D’A 2012: Nuevos talentos latinoamericanos

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A unos días para la conclusión del D’A, la jornada se presentaba interesante con dos propuestas venidas del otro lado del charco. Por un lado, el segundo film en solitario de Martín Boulocq Los viejos, y por el otro el debut de Santiago Mitre (guionista de Carancho) con El estudiante.

Para hablar sobre el trabajo del boliviano Boulocq habría que hacer especial hincapié en el hecho de encontrarnos ante una de esas películas de silencios y espacios que tan complicadas suelen ser de ver por la sensación de que no esté sucediendo nada en pantalla y, de hecho, las múltiples deserciones que hubo durante la proyección son una buena muestra de ello. Sin embargo, y aunque a servidor también le costó coger el hilo de una historia tan minimalista como sus planos, en cuanto uno se da cuenta sobre que pretende hablarnos Boulocq, va entrando en ese juego de encuadres que más bien parecen hablarnos de un estado anímico que de otra cosa. Y no es que no sea así, pues el cineasta traza el retrato de su país en base a una historia sobre la pérdida de un padre, y nos habla a través de ella sobre dos generaciones que pueden marcar el devenir del mismo, introduciendo incluso alguna que otra pincelada política. Lo más gratificante de una cinta como Los viejos es que además de mostrarse como una rara avis de insobornable cine autoral, logra crear una empatía difícil de encontrar en este tipo de propuestas, y que en esta cinta de tan bellísimas como intensas postales se da lugar en una última secuencia donde las emociones terminan estallando gracias a la autenticidad que irradia una mirada que sí, puede resultar excesivamente contemplativa, pero cuando debe desatarse para dar cierre a una historia que no podría encontrar mejor final, lo hace, y de qué manera.

La corta jornada (para el que esto escribe) del miércoles se cerraba con El estudiante, un trabajo de claras raíces políticas en el que Santiago Mitre debutaba en la dirección. Trabajo al que no se le pueden negar ciertas virtudes en la realización, como la de un estilo visual definido y entero, así como el empleo de una banda sonora que, pese a ser redundante y no demasiado original, da el pego con suficiencia; vamos, que sus defectos no se pueden hallar donde suele ser más habitual en un cine tan político como el de Mitre, que es normalmente en lo formal, como ya sucede con otros cineastas tales como Ken Loach. Sí comparte, por otro lado, algunos de los peores vicios del cine político que residen básicamente en su fondo, su contenido, y es que más allá de si El estudiante está aportando algo verdaderamente nuevo (no es así) o redundando sobre sus pasos vez tras otra (que lo hace), uno debería preguntarse si tan necesario es que este tipo de cine se presente sin atavíos, más allá de una intrascendente historia romántica cuyo romance queda finiquitado sin demasiado trazo; por ejemplificar, nos podríamos ir al cine de Costa-Gavras, un cine que sí, puede ser todo lo político que ustedes quieran, pero donde el francés demuestra tener la virtud de saber engarzar en él otros géneros como el thriller o, incluso, la comedia negra, cosa que no sucede en el debut de Mitre, y que termina dejándonos con otro trabajo más de un cine que, si no les apasiona, difícilmente les vaya a cautivar con El estudiante.

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