Críticas: La sombra de los otros

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Llega a nuestras pantallas la anterior cinta de los directores de Underworld: El despertar, protagonizada por Julianne Moore y Jonathan Rhys Meyers.

El sub-sub-sub-sub-género de posesiones, exorcismos y otras catástrofes para las cervicales no pasa por su mejor momento pese a su continuada posesión de las pantallas en salas comerciales. Måns Mårlind y Björn Stein han querido dar forma a un libreto de Michael Cooney (Identidad) con la convicción y firmeza de contar con un reparto potente en los rostros de Julianne Moore y Jonathan Rhys Meyers. El desliz es que no se han dado cuenta de que el guión finalmente es tinta mojada y no precisamente en vómito-mucoso de una poseída. La cinta, que dirigió James Mangold con John Cusack, comparte ciertos paralelismos como la personalidad múltiple como motor de giros narrativos pero en La sombra de los otros el empaque es meramente secundario. El resultado final queda como un amasijo de posesiones, psicoanálisis y una pregunta: ¿qué elegirías entre fe y aburrimiento?

Su argumento involucra a una psiquiatra forense (Julianne Moore) para la que los trastornos de personalidad múltiple no existen. Es curioso que en la primera secuencia deje clara su inapelable teoría y lo haga menospreciando el enfoque de las películas que lo retratan. En ese punto no se sabe si la película se está insultando a sí misma o está auto-revelando uno de los giros y motores de una cinta que funciona mejor sobre su título original: Shelter (Refugio). Enseguida nos presentan todo: marido asesinado a sangre fría y delante de sus narices el día de Nochebuena al salir de la iglesia (¡qué mala suerte!), hija que pasa más tiempo con su tío músico-montador (¡qué buena suerte cuando tenga que hacer de CSI!) y padre psiquiatra que le presenta un misterioso caso (de nuevo: ¡qué mala suerte!). El filme no se sabe si trata sobre las dudas y elecciones que puede tener una persona sobre la fe al perder personas que ama, un duelo entre la ciencia y la religión, sobre el uso de la gorra de los psiquiatras en consulta, si es necesario erradicar los teléfonos analógicos o, simplemente, sobre cómo de-construir un thriller a voluntad de giro de cuello, drama familiar y cambio de personalidad.

La protagonista no tarda en descubrir que las personalidades que utiliza su peculiar paciente están muertas y debe enfrentarse a sus propias convicciones. El thriller psicológico se transforma en una entidad sobrenatural, con picaduras y sombras tenebrosas, para acabar en la típica cinta de embrollos, persecuciones y móviles. Es realmente un popurrí entre tantas películas como posibilidades iniciales. Intentar rebatir los conceptos elementales sobre los que se basa puede resultar autocomplaciente: pretende generar tensión sobre premisas tramposas e incoherentes mientras piensa que se trata de elementos reveladores y sorprendentes. No entiendo su concepto una vez empieza a desvelar su auténtico argumento. ¿Se trata de una cinta de terror para ateos? ¿Pero es que los ateos van a ser atemorizados por algo en lo que no creen? ¿Cómo es eso? Se habla del diablo y de la fe y también de maldiciones a aquellos que no la tengan o la hayan perdido. Es cierto que los ateos siempre indican que Dios no puede existir por el mal que reina y habita en el mundo, por lo que si van a ver La sombra de los otros afirmarán de nuevo que un Dios omnipresente, omnipotente y omnisciente no permitiría que se hicieran películas tan ‘maléficas’ como esta. A menos que lleven la rúbrica de Billy Wilder, claro. Otra cuestión es saber si nos encontramos ante un panfleto sectario y religioso adornado de un thriller psicológico y paranormal. Habrá que tener fe en que no sea así.

Entre su metraje demasiado alargado para tan poca alma y tanta confusión y absurdo reunido, no entiendo la utilización de un ‘found footage’ de principios de siglo que habría inventado el movimiento de cámara y el reportaje televisivo en primera persona. Supongo que se pretendería crear y generar terror con elementos cercanos a The Ring. Lo que no puedo concebir, por lo tanto, es que sus directores citen como influencias a películas como El exorcista, La profecía o El resplandor…cuando La sombra de los otros, finalmente, no comparte nada argumentalmente o visualmente sobre sus supuestos padres. Es más interesante ver las conexiones extracorpóreas, bastardas y cinematográficas que plantea… Esas auténticas ‘sombras de los otros’: que la actriz que interpretó a Clarice Starling en Hannibal parezca querer hacer un homenaje a El silencio de los corderos o que Nathan Corddry también haya aparecido en United States of Tara, donde la protagonista (Toni Collette) sufría un desorden disociativo de personalidad.

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