Críticas: La delicadeza

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La nueva cinta protagonizada por Audrey Tautou fue nominada a los Cesar y supone la ópera prima de David Foenkinos y Stéphane Foenkinos.

Se podría abordar una película como La delicadeza desde su concepción de drama romántico que se quiebra nada más emprender sus primeros latidos. Opta por caminos de restauración anímica en el personaje, pero la forma y el fondo aquí tienen dos vías de actuación completamente distintas. Dos rutas que consistirían en trazar un drama romántico eliminando parte de la información mediante elipsis marcadas a nivel de la separación en el tiempo que originan, pero que fueron disueltas como leves transiciones visuales. Eso provoca que el espectador pueda quedar algo desorientado ante esa representación de la delicadeza visual y formal que proponen David Foenkinos y Stéphane Foenkinos. Es interesante en ese punto ver como el amor, tanto desde el cortejo, la composición, la creación del matrimonio y el planteamiento de tener familia, queda desabrochado y desterrado a una de las escasas secuencias que realmente son introductorias. Lo que realmente interesa en ese paraje sobre el que transita La delicadeza es la ley de encabezar y trazar una vía de escape respecto al género, que suele ceñirse a esos resortes del cortejo y del embelesamiento formal para generar emociones en el espectador.

En la narración del filme quedan excluidas las viejas fórmulas en ese comienzo finalmente devastado. La tragedia de la protagonista deja desubicados, ante su pérdida, a nosotros, los espectadores. Pierde algo que ama y ese quiebro resurge en la propuesta mediante un cambio de tono: se transforma en una comedia romántica, dejando cada vez más soterrado el drama que planteaba inicialmente. Lo hace con un planteamiento que involucra al personaje principal en su mundo laboral. Se ciñe a su trabajo como vía de escape, sacrificando cualquier conato personal que le haga recuperar sentimientos sobre su amor perdido. Pero llegan los recuerdos y un detalle que marca la pérdida de matrimonio. Un simple llavero, como recurso narrativo, se convierte en el objeto que formula una especie de hechizo sobre el que enmarca la obra a un fondo cómico-romántico. Se trata de una especie de maldición en la que la protagonista descubre, mediante el amor ciego, una respuesta a su vida: un desconocido, que no encaja con lo que se espera de ella. Y a partir de ese punto se expone una comedia romántica en la que los personajes, aparentemente distintos físicamente, averiguan que son almas gemelas, pero que el mundo alrededor de ellos no ve con buenos ojos.

No es una fórmula novedosa la del amor imposible promulgado por la fealdad o la diferencia. Dejando aparte aquellos dramas y comedias sobre la diferencia de clases, los Farrelly lo hicieron en Amor ciego en la comedia grosera, John Cromwell en el drama romántico de los 40 titulado Su milagro de amor y Fassbinder en Todos nos llamamos Alí detalló el rechazo de la sociedad ante una pareja que consideraban grotesca. En un mundo rosa, aquel que nos ha hecho creer el drama y comedia romántica universal (y sobre todo comercial), no hay lugar para que Audrey Tautou pueda enamorarse o simplemente salir con un tipo corriente. El fondo desaparece para hacer superficial a la forma. La delicadeza no opta por su una película con delicadeza: las situaciones se repiten; todo el mundo trata a ese señor como un desconocido al no entender que pueda haber conseguido llamar la atención de una mujer atractiva. Podría ahondar en el drama social que designa el destino de las personas y sus conexiones: el feo está condenado a la soledad, así como la viuda que debe deambular como un alma en pena durante toda la existencia. Pero se opta por lo frívolo: una secuencia (entendemos que onírica) donde ese nuevo galán seduce con su vista (y con su mochila a la espalda con nuevo look divino) a modelos lozanas y sensuales en una cuesta o la mera repetición de patrones sobre la perspectiva de terceros. Finalmente la propuesta prefiere divagar entre conflictos sobre elecciones personales y laborales que subrayar cualquier tipo de línea crítica con la sociedad y las imposiciones. No entiendo que el mundo se paralice cuando la Tautou en La delicadeza (muy delgada) empieza a verse con este señor. Los suecos feos con look ‘nerd’ son ya compatibles con las más bellas efigies del planeta. Siempre y cuando sean ricos o futbolistas, claro.

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