Cannes día III: Resumen de prensa

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Matteo Garrone en el photocall durante la presentación de su película ayer en Cannes.

Italia y Austria, Garrone y Seidl, Reality y Paradise Love fueron los protagonistas de la jornada en el Grand Palais, veamos como recibió la prensa nacional a los autores de Gomorra y Días perros:

 

La mirada del director sobre las costumbres, los rituales y la gritona convivencia en esa castiza barriada de Nápoles posee vitalidad, comprensión, humor, cariño y piedad. Los personajes desprenden tanta espontaneidad que llegas a creer que no actúan, que una cámara oculta les está filmando sin que ellos sean conscientes, que no intentan parecer nada sino que son así. (…) Es una película que se acerca en el tono, en el estilo, en su tragicómico retrato de la existencia a aquellas perdurables comedias que alguna vez hizo el cine italiano.

Imagino que este director está dotado de algún extraño e hipnótico talento ya que he soportado todo el metraje en una película de la que deseo escapar a los 10 minutos. Lo que no logro entender es qué me ha retenido en ella. A lo peor, soy un mirón pervertido y masoquista.

Carlos Boyero – El País

Bien es cierto que el director ahoga la película en el ruido de, precisamente, lo que quiere denunciar. Reality no acierta a definirse entre el drama, la comedia y todo lo contrario. El director se muestra demasiado temeroso de ser confundido con el asunto tratado y abandona demasiado pronto el gesto demoledor y cruel que tenía Gomorra, que exigía una historia demasiado triste para no provocar carcajadas. En todo momento, entre un falso Fellini y un pobre Totó, la película se empeña en ser demasiado italiana. En el peor de los sentidos. Demasiado ruidosa, en exceso folclórica. Se pongan como se pongan los poetas, la suciedad de Nápoles es suciedad, no poesía.

Sin la más mínima oportunidad para la compasión, el director reboza y arrastra a cada una de sus criaturas por el barro. La cámara no da descanso, no ahorra un sólo plano; cada uno de ellos está ahí con la lúbrica intención de que el espectador sufra. Y se sufre porque todo es demasiado cercano. Bien es cierto que el exceso de gusto por la contemplación mórbida acaba por arruinar en parte el proyecto. Lo que en Haneke, por citar a otro austriaco, es frío y calculado rigor, en su compatriota es exhibicionismo. Lo que en el primero es universal, aquí, y por momentos, es simple anécdota. Y eso es malo.

Luis Martínez – El Mundo

La última película en competición ha sido Reality, del italiano Matteo Garrone, el tipo que se atrevió a rodar Gomorra. Es una comedia muy trágica, rodada en un Nápoles neorrealista y vocinglero (…). Quizá le falte algo de malicia en su crítica a la telebasura y sus consecuencias, pero con la que destila ya da para pensar un rato sobre ello.

(…) Lo que tiene de especial es que Seidl coge su lija y frota y frota. No le ahorra al espectador ni un solo momento escabroso, ni un solo gramo de sordidez. La proyección de Paradise Love dejó en el Festival un regusto amargo, entre lo escandaloso, lo asqueroso y lo intolerable y tolerado. Como no es fácil tener una idea bien medida sobre lo que muestra “Paradise Love”, pues el exceso de pliegue narrativo y cárnico es desconcertante, lo que ocurra con ella en las manos y las deliberaciones del jurado es completamente imprevisible. Por lo pronto, puso al festival con los pelos de punta.

E. Rodríguez Marchante – ABC

Dice Matteo Garrone que, después de Gomorra, quería hacer una comedia. Craso error: Reality no lo es. Y lo es menos si la comparamos con sus modelos, el Fellini de El jeque blanco o las comedias de Luigi Comencini. No tiene ni pizca de gracia, a no ser que a Garrone le parezca graciosa la exhaustiva colección de estereotipos napolitanos que pueblan su fábula. Reality, que se parece mucho a la excelente El televisor (el mítico episodio de Historias para no dormir que desató las iras del tardofranquismo), se encalla en el pensamiento paranoico de su personaje, pero es, en general, un estimable intento de retratar la necesidad del hombre contemporáneo de buscar su reflejo sublimado en otra dimensión del mundo que no es la de su realidad inmediata.

Como es habitual en Seidl, la película es enormemente agresiva en su demoledora visión del mundo: incluso cuando cree que es compasivo, el cineasta vienés no hace más que humillar a su heroína. (…) A ambos lados del espejo de Seidl hay un monstruo que se desnuda, y en ese exhibicionismo histriónico y desagradable, que asfixia toda esperanza, encontramos a un cineasta totalitario, un imperialista del mal rollo que insiste en convencernos de que los paraísos no existen.

Sergi Sánchez – La Razón

 

Clip de Reality de Matteo Garrone:

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