Documenta Madrid 12: Día IV

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Jornada dominada por la producción nacional y, además, una de las mejores en lo que llevamos de festival.

Producida por la filial española de la compañía de Lars Von Trier, Edificio España de Víctor Moreno (autor de Holidays, vista recientemente en el Festival Márgenes) nos introduce en la remodelación a fondo de uno de los rascacielos más imponentes y emblemáticos de Madrid, situado en plena Plaza de España pero cuyo máximo esplendor tuvo lugar décadas atrás. Con la burbuja inmobiliaria como telón de fondo latente, la cámara recorre el interior del gigante durante su destrucción, deteniéndose asimismo a observar las historias humanas de los trabajadores y habitantes del edificio. La dimensión del documental se transforma al darnos a conocer que el proyecto que nos relata acabó finalmente paralizado y desde 2010 la torre está de nuevo en venta, quedando únicamente en pie su estructura exterior. El resultado final, aunque con algunas reservas, convence.

Tras ello llegaba otra concursante en la sección de largometraje nacional: Mejunje de Juan Manuel Gamazo Pérez, un documental cubano producido por la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. El film usa como leitmotiv El Mejunje, un variopinto local en el que se representan todo tipo de espéctaculos (sobre todo musicales), para hacer una pequeña radiografía social en la ciudad de Santa Clara. Formado por pequeñas historias que se entremezclan y se alimentan unas a otras, cabe destacar por encima del resto el relato de la frustración de un cantante que pretende dar el concierto de su vida y se acaba dando de bruces con la realidad; lo más grande de ello es que está contado en poquísimos planos a lo largo de toda la película, sin embargo gracias a un gran trabajo de montaje hay una fuerte unidad entre cada una de sus partes y es muy fácil ir hilvanando los hechos. En lo negativo hay que remarcar una secuencia que parece de otra película: una conversación entre dos hermanos en la que uno dice que se va a ir a Venezuela. Dramáticamente no tiene nada que ver porque no se da nunca esta clase de momentos en todo el metraje, retratan el aspecto más cotidiano y banal del día, sus tiempos muertos; y la manera en la que está rodado pasando de una plano general a un primer plano remarcando la carga dramática también está muy lejos de la dialéctica que habían establecido con el espectador, de encuadres fijos y bastante abiertos dejando que el ojo fije su punto de atención en donde crea más preciso. Una agradable obra que tiene que conllevar el lastre de una mala mezcla sonora. Deseamos desde aquí que tengan éxito en festivales y puedan acceder a mejorar ese sonido, y realizar un proyecto realmente redondo.

Rescatábamos hoy también del archivo del festival A nossa forma de vida de Pedro Felipe Marques, concursando en la sección de creación y cuya proyección en pantalla grande fue el sábado 6. Un film que se basa en la descripción de dos personajes y las lecturas que podemos extraer de ellos. Recluídos en su apartamento en un octavo piso, vemos el día a día de la pareja en sus actos más cotidianos. Narrado casi al completo en planos secuencia con la cámara inmóvil, Filipe Marques hace de cada escena una pequeña historia y de cada imagen una postal. En ningún momento salimos del hogar, de hecho el personaje de Armando está constantemente haciendo pequeñas reformas en la casa como si se tratase de una pequeña fortaleza del mundo exterior. Este pie forzado de limitación del espacio narrativo es superado perfectamente por su realizador, en cada nuevo encuadre vemos algo nuevo. Un elemento muy importante es el juego de los reflejos en las ventanas, que es lo máximo que llegamos a ver del exterior. La sensación de enclaustramiento se mantiene y al mismo tiempo no nos cansamos de estar siempre en los mismos escenarios. También influye de manera decisiva el trabajadísimo sonido, creando siempre una mayor dimensión espacial a través del fuera de campo y en muchas ocasiones sobreponiéndose a la imagen. Si formalmente está muy bien, también su fondo es muy remarcable. La casa se convierte en un teatro por el que pasa el mundo entero ya sea a través de la televisión, de la radio o de los sonidos del entorno, mientras Armando y María nos ofrecen su particulares y muy diferentes puntos de vista. Una gran película que, partiendo desde lo más sencillo, logra lo más complejo.

Terminábamos la jornada con 1+8, donde Angelika Brudniak y Cynthia Madansky componen un interesante mosaico de las zonas limítrofes de Turquía con una estructura dividida en ocho capítulos, uno para cada país fronterizo (Armenia, Azerbaiyán, Bulgaria, Georgia, Grecia, Irak, Irán y Siria). Atractiva propuesta que logra transmitir la idiosincrasia de estos lugares y sus gentes desde un prisma social. Los conflictos abundan en todas estas zonas: entre otros, la situación de la comunidad kurda en algunos de los países citados, la crisis griega, la situación de las mujeres o las relaciones entre territorios vecinos. Casi siempre rodado con cámara fija, las realizadoras priorizan en todo momento a las personas y lo que éstas dicen, sin prisa por cambiar de plano. El montaje enfatiza lo expresado por quienes hablan, a menudo aportando un toque de humor e ironía. Asombra ponerle caras y paisajes a la complejidad social, política, cultural, étnica y económica que se puede llegar a concentrar en un mapa donde vemos una simple línea.

Artículo de Sergio de Benito, Arratetxe & Dean Moriarty

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