Críticas: El enigma del cuervo

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Edgar Allan Poe debe atrapar a un asesino en serie que se inspira en sus macabras obras en este thriller gótico con impecable diseño de producción.

Hasta el más simple de los vendavales puede hacer que el más bello y recién parido de los poemas quede transformado en mera tinta difusa. El garabato ilegible que ha confeccionado James McTeigue parte de una premisa interesante sobre una atmósfera muy conseguida. Lamentablemente, el espectador se queda con una lectura borrosa de la película ya que parece que por el guión pasó un tornado: las incoherencias y desequilibrios son los mayores asesinatos que se cometen en la película.

¡Atención! ¡Aviso de pre-spoiler! Si usted se informa o conoce algo sobre la misteriosa muerte de Edgar Allan Poe sabrá quién es el asesino. Lo dice antes de soltar el mítico «¡Que Dios ayude a mi pobre alma!»… por lo que es recomendable que vea esta obra desde el más absoluto desconocimiento o no presente atención a los nombres del resto de personajes. ¿Es que importan? Y es que en El enigma del cuervo hay un asesino en serie y un par de detectives (recordemos que a Poe se le considera el inventor del relato detectivesco) sobre un fondo conseguido y muy meritorio. James McTeigue, por un lado, indica que se ha fijado en La noche del cazador, Sleepy Hollow, Nosferatu o El fantasma de la ópera… pero la sensación es que parece un popurrí que oscila como un afilado péndulo por los resortes de Saw, Seven e incluso la propia filmografía del director. La máscara y el anonimato de ese villano con capa recuerda más a V de Vendetta que a la novela de Gaston Leroux y sus saltos y cortes asesinos tienen más parecidos razonables con Ninja Assassin que con un villano surgido de la Hammer.

Las conexiones de ‘Los crímenes de la calle Morgue’, ‘El cuervo’ o ‘El barril de amontillado’, ‘La máscara de la muerte roja’ o ‘El péndulo de la muerte’ son obvias e introducidas desde el propio argumento, pero la sensación constante es de oportunidad perdida. John Cusack, no sé si metido en su papel o cediendo al histrionismo, da la impresión de estar interpretando al Nicolas Cage ‘vampiro’ que a Poe. Tal vez el problema pueda ser de las ideas preconcebidas de muchos espectadores: cuando se menciona el argumento de El enigma del cuervo se piensa inmediatamente en Tim Burton o, de refilón, en el posiblemente mejor episodio de la segunda temporada de la irregular y floja Masters of Horror dirigido por Stuart Gordon, El gato negro.

Otro de los inconvenientes de la propuesta es que la reactivación pasa por la Sherlock Holmes de Guy Ritchie en vez de instaurar un homenaje al clasicismo que podría proporcionar el material. Y si en V de Vendetta sí le salió bien el ajuste al material de Alan Moore aquí queda el conjunto reiteradamente efectista, detonando constantemente su propio argumento sin importarle perder credibilidad si sorprende a alguna mente al otro lado de la pantalla. Que acaben en las alcantarillas es lo más coherente. Posiblemente esté equivocado y El enigma del cuervo tenga otra finalidad que no alcanzo a descubrir, como que al desenterrar este pasado bajo el mandato de los resortes artificiosos y petulantes de gran parte del terror actual Poe resucite de entre los muertos y asedie con su ira y terror a todos los responsables.

[Aviso de Spoilers]

Los peligros de los fanboys

En la recta final no sólo se descubre al asesino (que cualquier espectador con un par de dedos de frente intuía desde la mitad de la película) sino que se demuestra que el mundo de los fanboys es oscuro, tenebroso y, sobre todo, peligroso. El fanboy que asedia a Poe decide cometer crímenes artísticos inspirándose en sus obras para que al autor al que idolatra narre sus peripecias, bajo coacción, en el periódico en el que colabora. No sabemos ni sus ingresos ni a qué dedica su tiempo libre… pero hay que recordar a James McTeigue que los fanboys si no están trabajando NO dedican su tiempo libre a aprender técnicas ninjas a menos que sean fanboys de Águila Roja. Tampoco nos explican que un miserable cajista del periódico haya construido ‘un salón del cómic’ debajo de su puesto de trabajo, que haya ideado un plan que deja al Profesor James Moriarty como un principiante o que tenga ingresos extras para irse a París a ser fanboy de Julio Verne al haber sacado hasta la última gota de tinta a Poe… La duda no es tirarse al suelo a sacarse las entrañas durante un ataque de risa sino en cómo mostrar París sin la Torre Eiffel. Recordemos que en 1849 murió Poe y la Torre Eiffel no ‘estaba’ en París hasta la Exposición Universal de 1889 en París (y ser recientemente destruida por partida doble tanto en Team America: La policía del mundo como en G.I. Joe). Juraría que nos mostraban la Iglesia de San Germain L’Auxerrois, pero muchos pensaron que estaban en el Capitolio. La verdad es que poco importa cuando la película parece leerse a sí misma y acaba pegándo(nos) un tiro directo a nuestras cabezas.

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