Cannes día VII: Resumen de prensa

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Andrew Dominik y Brad Pitt, melenas al viento de Cannes.

Recta final en Cannes y dos nuevas películas a concurso: Killing Them Softly de Andrew Dominik y The Angels’ Share, la enésima oda de Ken Loach a la clase obrera británica. Veamos cuál fue el recibimiento de ambas:

 

Es probable que la escuálida camarilla de cretinos vanguardistas acusen a Loach de buenismo (cómo detesto ese término tan frecuentado por los bobos esquemáticos), de edulcorar la realidad, de sentimentalismo al gusto del gran público. No le causará el menor daño a una película que siente cariño por sus personajes, que no engaña sobre la naturaleza de su protagonista, capaz de lo mejor y de lo peor, con una cálida dosis de humor y de ternura aunque lo que describe sea dramático, que logra que no pierdas el interés nunca por lo que te están contando, con un punto conmovedor y risueño. Adicionalmente, te proporciona un deseo irresistible de ir a catar las esencias del whisky en las destilerías de Escocia.

El argumento no es demasiado original, pero Dominik se esfuerza por desarrollarlo de forma transgresora, imitando a Tarantino, comparando el funcionamiento del crimen organizado con la crisis económica que atraviesa Estados Unidos, jugando con la cámara para expresar los efectos de un chute de heroína, estilizando la violencia, dándole la oportunidad a Brad Pitt de hacer lo que más le gusta, o sea poner acentos raros y gestos histriónicos para que nos olvidemos de lo guapo que es, inventándose diálogos cínicos y molones. Pero tanto afán por ser distinto y dinamitar el género se queda en el exhibicionismo inútil del que se cree el más listo de la clase. Ves excesivamente la fórmula, el ansia por ser brillante y revolucionario.

Carlos Boyero – El País

Loach opta por el camino más fácil (lo que en un principio no es criticable), pero lo hace, eso sí, por la vía más inverosímil. Definitivamente, y pese a la facilidad del director por enganchar a la audiencia, siempre pendiente de los detalles que nos hacen débiles y humanos, esta vez no hay forma de aclararse.

Killing them softly quiere ser desde el primer segundo la verdad del barquero que un buen ciudadano necesita, y eso, además de cargante, altera los índices de colesterol. Lo que, ya lo hemos dicho, es malo. Dominik, eso sí, maneja con soltura las teclas de un género que se quiere presentar en su desnuda desnudez. La cámara se maneja siempre consciente de las lecturas y películas que habitan a un género milenario. Y así, cada una de las escenas funciona con la prestancia, espectacularidad y ferocidad exigibles. El problema, y volvemos al principio, está precisamente en la respuesta del actor: en la ambición de contarlo todo, de hacer pedagogía con las cabezas partidas en dos, de convertir cada plano en metáfora de nuestros días. Toda la cinta discurre con el sonido de fondo de los telediarios en los que Obama explica la crisis a sus votantes, es decir, al mundo entero. Y ese recurso se repite y repite con una insistencia tan cargante que acaba por desactivar las legítimas aspiraciones de una película salvaje por fuera, perfectamente domesticada por dentro.

Luis Martínez – El Mundo

Ken Loach, junto a su guionista de cabecera, Paul Laverty, cuentan una historia de perdedores con un sentido del humor y un cariño absoluto hacia sus personajes, y les brindan esos agujeros tan improbables de la vida por los que salirse arrastrando de su inevitable ruina. Los actores no tienen carrera detrás, pero llenan sus personajes con naturalidad y descaro.

Killing them softly, aunque suene a Roberta Flack, es cine negro con voluntad de moderno, con mucho parloteo, grandes dosis de violencia, guiños de cámara y tantos personajes que tiran del hilo narrativo que uno acaba inevitablemente enredado en él. No es una de esas películas inolvidables, pero ayuda a mantenerse despierto a la hora absurda que se proyectó, las ocho y media de la mañana.

E. Rodríguez Marchante – ABC

A vueltas con el capitalismo, Ken Loach vota, por supuesto, por la rebelión de la clase obrera. Indignado por las dificultades de los jóvenes para encontrar trabajo, el director de The Angels’ Share se ha descolgado con una de sus acostumbradas fábulas populistas (…). A nadie le amarga un dulce, y la Prensa le rió las gracias, aunque la película es tan falsa y maniquea como Buscando a Eric. La trama tiene más agujeros que un queso gruyere, pero lo peor es la condescendencia con que Loach trata a algunos de sus personajes.

El principal atractivo de Killing Them Softly es haber recuperado la conciencia política del cine negro sin renunciar a la reflexión estética sobre su identidad. La película tiene una estructura bipolar, en la que el estudio de personajes, abordado en largas escenas de diálogo (magníficas las dos de Pitt y James Gandolfini), se combina con los estallidos de violencia, filmados con particular brillantez por un Dominik que la considera la máxima expresión del drama.

Sergi Sánchez – La Razón

 

Trailer de The Angels’ Share de Ken Loach:

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