Versus: E.T., el extraterrestre

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Con el 30 aniversario de la mítica película de Steven Spielberg, es buen momento para enfrentarla a sus posteriores versiones y remakes bastardos y no autorizados en un versus a vida o muerte cerebral. ‘Ete’ es su especial (espacial).

 Nota recibida desde Raticulín:

Aunque muchos medios se han lanzado al espacio sideral desde el 11 de junio para celebrar el 30 aniversario del estreno de E.T. El extraterrestre, técnicamente se debería celebrar en nuestro país, Spain-de-toda-la-vida-y-todos-los-Santos, el 6 de diciembre junto a Santa Gertrudis y San Nicolás.

En el primer encuentro físico que mantienen Harry Potter y su némesis Voldemort durante Harry Potter y el Cáliz de Fuego, ‘Aquel-que-no-debe-ser-nombrado’ detalló la simpleza de su derrota: el amor. Al igual que Lily Potter dio la vida por su hijo, otros millones dieron parte de la suya en las kilométricas colas durante el estreno en cines de E.T. El extraterrestre allá por 1982. Fue la magia más antigua y más poderosa: el amor hacia un objeto no identificado que se aferró en la adolescencia e infancia de tantos jóvenes y generaciones, incrustándose como el mayor protector. Da lo mismo que lances un letal Avada Kedavra que un chorro de ácido sacado de Alien, el octavo pasajero (1979) porque la resistencia durante estos 30 años ha sido inquebrantable. Aparte de seguir siendo una de las películas más taquilleras de la historia (si aplicamos la inflación se pondría incluso por delante de la Titanic de James Cameron), sigue encendiendo dedos en la oscuridad entre sofocadas lágrimas.

La cinta de Steven Spielberg fue ovacionada en el Festival de Cannes antes de su estreno comercial, salvaguardada con 9 nominaciones a los Oscar de los que logró materializar 4 gracias a sus efectos, la imperecedera banda sonora de John Williams sigue haciendo estragos y fue encumbrada por el American Film Institute como uno de los mejores filmes norteamericanos de todos los tiempos. La polémica que envuelve a la cinta se ceba más en parte de los caminos que siguió su joven reparto que en las acusaciones de plagios de un guión que no se materializó de Satyajit Ray, titulado The Alien y escrito en 1967, y del diseño de la criatura, muy similar a la del fallecido en 1986 historietista barcelonés Joaquín Blázquez Garcés. Un documental inacabado y todavía en producción y dirigido por Víctor Saràbia Miró titulado Melvin contra E.T. narra toda la historia. Por no hablar de los parecidos más que razonables con Supersonic Saucer (1956) de S. G. Ferguson, donde unos niños tienen que proteger a un bondadoso alienígena de los adultos y de una banda de criminales que quiere secuestrarle…

Como suele ocurrir con numerosos clásicos populares, la concepción del proyecto estaba orientada hacia algo completamente distinto. E.T. iba a ser un letal alienígena asesino que junto con su grupo delictivo iba a señalar con sus mortíferos dedos a una familia americana. Se iba a titular Night Skies e iba a contar con un guión de John Sayles… pero, aunque la idea quedó apartada y readaptada para la futura Poltergeist, fue durante el rodaje de En busca del arca perdida donde Spielberg decidió seguir con la estela buenrollista-e-interplanetaria establecida en Encuentros en la tercera fase (1977). Tenía una guionista a mano durante el rodaje y no era otra que la propia mujer de Harrison Ford por aquel entonces. Melissa Mathison, que a su vez había adaptado recientemente, junto a Jeanne Rosenberg y William D. Wittliff, la novela de Walter Farley titulada El corcel negro escribió uno de los libretos que daría pie a infinidad de copias bodrios durante los 80. ¿Verdad, Mi amigo Mac (1988)? Después del brutal éxito se pensó en una secuela con unos alienígenas hostiles que secuestran a los jóvenes protagonistas, ya que son enemigos naturales de E.T. y su raza y saben que pasó por el planeta Tierra a juzgar por los palpables ríos de lágrimas en la zona. E.T. vuelve para salvarles y no sabemos si fue lanzando bicicletas o metiendo su alargado dedo con bombilla por el recto de tan agresiva y vengativa raza. Nunca lo averiguaremos, ya que nunca (obviamente) se rodó ni se filtró el guión (si es que llegó a plasmarse).

E.T. El extraterrestre podría formularse, aparte de en la típica-historia-de-un-animal-de-compañía-y-niño/a y la interesante percepción del merchandising con el propio alienígena más-feo-que-el-hermano-feo-de-los-Calatrava atrapado entre peluches, en el siguiente diálogo:

—¿Está muerto, mamá?

—Creo que sí, tesoro.

—¿Podemos desear que vuelva?

—Sí…

—Lo deseo.

—Yo también lo deseo.

Multitud de secuencias lacrimógenas y especiales, muertes, disecciones, ranas, resurrecciones, bicivoladores un año antes de Los bicivoladores y despedidas que potenciaban el uso de pañuelos de papel. Desde La bella durmiente hasta Peter Pan las referencias clásicas son obvias como a El hombre tranquilo (1952) y el conjunto ofrece casos flagrantes de dopaje en plantas, conflictos spielbergianos habituales de la familia quebrada (en este caso con el padre ausente) y una percepción desde el punto de vista de los niños dejando fuera de cuadro a los adultos. La aparente sencillez de E.T. El extraterrestre no sólo funcionó y se sumaba a alegatos hippies-pacifistas-extra-terráqueos como Ultimátum a la Tierra (1951) de Robert Wise o la serie Mi marciano favorito (1963) sino que lanzaba guiños directos cómicos a Star Wars (1977), que sería devuelto por George Lucas posteriormente.

Con el 20ª Aniversario se reestrenó la película con nuevos efectos y polémicas, ya que Spielberg eliminó las armas de fuego de los agentes del gobierno por walkie-talkies dando una sensación sensiblera y blanda que posteriormente el director reconocería. Si en Mal gusto (Bad Taste) (1987) de Peter Jackson los alienígenas llegaban a nuestro planeta en busca de carne terráquea para hamburguesas, en el film de Spielberg no sabemos si vienen a buscar plantas para abrir un Verdecora en Júpiter o se dedican al tráfico interespacial de almíbar, lágrimas y azúcar. Eso sí, «Teléfono, mi casa» se quedó como la frase de muchas familias que pensaron en adoptar tortugas por falta de alienígenas. No sé qué pensará el pobre e inocente alienígena plagiador de La cosa (El enigma de otro mundo) (1982) de todo esto…

Pero, ¿qué pasó con los hijos bastardos de la mítica película?

Turquíacontestó rápidamente con Badi (1983), clásico incontestable y obra capital del turksplotation, con planos turk-holandeses, asesinatos perrunos y ranas asustadas por turcos. En Badi hay más niebla que en todas las películas de Jack el Destripador juntas… Fue una película muy innovadora en su momento, ya que se adelantó al estilo de El proyecto de la Bruja de Blair (1999) y ofreció una versión inédita de E.T. llamado Badi. Seguramente robaran el traje de un extra de Dünyayi kurtaran adam (Turkish Star Wars) (1982) y pusieran el látex dos días al abrasador sol turco para conseguir los efectos ¿deseados? Badi, que parece familiar del monstruo de Basket Case ¿Dónde te escondes, hermano? (1982), se tira cuescos (¿será lo que provoca la niebla en la aldea?) y habla como la niña de El exorcista. El argumento es prácticamente el mismo, pero sin tanto adorno. La bicicleta es tuneada por un carro de la fruta y en Badi… llora hasta el canario. Esta imperecedera e imprescindible película nos habla del lenguaje universal de los alienígenas: el turco.

España contraatacó rápidamente con El E.T.E. y el Oto (1983)de Manuel Esteba con los Hermanos Calatrava. Los títulos de crédito que dejan claro de qué va el asunto:

Película con tres Oscars: Óscar Fernández, Óscar Barcial, Óscar Pedrín…

Figuración: ¡Figúrenselo!

(Cualquier parecido con la realidad o con la fantasía es pura y mera coincidencia) ¡No queremos pleitos!

Los otros efectos muy especiales, los bancarios procuraremos pagarlos a su vencimiento en el notario.

Está claro que E.T. fue el alienígena menos agraciado de la galaxia y que era más feo que un catálogo de penes siderales. Incluso tan grotesco como el hermano feo de los Calatrava… de ahí se entiende la parodia perpetrada por el mismo. Definido como un E.T. probeta y repleta de humor absurdo y sketches incustrados en adamianto sideral, El E.T.E. y el Oto (1983) lo deja claro: han perdido al hijo (alienígena) tonto. Adelantándose así a Forrest Gump, esta joya bruta nos muestra a un E.T. sin poderes y consciente de la película que la origina y que intentan repetir sin éxito. E.T. cambia la casa por la choza y también se gasea como Badi. ¿Cuál es el más feo de los extraterrestres? Que huyan en un camión de la basura deja claras sus intenciones. Casi un cuarto de millón de espectadores picaron el anzuelo.

El cine turco se atrevió con una nueva revisión. Homoti (1987) se permite una secuencia antológica en la que el alienígena visiona Tiburón. Una maleta disco, cercana a un culebrón de sobremesa senegalés y cierto alcoholismo con más parecidos a Antonia y Omaíta, son grandes ingredientes de un coctel explota-cerebros. Homoti da la impresión de ser una secuela de la propia Badi con un alienígena más hablador (seguramente ya sea universitario) y unos compañeros de viaje más creciditos y con problemas matrimoniales. Recordemos que la tragedia está en la historia y que el momento en el que E.T. se pinta con pintalabios la cara para llamar la atención de su libidinoso ‘dueño’ es bastante previo a Corazón salvaje… Es raro que Carmen de Mairena no haya demandado todavía a esta película por plagio.

En 1992, la gloriosa e inimitable (e inabarcable) Búscate la vida ofreció uno de sus episodios más míticos: Vomitón y yo. Lo mejor es ver alguno de sus mejores momentos para darse cuenta de una historia que, diez años después, producía carcajadas en su reverso ‘bilis-co’.

Antes de que se cumpliera el 20º Aniversario llegó la versión porno, E.T. The Vagina (1996), donde E.T. tiene sexo femenino (¡y vagina!) y llega a nuestro planeta para aprender nuestras costumbres… aunque únicamente aprenda el ‘sabroso’ lado del sexo y a llorar con otro tipo de fluidos. Desconocemos si utilizó su dedo para hacerse un…

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