El proyector: la secuencia de José Coy

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Amanecer II

Análisis de una secuencia de Amanecer (F. W. Murnau, 1927) a cargo de José Coy aka FullPush.

Un hombre marcha cabizbajo y pensativo, como ausente, por la postal nocturna de un campo anónimo. Como el suyo propio, el nombre no es importante. Lo importante son esas manos que escarban sin moverse los bolsillos en señal de desamparo. La luna, sin embargo, luce radiante aquella noche entre las brumas. Las acaricia. Les da un toque de irrealidad y bucólica poesía. Un tinte fantasma para un hombre sin nombre.

La música suena delicada, acompasando el discurrir del paseante como una sombra que se funde con hierbajos y pasos vacilantes (la cámara también se cuela entre los árboles). Una valla, y el alma desvelada que se acerca cada vez más a nuestra frontera como espectadores. ¿Qué buscas? ¿Qué esperas? La música sigue sonando deliciosa.

Un momento, una mujer de negro aparece en el encuadre y comienzan a tocar las flautas, traviesas. Se maquilla rauda (ha escuchado algo), ella también espera a alguien. De repente, unos cantos de sirena; vuelve la calma; se rompe en un beso apasionado: los dos amantes se hacen uno bajo el manto y el influjo de la luna llena reflejada en ese lago.

En medio, la (otra) mujer de nuestro amigo, la que tanto quiso e incluso ama todavía pero no lo sabe, llora desconsolada mientras el hijo de los dos intenta serenarla. Pero es tarde para eso, y tú muy joven para llegar a comprender lo que significa verte relegado. La acción vuelve a trasladarse al campo anónimo, donde los amantes yacen abrazados…

Aún besándose. Qué paz que se respira. Qué felices somos. ¿Eres sólo mío? Siempre.

Los cantos de sirena y la suave melodía se deshacen en pedazos con un vestigio del futuro: ¿qué? ¿matar a mi mujer? ¡estás loca! Y yo debo estarlo también, pues tras unos forcejeos en que la ira me ha cegado ahora jugueteamos otra vez aquí en el suelo. Cesaron las trompetas. Llaman oscuros, malignos deseos a la puerta. ¿A la ciudad? Vayamos…

El plano sucesivo es sencillamente mágico, maravilloso, de un onirismo y un lirismo bestiales. COME TO THE CITY. Y la ciudad se desnuda ante nuestros ojos conquistando el cielo. Las luces de neón y las orquestas disipan ya del todo cualquier rastro de duda. El sueño toma forma e inunda de anhelos y pulsiones al anónimo, que no ve más allá del espectáculo.

Y así es como Murnau tocó techo con su cine, columpiado por un acariciar manso de violines*.

*Estos violines que digo son un añadido de la versión remasterizada –no sé cuándo- de la obra. La descrita, vamos. Para cualquier suspicacia que este hecho pueda despertar ahí tienen el hueco de «comentarios».

Amanecer III

3 Responses to El proyector: la secuencia de José Coy

  1. FullPush dice:

    Lucía mejor sobre el Word, tan comprimidico… Me noto disperso xD

    • Bueno, es peculiar el dibujo que hace, pero está muy bien. La verdad es que el formato de la web, una vez que sabes bien cómo va a quedar lo que escribas a nivel visual, determina bastante. Vamos, que tiendo a hacer los párrafos largos. Es curioso. Ya los hacía largos antes de la web, pero ahora más. Procuro evitar los párrafos breves, pero vamos, si es necesario, se hace. Y en el caso de tu artículo, pues ya te digo, no queda mal, se ve original. Para hacerlo así siempre a lo mejor no, pero para variar funciona bien.

  2. El uso de la música en esa escena es sencillamante impresionante.

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