Críticas: En fuera de juego

Escrito por

Twitter icon

Fernando Tejero y Diego Peretti protagonizan una comedia que llega más de un año después de su paso por Málaga.

Cada aproximación al mundo del fútbol en el cine es recibida por los aficionados, entre los que me cuento, con una pequeña parte de curiosidad y otra enorme de resignación. Y es que el retrato que se ha hecho de este deporte ha dejado que desear en la mayoría de las ocasiones, siendo escasas las honrosas excepciones que como The Damned United han logrado calar. En el caso de En fuera de juego ya sabemos de antemano que, pese a los guiños, los entresijos de los despachos y reuniones entre representantes van a ser utilizados como mera excusa para vendernos la elemental comedia de siempre. Serán muy pocos los que se acerquen a verla por verdadera afición, y se agradece la falta total de expectativas en este sentido. El objeto del enredo es Gustavo César, un prometedor jugador argentino que viaja a España para fichar por el Real Madrid. Su aterrizaje desencadena una carrera por sus derechos que confrontará inevitablemente a dos perdedores, tan opuestos en principio como el buscavidas Javi y el médico argentino Diego.

El trasfondo de esta trama, cómo no, es una ensalada de tópicos aliñados convenientemente para lograr la consabida complicidad con el espectador. La crisis matrimonial del agente, los tiburones dispuestos a lo que sea con tal de firmar al futbolista o la tentación femenina que se le presenta azarosamente jalonan un ligero entretenimiento, que no satura en exceso siempre y cuando se aparte a un lado toda pretensión que pueda tener en el retrato del ambiente, porque nos invade la sensación de que la supuesta sátira de En fuera de juego quiere partir no tanto de los protagonistas como de su entorno. Se descuida así el enredo, y el resultado son escenas tan inverosímiles y forzadas como las de la radio o el restaurante, fallidas precisamente por querer suponer un exagerado reflejo de la realidad. Por no hablar de otros momentos como la peripecia en Mestalla, de la que el jugo que pudiera extraerse queda reducido casi a una retahíla de rostros y nombres que probablemente no quisieran prestar el suyo.

Tampoco contribuye que los personajes apenas se salgan del mero arquetipo. Tenemos por un lado al ginecólogo argentino, completamente ajeno al fútbol desde que en su infancia tuviera que abandonar su práctica. Por otro, está el pícaro y fracasado representante de tercera encarnado por Fernando Tejero, cuya única misión es conseguir los mejores contratos sin importar los medios utilizados para ello y dejando de lado todo lo demás. Si funcionan mínimamente es gracias a los tics incorporados por ambos intérpretes, arrastrados de los trabajos cómicos que les han llevado a la popularidad en sus respectivos países. Si en la reciente Cinco metros cuadrados Tejero componía un buen papel dramático en el que sin embargo no lograba desmarcarse totalmente de ellos, aquí tiene la oportunidad de darles rienda suelta y tapar de algún modo lo limitado de su personaje en base exclusivamente a los mismos. Algo parecido ocurre con Diego Peretti, que después de sus éxitos en Argentina parece ya asimilado por el cine español tras proyectos como Al final del camino o Maktub. Están secundados por un Hugo Silva que repite el papel de siempre, Patricia Montero, Carolina Peleritti, Laura Pamplona, Carmen Ruiz, Pepe Sancho o Chino Darín (hijo de Ricardo, que también aporta su buen hacer en un par de secuencias).

Pocas cosas en la película de David Marqués, autor de la curiosa Aislados, pueden resultar verosímiles. Si hay que rescatar algo de ella es la capacidad para crear un vínculo con el ávido espectador de series chorras, cuya sombra parece tan a menudo demasiado alargada. Dicha tendencia, guste más o menos, obtiene su recompensa en un producto que puede ser mal vendido, pero en el que se intuye cierto potencial para llegar al sector del público que busca desde el inicio. Otros nos quedaremos con la breve aparición de Martín Palermo, sobre todo por sorprendente, porque las demás (Iker Casillas, Manolo el del Bombo, Manolete o José Ramón de la Morena) bien merecen ser olvidadas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *