de la factoría que viene.

El argumento ahonda sus raíces en la tradición escocesa, en cuyas tierras transcurre la historia de Mérida, una joven princesa independiente y guerrera que pretende huir del aburrido destino que sus padres y la sociedad parecen tener escrito para ella con tinta indeleble. La aventura posterior en busca de su libertad resulta completamente previsible y desabrida, términos que no deben entenderse únicamente como algo relativo y propiciado por las expectativas derivadas de los trabajos anteriormente citados. No. Sin suponer un desastre absoluto, incluso resultando simpática por momentos, Brave no cumple con el nivel de diversión exigible a tamaño despliegue de medios y sobre todo talento.

El toque maestro de Pixar se deja notar, pero únicamente en la apabullante calidad de la animación, que alcanza su cenit en unos fondos y paisajes resaltados convenientemente por un uso del 3D que –sin antojarse imprescindible para su visionado– en esta ocasión sí funciona y desprende atractivo visual. O en el diseño y gestualidad tan logradamente humanos de los osos, cruciales a partir cierto giro del guión que no desvelaré. La omnipresente y reseñable banda sonora de aires celtas compuesta por Patrick Doyle es otro de los puntos fuertes. Además, incluye un par de temas originales compuestos por el director e interpretados por Julie Fowlis en la versión en inglés y una Russian Red que se estrena en español en la doblada, que nos remontan también a un Disney clásico con el que se coquetea sin llegar a captar una mínima parte de su encanto.

Acertadamente alejada de los estereotipos que rodean a los cuentos de princesas, en buena medida gracias a una visión algo más oscura de lo habitual aportada por los elementos referentes a las tradiciones y leyendas celtas, Brave acaba cayendo en una medianía muy similar al tratar una historia de desencuentro y reconciliación familiar que conocemos casi de memoria. No es ese el problema, sino que en esta ocasión creo que se requería otro tono para hacer fluir un relato demasiado visto. Hay humor constantemente, sí, pero los secundarios pretendidamente burlones no aportan la enjundia cómica necesaria. Y la deriva del guión acaba esquematizando en demasía un producto que bebe del Walt Disney más tradicional y seguramente entretendrá a todos los pequeños y parte de los mayores, pero que deja un sabor de boca a todas luces insuficiente. Quizá estemos algo mal acostumbrados, pero no sería de recibo que otra de las entregas que Pixar nos brinda anualmente volviera a parecerse a esta Brave.

La Luna

También tengo que dedicar unas brevísimas líneas, sin desvelar nada, al cortometraje La Luna, que como es habitual se exhibe antes de la película. Sin parecerme ni de lejos de los mejores de la factoría, es una historia iniciática que supone una nueva demostración de cómo transmitir más con menos, provista de buena parte de esa magia que se echa en falta en el largometraje posterior y que no muchos son capaces de desprender. La versión en 3D que contemplé supone seguramente un gran añadido.

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