D’A 2012: Cierre con diversidad

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Las últimas jornadas del D’A para el que esto escribe se saldaron con otro magnífico documental de Herzog, O abismo prateado y el debut Romance JoeEl primero continúa tras su decepcionante La cueva de los sueños olvidados (vista en el D’A 2011) una carrera que, en el formato documental, va camino de ser legendaria, mientras el brasileño Karim Aïnouz justifica la inclusión en las papeletas del D’A de la nota “Ni fu ni fa” y Romance Joe desaprovecha una idea de lo más suculenta.

Pero bueno, entrando en materia se podría decir de O abismo prateado que es otra de tantas películas cuyo mayor defecto no es un defecto propiamente dicho; es decir, en ella encontramos una de tantas cintas que ni sabe cómo llegar a emocionar o transmitir lo que pretende por un lado, pero ni siquiera deja hueco para la indignación o el debate por el otro. En definitiva, uno de esos trabajos que remueven tan pocas sensaciones que tienen el peligro de quedarse en ese limbo perteneciente a la tierra de nadie al que ningún cineasta le gustaría integrar. Es por ello que cuando hablaba sobre un defecto que no es tal, lo hacía conscientemente debido al hecho de que Aïnouz predispone los elementos necesarios para componer un trabajo que tenga su sello personal, pero quizá de lo que carezca es de un objetivo no tan abstracto, y no hablo de abstracción porque la película sea intrincada ni mucho menos, más bien lo hago porque partiendo de una base tan sencilla como mánida, Aïnouz sabe conferirle un tono, pero no una intención, y al final uno no sabe si el cineasta quiere reflejar una historia de descomposición, un viaje sobre el anhelo y la esperanza o el vivo retrato sobre la pérdida. La cuestión es que, sea como fuere, ninguna de esas reflexiones cobra la suficiente fuerza como para que podamos sentir que con O abismo prateado estamos ante algo más que un proyecto de interés.

La tarde seguía con el Into the Abyss de Werner Herzog, que tras su anterior y conformista documental planteaba en su último trabajo una historia donde la vida y la muerte son claves para comprender, una vez más, el ideario de un cineasta que es capaz de realizar un film acerca de la pena de muerte dejando su punto de vista clarísimo, pero sin moralizar ni necesidad de buscar un adoctrinamiento barato basado en juicios que podrán ser más o menos acertados, pero que no dejan de ser juicios. Alejándose meridianamente de lo que cualquier cineasta habría aspirado a hacer ante un tema así, Herzog vuelve a mostrarnos a través de su pristina mirada de la vida y, sobre todo, de como el ser humano puede llegar a resultar el más absurdo, contradictorio e idiota (para qué andarnos con tapujos, si Herzog tampoco lo hace) de cuantos habitan este planeta, una de esas historias que tanto pueden llegar a calar pero que sorprenden vez tras otra y, cuando parecía que el cineasta bávaro ya se había desprendido todo su discurso sobre la vida y la muerte rodeando un hecho tan particular como es la pena de muerte, es capaz de volver por sus fueros retratando varios relatos y puntos de vista que en ningún momento se dirigen a cuál es el descabellado incentivo que nos lleva a convivir con sistemas tan arcaicos como éste, si no más bien refleja cómo lo comparten todos aquellos que se ven afectados por él. Eso sí, lo que no le verán hacer a Herzog es lo que servidor no ha podido evitar en estas escasas líneas: lanzar un juicio.

El último día empezaba y terminaba con Romance Joe debido a unas incidencias por las que no pude asistir al pase de Once Upon a Time in Anatolia. En el debut de Lee Kwang-kuk, habitual como ayudante de dirección de Hong Sang-soo, y pese a las comparaciones recibidas, no se atisban muchas similitudes entre éste film y el trabajo del veterano cineasta coreano; comenzando por un aspecto visual que resulta mucho más depurado y, sin buscar cierto preciosismo, sí se podría decir que es compacto pero desangelado a su modo, y continuando con un relato que quizá adolece de demasiados males en su continuidad, cosa que no suele suceder con los films del autor de Turning Gate, habría que hablar sobre Romance Joe (ya despojándonos de cualquier atisbo de injusta comparación) como un film que pone con demasiada fe sus cimientos en una narrativa que, de tan enrevesada, termina resultando liosa y agotando antes de tiempo. Además, la historia que la sostiene y que no termina cobrando sentido hasta un diálogo final que parece demasiado concebido para clarificar a donde quería llegar el director, no posee los suficientes anclajes como para ofrecer al espectador algo con que mantener el interés durante sus casi dos horas de duración, en las que lo más rescatable es probablemente la cándida interpretación de sus dos pequeños protagonistas.

Y así terminó el D’A 2012, un D’A que volvió a dejar sorpresas reseñables y al que, aunque parece preparado para ser un festival con mayor proyección en los próximos años, no le vendría mal una programación que conllevase un pelín más de riesgo; cierto es que no han faltado propuestas de esa índole, como Los viejos, Viaje final para utopía o Hors Satan, entre otras, pero tan cierto como que al final a uno se le antoja difícil destacar demasiados títulos por encima de los demás, cosa que probablemente no esperaría en un festival de estas características pese a su marcada heterogeneidad. En definitiva, que nos deja un programa completo, un trabajo muy bien llevado por parte de sus organizadores y un festival que esperemos que siga creciendo tanto en cantidad (esto es, público) como en calidad, porque realmente lo merece.

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