Críticas: Project X

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Llega a las carteleras la película que romperá moldes entre los adolescentes.

Es fácil destrozar una película del calibre que nos ocupa. Fácil y divertido. Pero se podrían pasar por alto algunas cuestiones interesantes o incluso algunos aciertos por parte de su director. No hay mucho que rascar en cuanto a la historia. Tres pringados (loosers, la palabra que el cine americano nos ha enseñado que más temen los adolescentes de hoy en día), cada uno en su arquetipo, montan una fiesta en la casa de uno de ellos. La cosa comenzará fuerte para ir subiendo hasta llegar al desmadre padre total, dejando en un mal chiste los disturbios de Londres de hace poco o la llamada primavera árabe.

Con lo poco que hay por hacer, el director cumple. Es decir, teniendo en cuenta que es todo el rato con steadycam, uno no sale mareado de la proyección. Es cierto que en algunos momentos se pasa olímpicamente de la historia y el director se centra en tetas y culos en medio de un videoclip donde destaca la música tecno y hip-hop. Pero la película va dirigida a quien va dirigida y es un peaje que hay que pagar. El guión es una tontería, visiblemente influida por esa buena comedia que era Resacón en Las Vegas, pero aquí apenas hay chistes que funcionen; el tema del fuego y el enano, poco más. Y sin embargo, veo claro que el guión sin ser sólido, está ahí, dispuestos a contarnos la historia de la mejor fiesta de todos los tiempos y como va descontrolándose paso a paso. No juega a otra cosa ni lo intenta camuflar.

Podría acabar aquí, recomendárselo con sorna a buena parte de los adolescentes y machacar hasta el infinito a los creadores de la obra. Pero la cinta tiene sus cosillas interesantes y muchas lecturas que sacar. La película, con el modelo claramente de Resacón en Las Vegas, intenta marcar un antes y un después en la comedia para adolescentes. Y lo consigue. Veo claro que va a marcar tendencia, como en su momento lo hizo American Pie. La historia huye de romanticismos, de subtramas de amigos, de todo el envoltorio que adornaba a este tipo de cintas. (Aparentemente) quiere ser bestia sin importarle lo más mínimo cualquier reflexión. Una fiesta se desmadra. Sexo, alcohol y otras drogas. Punto.

Es curioso, porque intentando desligarse del subgénero adolescente de comedia al final termina por ser mucho más conservadora del modelo del que huye. Sí, es cierto que (otra vez, aparentemente) no se juzga a los personajes por sus actos y se glorifican actos que normalmente en este tipo de cine se intentan censurar moralmente. Es decir, no quiere darnos un discursito de ningún tipo. Aunque, como se suele decir, no tener una intención o una mirada preparada no te excluye paradójicamente de no crearla realmente. La mirada de la cinta no está libre de prejuicios e ideas, entre las que destaca ese final donde se alaba la fiesta como método para ascender socialmente en un instituto (dejando a la altura del betún conceptos como la amistad o aceptarse a sí mismo, las piedras angulares de las comedias para adolescentes hasta hace poco, aunque tratadas normalmente de manera torpe y tópica). Lo que en otra cinta sería un primer o segundo acto hasta la catarsis del protagonista que se da cuenta del error, no lo encontramos aquí. No hay catarsis ni arrepentimiento. ¿Os suena la estupenda Young Adult? Se llegaba a la misma resolución pero de manera consciente, con kilos de mala hostia y cinismo. No hay nada de eso aquí. Es decir, nunca se es consciente del camino recorrido. se llega al mismo punto final que en Young Adult, cierto, pero no es una crítica ni autocrítica, no hay cinismo ni ambigüedad, ni mucho menos encontramos ironía o autoconsciencia en lo que se está grabando. Se llega a ese final y es profundamente, no conservador, sino poco ético.

Uno de los problemas a los que me enfrento ante un proyecto como Project X es la fingida creencia de que es la comedia salvaje definitiva y de que su autor no juega al despiste desde los créditos iniciales. Desde el primer minuto, su director ya está pidiendo perdón por el material que utiliza. O de que no termina por ser una de las películas más relativistas de los últimos tiempos. O de cómo, otra vez y van un millón de veces, la chica es un florero al que se le puede poner los cuernos con la tía buena porque luego nos va a perdonar (el contrario también existe, ¿verdad Bella?).

Pero todo esto no son más que ideas y reflexiones que saco de una película que en ningún momento ha querido sacar una idea o una reflexión de ella misma. Tetas, culos, alcohol y drogas. Jiji y juju. Lo tomas o lo dejas.

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