Críticas: El hombre sin pasado

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Aprovechando el estreno de El hombre sin pasado, os traemos una crítica de este taquillero éxito coreano.

Cuando uno se encuentra ante algo tan tentador como un thriller coreano, lo único que puede pensar es que quizá se tope ante otra de esas agradables sorpresas que talentos como Na Hong-jin o Bong Joon-ho vienen brindándonos en la última década pero, sin embargo y pese al éxito cosechado, El hombre sin pasado termina decepcionando debido a unas directrices que ya nos han plantado demasiadas veces ante las narices y a unas secuencias de acción que, pese a destacar su director que se reunían en ellas técnicas de lucha nunca empleadas antes en un film, no resultan satisfactorias en casi ningún momento.

Quizá el referente más cercano sea esa Breathless de Yang Ik-june, donde el nexo entre una adolescente y un violento gángster ofrecía los cimientos de una relación que funcionaba gracias a la enorme empatía que causaban esos dos personajes, y aunque Lee Jeong-beom lo intenta su trabajo resulta frustrado ante la presencia de dos intérpretes que no me parecen ni la mitad de buenos que lo que he leído sobre ellos, y ante la carencia de situaciones que marquen realmente una relación que debiera tener más puntos de fricción para ser el Léon que desde un buen comienzo prometía.

El hecho de realizar, además, un retrato tan exiguo sobre dos personajes que, reconozcámoslo, no son muy originales pero podrían haber dado para algo más que una sómera descripción sobre su condición y sus fantasmas del pasado, coarta las posibilidades de un vínculo que podría haber funcionado con un poco más de trabajo tras de sí, pero que parece fomentarse sólo en diálogos y situaciones que incluso en ocasiones empobrecen esa unión que tantos cineastas supieron trabajar mucho mejor en anteriores films.

Formalmente y narrativamente tampoco explota los códigos de un género que, entre tantos otros, la hornada de cineastas coreanos ha sabido reinventar con una pericia fuera de lugar. Y ojo, que no se trata de pedir que detrás de cada trabajo Made in Corea haya un Park Chan-Wook o símiles, pero es que el grado de calidad ha llegado en ese país hasta tal punto que es incluso extraño no encontrar un atisbo de carácter o estilo en una cinta que provenga de esa cinematografía y que bien podría encontrarse entre los estrenos de un fin de semana cualquiera en los USA.

De todos modos, tampoco habría que tirar piedras contra demasiados tejados ajenos y descartar El hombre sin pasado por esa labor tan falta de personalidad tras las cámaras, que no se soluciona ni con un montaje que sólo funciona en muy pocas ocasiones si a las secuencias de acción nos referimos, ni con una trama que es cierto que argumentalmente bebe de todos aquellos thrillers surgidos durante la última década pero como mínimo no ofrece una constante sensación de déjà vu; pero lo cierto es que cuando uno se encuentra ante un trabajo que ofrece tan poco, y ni siquiera da pie a pensar que en él pueda haber el suficiente talento como para hallarnos ante un interesante cineasta de cara a próximas citas, poco importa ya donde quede ese sello que define a un autor como tal.

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