Críticas: Blancanieves y la leyenda del cazador

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Después de Mirror, Mirror de Tarsem Singh, es momento de ver la otra cara del espejo que nos propone Rupert Sanders en Blancanieves y la leyenda del cazador. 

En toda competición siempre hay miras y medidas sobre las que centrar la base de la contienda. ¿Sobre qué referencia es más justo comparar Blancanieves y la leyenda del cazador? ¿Sobre un filme anterior y completamente antagónico en forma y fondo como Mirror, Mirror de Tarsem Singh o sobre los propios referentes que utiliza Rupert Sanders? Es cierto que Juego de tronos ha hecho demasiado daño a cualquier ficción medieval en un mundo de fantasía, del mismo modo que El señor de los anillos, en su momento, revolucionó la épica digital en mundos virtuales transcritos en grandes escenarios naturales. Rupert Sanders, cuyo primer largometraje tras su carrera prometedora carrera en publicidad tiene la etiqueta de blockbuster, anunció desde sus primeros teasers y trailers que el enfoque sobre el cuento de los hermanos Grimm sería mucho más adulto y serio. Algo que también choca con las propias declaraciones de Sanders que indicaba y nos avisaba que Kristen Stewart sería diferente a Bella Swan. Entiendo que se refería a que en su película empuña un arma blanca porque el rating y la audiencia a la que va enfocada son, finalmente, las mismas.

Ese terrible daño provocado por la gran ficción de la HBO no se ve resentido para nada en un buen prólogo que se sitúa en el reinado de lo mejor de la propuesta. Incluso se podrían establecer ciertos paralelismos entre los interiores de Cersei Lannister y los de esa villana que ha cedido a los encantos de la magia para no acabar sometida a los hombres. La lectura del feminismo y la belleza como arma de poder son atrayentes, aunque posteriormente se prefiera convertir la historia en un cuento de pajarracas cegadas por el brillo de una metálica corona que al parecer produce orgasmos en cuanto te la pones. No es que me sienta, como espectador, como la propia reina Ravenna (¿Cuervona?) a sacar las entrañas de lindos pajaritos para mi disfrute personal. No, el filme es simplemente un buen prólogo y algunas perfectas y sugestivas imágenes que no dejan de ser una belleza tan mágica como la de la reina que retrata. Llámenlo hechizo digital o simple máscara de un cuerpo viejo (y estructura clásica) que ha sacrificado su alma intentando buscar la eternidad. Precisamente, a Blancanieves y la leyenda del cazador le falta un buen corazón que dote de vida auténtica a una tediosa narración recitada por plantilla. La gracia de que cuenten el mismo cuento está en el narrador del mismo, salvo que uno quiere cambiar la forma. El filme parece obcecado en imponer una larga narración recreándose en prescindibles personajes secundarios y, finalmente, es consciente de que tiene que acabar el ‘cuento’ y da la impresión de saltarse páginas y lanzar otras al aire para buscar la última en la que aparezca la palabra ‘FIN’.

No sé si será la falta de química entre Kristen Stewart y Chris Hemsworth o la ausencia de humor en el completo conjunto que lo haga más entretenido o camufle las deficiencias. Tal vez se deba a que no me creo este cuento antes de que me lo cuenten: Charlize Theron tuerta y sin dientes sigue siendo más guapa que Kristen Stewart. Algo que se remata cuando uno lee la sinopsis oficial que dice: «ha aprendido artes marciales con Eric el Cazador». Bueno, enseña a la heroína en medio minuto una llave de defensa que hasta sabe hacer mi madre para defenderse de los toxicómanos. Le saca rendimiento, eso sí, pero de ahí a ser Black Mamba… No puedo decir que Blancanieves y la leyenda del cazador sea una mala película, pero sí que hace honor a esas tres gotitas de sangre tan recurrentes en su historia. Es un perfecto artefacto con impecable diseño de producción y acabado sin sangre en las venas. Y sin sangre no hay vida… por mucho que se empeñen los efectos especiales digitales en otorgar hondura dramática a bosques encantados (de LSD en polvo) y hadas rocieras que se meten en los animales como el diablo en la niña de El exorcista. Por no hablar sobre el plan de dos pájaros a lo Prison Break, o que tampoco quede claro que después de media vida encerrada en una torre la princesa se mueva más rápido y tenga más reflejos que Jason Bourne y haga su papel de Juana de Arco a la perfección sin haber tocado un libro en años (creo que no sale ninguno en la película).

Obviando aquello de que son siete enanitos y un becario (de incierto futuro por su precariedad) con nombres de una de Guy Ritchie, Blancanieves y la leyenda del cazador se convierte en un pseudo-mix-popurrí de El señor de los anillos, Indiana Jones y el templo malditoLa Saga Crepúsculo: Amanecer (Parte 1), La condesa Drácula, Matrix, Robin Hood y La princesa Mononoke. No sé si tocar los ‘mononokes’ de Miyazaki traerá terribles consecuencias dentro de ese otro mundo mágico (y mucho más real) llamado friquismo. Yo, si fuera Rupert Sanders, evitaría la Comic-Con una temporada. No vaya a ser que le saquen el corazón…

3 Responses to Críticas: Blancanieves y la leyenda del cazador

  1. Enidnarg dice:

    No has citado lo más relevante: esas PALAS que le han crecido a la Stewart, con las que podría desenterrar cadáveres! En serio, ¿qué le ha pasado a esta chavala..? 🙁 Ah, y los peinados y modelitos que lleva Theron, que son ESPANTOSOS induce a que el espejo la contradiga constantemente. Desde luego, el de vestuario/maquillaje tenía el gusto en el mismísimo orto… en, yo que sé, Hancock, por citar algo, está cien veces mejor.

    • jajaja. También me he fijado pero la imagen vale más que mil palabras. Mira que me gustaba en "Adventureland" con sus camisetas molonas pero ahora se ha echado a perder. Charlize sigue divina de cuervo, hurraca o dominatrix sacada de un Cabaret dark. Aparte de que con el tema del espejo queda como una enferma de esquizofrenia paranoide…

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