Juego de Tronos: 2ª Temporada

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Con la finalización de la segunda temporada de Juego de Tronos es buen momento para recuperar las sensaciones que ha producido la serie condenada a liderar y dominar a los seriéfilos.

La desmitificación de la épica por Sarajeski

No puedo negar que mis ojos de lector de la saga de ‘Canción de hielo y fuego’ (Martin, acaba ya la saga o te rajo, que llevo 10 años puteado) pesan mucho a la hora de valorar la temporada. Aunque como adaptación es sublime, es cierto que se ha perdido toda la sutileza de los personajes y de algunas tramas. No obstante sería un error echarle en cara esos detalles, porque como serie, quedando claro que no puede alcanzar la profundidad del original, llega a cotas nunca vistas en la pequeña pantalla. Hablo, por ejemplo, de ese penúltimo capítulo titulado Blackwater que quedará por mucho tiempo como modelo a seguir y superar, como ya pasó con ese episodio piloto de Lost años atrás.

Martin, un escritor que proviene del mundo del guión, nos presenta unos personajes llenos de matices, llena de miradas diferentes, lo que en última instancia, es lo que eleva el relato por encima de otras producciones, unido a una ironía o desmitifación de la épica que le sienta de maravilla a la historia que nos cuenta.

La segunda temporada no ha sido mejor que la primera (en general, ya pasaba en el libro, mucho más disperso que ese prólogo que era el primero y esa jodida obra maestra que es el tercero), pero probablemente tenga algunos de los momentos que todos recordaremos en unos años. La HBO ha dejado el listón alto con personajes como Theon Greyjoy, Cersei Lannister o la indiscutible estrella de los 7 reinos: Tyrion.

 Y recordar, el Dorne no perdona.

Declaración de guerra por Maldito Bastardo

La ficción televisiva ha pasado por una edad de oro para llegar a un trono de espadas forjado en mismísimo fuego valyrio. El quebrantamiento de tabús y la consolidación de una serie forjada con numerosos personajes hacen que las líneas que trazan las conexiones de Poniente formen las de nuestras pantallas. Las reglas se han roto con Juego de Tronos y esta segunda temporada confirma que la HBO ha encontrado la serie capaz de aunar en fenómeno ‘fan’ con la calidad exigida por el mayor de los seriéfilos. Hay que dejar apartadas las absurdas e incoherentes polémicas y comparaciones sobre cambios respecto al material literario de George R. R. Martin. Un libro no es un material audiovisual… es un libro; recordemos que muchas adaptaciones fieles carecen de un ritmo idóneo, resultaron fallidas o fueron pasto de las llamas. La serie (como tal) de la HBO ha alcanzado una perfección estilística y narrativa que finaliza en una explosión extrasensorial en sus dos últimos capítulos: Blackwater y Valar Morghulis no tienen que envidiar a ninguna producción hollywoodiense, tanto en calidad de guión como en madurez

Al igual que The Wire o Los Soprano la HBO siempre ha sabido renovarse y no morir. La leyenda está marcada en la brutalidad en sus argumentos, en la perfección de sus tramas y en la inteligencia que rezuman sus diálogos. Y si faltaba algo ahí está Tyron Lannister para acallar cualquier lengua viperina. ‘Choque de reyes’, sumado a su participación e implicación del autor y el talento de David Benioff y D. B. Weiss, han originado un legado y la importancia del recuerdo. La memoria queda ubicada sobre aquellos que cambian las reglas para reinventarlas. La serie estrella del firmamento ha sobrepasado la adaptación para construir una satisfactoria revisión dramática y visual jamás vista con el beneplácito y bendición del propio George R. R. Martin. Lo importante y más sublime de Game of Thrones de la HBO son sus jugosos añadidos de sexo, poder y violencia que se saltan las reglas a conveniencia y discreción. Pocas veces se han visto en pantalla tantos tabús expuestos con una eficiencia dramática inusual. Nada es gratuito y todo es satisfactorio, todo encaja. Cada cañonazo en forma de capítulo de esta segunda temporada ha detonado las murallas más solidas de los más reacios a darse cuenta de la verdad: La Guerra, desde luego, está declarada… Declarada cada año en su televisor. Y esperemos que no encontremos la paz en mucho tiempo.

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