Críticas: Don Gato y su pandilla

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Los personajes de Hanna-Barbera cumplen su 50 aniversario, y qué mejor manera de celebrarlo que con el estreno en nuestras salas de la exitosa cinta que protagoniza Don Gato.

La nostalgia siempre ha sido ese oscuro objeto del deseo que se aferra más al corazón que a la mente. Que personajes de Hanna-Barbera pasen por la gran pantalla en su formato original se convierte en una gran noticia después de decepciones con los filmes de Scooby-Doo, Los Picapiedra o el Oso Yogui. Otra cuestión es si esa nostalgia se encuentra ‘adaptada’ a los tiempos que (re)corren la animación de nuestros días. Mientras que en la pequeña pantalla hacen estragos Bob Esponja, ‘Pokémones’, Digimons, Gormitis y un largo etcétera la tónica general parecen excluir a los adultos incluso en sus propios argumentos. Algo que se contrapone en la gran pantalla con las producciones de Pixar, Dreamworks y recientemente Universal, que buscan realizar entretenimientos familiares para todos los públicos. Por el contrario Don Gato y su pandilla ha decidido consumar una película para los más pequeños, sin guiños ni frases con dobles sentidos para los adultos pero aunando la nostalgia como vía de atracción.

Puede resultar bonito aquello de que los más pequeños y mayores compartamos conexiones que afectan a la melancolía y la futura perpetuidad. Para adaptarse y renovarse han sido fieles al 2D integrándolo en un mundo en 3D y tal vez se haya querido también utilizar conceptos más afines a Phineas y Ferb que a la serie original. La gran trama parece sacada de la producción televisiva de Disney (que también dio aceptablemente su paso a la gran pantalla el año pasado con Phineas y Ferb: A través de la segunda dimensión) utilizando un argumento orwelliano a lo ‘Gran Hermano’ con una ciudad sometida a un nuevo orden policial que ejerce un golpe de estado. No sé si el motivo de alargar una premisa que tampoco daba para tanto convierte a Don Gato y su pandilla en un compendio de indicios y subtramas con la amistad como punto de atracción.

Es cierto que los guionistas Tim McKeon y Kevin Seccia quieren imponer sus experiencias en Cartoon Network o dotando de cierto humor al libreto. Pero tal y como reconoce el propio José Corbacho, voz elegida en nuestro país para el largometraje de Don Gato, el respeto hacia el personaje ha provocado que cada coma y punto queden en su sitio. Junto al polifacético director se ha fichado a ‘Rodolfo Chikilicuatre’ (personaje muerto pero revivido para el marketing ocasional), como si su mera presencia garantizara la sonrisa de los más mayores. Ninguno de los chistes dudo que quede en la memoria de los más grandes. Esa vía de buscar la nostalgia como reclamo y punto de encuentro con las nuevas generaciones queda como el poder del propio sometimiento al target preestablecido.

No quedan claros, entre las lágrimas que fluyen junto a los interminables bostezos, ciertos aspectos de su híper-dilatado argumento. Es un mundo de humanos, perros y gatos. Como los perros y los gatos tienen el don de la palabra y también pueden delinquir se ha establecido un código penal y carcelario para los mismos. Cada especie (y sexo) en una cárcel… En estos tiempos de crisis y recortes es un gasto triplicado inconsecuente y absurdo ya que los perros y los gatos no pueden acceder a cargos de la administración pública. Digamos que sus condiciones pasan por ser empleados en empresas privadas (y si tienen estudios, claro), como la bella Trixie, o vivir en la mendicidad como el resto de protagonistas. Preferimos pensar que ese sistema democrático no ha impuesto la esclavitud en esos animales de compañía que entendemos tendrán derecho a voto… si nos encontramos en el sistema democrático norteamericano. Aunque a lo mejor viven en un apartheid… y no se entiende que no se hayan rebelado sobre tal discriminativo sistema político y social.

Otro punto de desencuentro es la sexualidad de ese ejército policial robótico que ha comprado (seguramente en China por la predisposición de su libro de instrucciones) el villano del filme, Buenrostro… que toma Nueva York sin que intervenga el poderoso ejército de los EEUU o al menos se personen allí agentes federales. Buenrostro no para de repetirnos la perfección de su ejército de robots y su incapacidad de cometer errores humanos. ¿Perdona? Ni en las siete partes de Loca academia de policía ni en todos los capítulos de su serie se ha mostrado tan semejante cúmulo de ineficiencia e imperfección. Otro punto es la sexualidad de los androides, ya que en principio tendrían que haber sido programados sobre la asexualidad pero observamos su fijación libidinosa con máquinas de refrescos, e incluso su atracción eréctil es notable cuando una hembra robot aparece en escena. Esperamos que en su edición en DVD hagan una actualización de firmware. La película prácticamente se cierra con un chiste sobre zoofilia… que lo hagan en Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio tiene sentido, pero en algo tan infantil como Don Gato y su pandilla

One Response to Críticas: Don Gato y su pandilla

  1. Daniela dice:

    Me gusta esta película porque es muy entretenida, me fascina ver a Don Gato, Demostenes, Cucho y a Benito, la busqué en internet y la encontre en HBO GO, donde la vi hace unos días junto con mis sobrinos, ellos quedaron fascinados y pasamos una linda tarde.

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