Documenta Madrid 12: Día VI

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Nos acercamos al final del festival con nuevas y sugerentes propuestas que pasamos a detallaros ya mismo.

Empezamos la jornada con El jardín imaginario de Guillermo G. Peydró, concursante en la sección de largometraje nacional. Documental que según la sinopsis del mismo trata sobre la obra de Máximo Rojo, un hombre de un pequeño pueblo de Guadalajara que tras su jubilación emprendió su carrera como escultor, esbozando una serie de figuras que dejó expuestas en su jardín tras su muerte. Partiendo de esta excusa narrativa, la pieza deriva por caminos muy diferentes y que poco o nada tienen que ver con esto. El sendero que toma es hablar del mismo Peydró ante la realización de este documental, el cine, el arte y la vida en general. En un acto de egolatría realmente llamativo, no le basta con realizar y firmar él todas las funciones técnicas y narrativas (desconocemos si es porque nadie más ha querido trabajar con él), incluso siendo su propia voz la narradora de la obra; sino que también acaba porque él mismo sea el protagonista del film. Lo más sorprendente sin duda es que no se mencione a sí mismo en los agradecimientos. Es muy admirable el amor que se profesa a sí mismo desde el minuto uno, en el que autodenomina su obra como film-ensayo (más tarde nos dirá que hace estas películas porque el mundo entero cabe en imágenes). Sentando así las bases de un ejercicio cuyas pretensiones artísticas superan de pleno al espectador; en uno de sus grandes momentos, dice que el cine es el medio de expresión más importante del siglo XXI y que si Descartes hubiera vivido en esta etapa hubiera sido cineasta; que las imágenes cinematográficas y el montaje son equivalentes a las palabras y la pluma  del novelista del siglo XVII; y que por eso él, Peydró, se dedica a esto. ¿Somos unos malpensados por creer que se está comparando a Descartes? Por no hablar del momento en el que vemos una captura de pantalla de su ordenador montando en Final Cut, recordándonos sugerentemente que también controla en ese ámbito, y no solo es el gran teórico de nuestro tiempo. En fin, un documental bastante olvidable.

Y para la última sesión del día se proyectaba The Vanishing Spring Light de Xun Yu; documental chino participante entre los largometrajes internacionales. En él asistimos a los últimos días de vida de Jiang, una anciana que ha sufrido una apoplejía tras una caída accidental. Vemos su proceso de deterioro físico debido a la enfermedad, y también interior a causa de las disputas familiares que se viven en su casa. La película tiene momentos realmente brillantes y de un dramatismo demoledor, destaca en este sentido un instante que solo se puede captar en un documental por su veracidad y su crudeza: con ya medio cuerpo paralizado, la nuera de Jiang le está dando de comer estando tumbada en la cama inmóvil, la cámara se aproxima y podemos ver los ojos de la anciana inundados en lágrimas. La pena es que instantes como estos quedan soterrados y ensombrecidos por una narración demasiado lenta y redundante, tanto rítmicamente en la imagen como en la estructura y sucesión de los hechos. Necesitan la primera hora para contarnos tres cosas: la caída de Jiang, ella contando parte de su pasado y el mal ambiente familiar. Buscan entroncar el sentimiento de su protagonista con el ritmo del documental, pero no acaba de funcionar y lo único que consiguen es no explotar los detalles más interesantes que consiguieron capturar. Un film interesante en términos globales, pero cuyo montaje final es más que discutible.

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