El mal y su atracción

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Bienvenidos al lado oscuro de la gran pantalla.

No necesariamente tu opinión.

Hace unos meses se cerró por fin un capítulo bastante bochornoso y que en su momento tuvo bastante repercusión mediática (esto es, mucha gente gritando y mencionando a los niños: «¡Los niños! ¿Es que nadie va a pensar en los niños?»), donde se intentaba poner un límite a la creación artística en nombre de la dignidad, los derechos de los menores y lo políticamente correcto. Muchos lo resumían con la pregunta: «¿Es que todo está permitido en el cine? ¿No hay un límite?».

No quiero aprovechar esta entrada, después de varias semanas totalmente desaparecido, para darle manteca y estopa a los amantes de lo políticamente correcto, ni tampoco para tratar de diseccionar lo ocurrido con el filme A Serbian Film, su consiguiente polémica y su repercusión en los miedos de información. Pero no obstante, con el debate (sí, en algunos lugares, normalmente en la red, hubo algo parecido a un debate) que conllevó ese filme prohibido y la alarma ante lo que muchos entendieron como mostrar algo inmoral, aunque sea en ficción, uno no puede dejar de recordar a todos los personajes inmorales, asesinos, violadores y gente de mal que ha hecho estremecerme viendo una película y recordarme que también forman parte de la condición humana. A ellos, a los que reflejan lo más oscuro de nuestro alma, a los que algunos consideran pornográfico mostrarlos e incluso otros opinan perjudiciales enseñar en pantalla no vaya a ser que los locos que pueblan el mundo les dé por imitarles (adoro escuchar esta excusa), a ellos, les doy mis más sinceras gracias.

Pero no a los malos de cartón piedra al que nos tiene acostumbrado Jolivú. Esos malos no producen nada en nuestro interior. Esos monigotes no son más que títeres puestos en escena para que no nos parezca tan mal que se les extermine al final de la cinta. Esos son los malos aceptados socialmente; los que en el fondo simplemente intentan vendernos que la venganza y la pena de muerte no son cosas tan horribles. Ese mal (y el que posteriormente se ejercerá de manera “justificada” sobre ellos), nos cuentan / venden, es un mal menor. Un mal… aceptable. Pero esos malos no nos hacen pensar, ni sentir.

El mejor Jocker hasta la fecha. Incluso por encima de Jack Nicholson

Hay otros malos, como puede ser el coronel francés que llega a Argel dispuesto a acabar con el “terrorismo” (La batalla de Argel, 1966), que no son meros monigotes y sirven para hacernos pensar. Tienen la extraña particularidad de que no se consideran malos a sí mismos, como si ocurre con los millones de rusos, cubanos, venezolanos y árabes que secuestran normalmente algo o amenazan con destruir otra cosa. Esos malos de toda la vida saben que están haciendo el mal y que vendrá el bien a detenerlos. El coronel Mathieu, con sus métodos de tortura y su desprecio a la dignidad humana, no. Es bastante más complejo que eso. E interesante. Y terrible. No obstante, sería un error considerar que para crear un cierto mal apreciable es obligatorio ponerle capas y profundidad al personaje. Recordemos a cualquiera de los dos primeros termineitors o al Joker de la última de Batman. Es simple, el mal tiene que seducirnos y atraernos y eso se consigue con miedo, como en los casos mencionados, pero también se consigue con algo de “verdad”. Y es aquí donde quiero llegar, no hay nada más atroz como ver algo de nosotros y nuestros impulsos reflejado en un acto cruel, perverso o como quieras etiquetarlo. Ese, ese terrible mal, es el que me fascina y me aterra de igual manera.

Ya, muchos estarán maldiciendo mi nick, con el argumento de que ciertas películas (¡A Serbian Film! ¡A Serbian Film! ¡A Serbian Film!) no tocan esta tecla. Van a otra cosa. Y al arte hay que ponerle unos límites, que estamos locos, «que todo tiene un límite». En lo que respecta a mí, me puede parecer pornográfico (como sinónimo de hiriente para el espectador, no por mostrar un coito o a Sasha Grey en plena acción) cierto cine y cierta manera de hacer, entender o sobre todo mostrar el séptimo arte (En busca de la felicidad  es eso, pornografía barata), pero en ficción, nunca, repito, nunca voy a estar de acuerdo con censurar algo. Lo mismo para el arte en general. Aunque me parezca errado o una mierda o me entren ganas de pegarle de tortas al creador en particular.

Resumiendo; en el arte no hay nada peor que, en lo más oscuro de nuestra alma, desear el bien. Y encima obligar al resto a hacerlo. Se nos olvida que precisamente el arte sirve para entretener, hacernos pensar o mostrar el reflejo de nuestra alma. Con sus luces y sombras. Nos gustan las historias con gente malvada y agresiva porque nos ayudan a no sentirnos culpables de tener sentimientos malvados y agresivos en la vida cotidiana. El cine nos ayuda a expiar estos sentimientos.

¿O ahora vamos a encerrar a todos los que disfrutan con un giallo? ¿No es acaso dicho género famoso por una mezcla a todos los niveles donde no se sabe muy bien dónde está la raya divisoria entre el sexo y la muerte? Ohhh, los giallos. Pero qué cojonudos que son…

Admitámoslo, el mal tiene su morbo.

¿Qué opináis vosotros?

11 Responses to El mal y su atracción

  1. nanci_nanci dice:

    Mira, cuando se muestra un lado oscuro con algún propósito, un fin, una justificación, pues bien está… (valga la paradoja…) pero cuando les da por ser unos degenerados sólo por ver si te rompes un ojo al mirar, pues mira, qué quieres que te diga, que a lo mejor aplicar censura no, pero meterles un palo por el … digo, pero no sé, una llamada de atención pues sí.
    Ahora que…. ¿quién decide qué y cómo? Pues eso ya es más complicado o si no, mira que me pongan a mí misma que yo tengo muy bien el criterio 😀

  2. DeanMoriarty89 dice:

    El mal mola mogollón. Nadie lo ha retratado mejor que Haneke, de una manera tan ambigua y cruda. "El vídeo de Benny" o "Funny Games", son los ejemplos más claros de que la crueldad y los personajes más terribles conviven entre todos aunque no lo sepamos.

  3. sarajeski dice:

    ¿Entonces que hacemos con el gore? 🙁 Porque su propósito es entretenernos viendo como descuartizan a un chaval que pasaba por ahí. y mejor todavía, la gran pregunta de esas pelis es: ¿Conseguirá salvarse sí o no? Ahí radica todo su morbo, mientras el espectador está tranquilo siendo un mirón en su sofá de casa, disfrutando de algo que no debe disfrutar. Pero me gusta tu respuesta, es cierto que los malvados que te hacen pensar son geniales. Pero sigo insistiendo, los malvados que hacen el mal y reflejan parte de nuestra alma, son los que más me apasionan. Los peores. Estoy recordando El pájaro de las plumas de cristal, donde hay un asesinato con cuchillo, que es prácticamente una escena de sexo ( Cuchillo= falo). Es complicado no sentir cierto placer malsano viendo esa escena. O igual es que estoy para que me encierren… 😉

  4. nanci_nanci dice:

    El mal mola mogollón…. como el chiki-chiki 😀

  5. Neathara dice:

    Funny Games es fascinación por el mal, A Serbian Film es malexplotaition.

  6. nanci_nanci dice:

    La finalidad del gore debe de ser la diversión. Es decir, que esté hecho de "coña" y con mucho cachondeíto, pa entendernos. ¿Disfrutar con eso es lícito y moral? Sí, porque es un entretenimiento liviano.
    Entonces, ¿El gore "serio" y la maldad en sí misma en ciertas películas se puede permitir? Sí, igualmente pero explicando muy bien su fin (que en este caso será diferente al del divertimento :S). El que algo esté lleno de brutalidad no significa que deba carecer también de un mensaje o una idea (caso de Funny Games, caso de La naranja mecánica). En el caso en que ese mensaje simplemente sea la provocación (uséase, tocar los huevos), ahí es donde veo la "enfermedad".

  7. Ghibliano dice:

    Estoy de acuerdo con el fondo y por supuesto también con la idea de que las consideraciones morales no deben coartar la libertad de expresión en ficción, pero también hay que tener en cuenta de dónde nacen muchas de esas obras, es decir, no existirían si no asumieran ese riesgo de controversia, con lo que siempre me parece algo hipócrita que utilicen como herramienta para defenderse que la gente se ofende por tonterías o que es ficción; tú no grabas a un hombre tirándose a un recién nacido (aunque sea de trapo) si no es para provocar y cabrear, y en cierto modo que se den esas reacciones es lo que te has buscado conscientemente.

    Y sí, "A Serbian film" es un malexplotaiton como una catedral, pero lo de "mal" le viene porque lo hace fatal, no porque sea perversa.

  8. sarajeski dice:

    Nanci, realmente estás poniendo un límite, un "no pasar" al arte en general y al cine en concreto bastante inquietante. ¿El Gore debe estar limitado a unas cuantas coñas y unos efectos especiales y sobre todo a un maquillaje que podríamos catalogar de broma? Hay mucha gente que no ve ese tipo de cine por la mala calidad (que no siempre acompaña al género), es decir, no lo ven por el llamado "trash cinema", del que Nachete* o Snuff podrían hacer un libro entero (Asylum rules, amigos).

    Aunque no era la idea principal del artículo, acepto que daba pie a hablar de ello. Bueno, a rasgos generales tú lo que hablas es de moral o inmoral. En el cine esa cuestión ha dado ríos de tintas, desde ese famoso travelling de Queimada hasta el nuevo proyecto de Uwe Boll (se mostrará por primera vez las cámaras de gas en plena acción, con comedia incluida). defiendes una cierta idea de que el mal debe estar justificado, para hacernos pensar como ideal máximo (Funny Games, por ejemplo). Yo, personalmente, no me suelen gustan las películas que probablemente pasen tu "línea divisoria", pero también defiendo que estás no deben ser prohibidas y de que esa línea no es mucho menos tan palpable como comentas. Que algo me parezca inmoral asqueroso y repugnante (En busca de la felicidad, es de lo peor que he visto jamás, superando a cualquier fragmento de Guinea Pig, serie de películas consistentes en secuestrar y descuartizar a jovencitas en plano secuencia, alcanzando un realismo brutal) no quiere decir que esté a favor de censurarlo. Y volviendo al tema originario, me repugna la gente que quiere un mal del que no se sienta incómodo, o sobre todo, que no reconoce al ser humano en él. Y aquí caben muchas películas. "morales e inmorales", socialmente aceptadas o no, que te parezcan horribles o maravillosas. No a la censura de la ficción.

    * Sé que Nachete va a venir ahora a defender lo indefendible. Ese sí que es un enfermo. Por eso lo queremos por ello.

  9. DeanMoriarty89 dice:

    ¿Si el mal no te hace sentirte incómodo, entonces cual es su sentido? Lo bueno de una película es que puedes experimentar esa incomodidad sentado en una butaca o en el sofá de tu casa, y que te haga sufrir y pensar sobre hasta qué punto puede llegar nuestra crueldad. Personalmente el gore "serio" como dice Nanci no me despierta ninguna sensación de nada porque el truco está a la vista. Me acojonan muchísimo más películas como "Funny Games" o "Sombre" de Phillipe Grandieux.

  10. Nacho dice:

    Hablando de Guinea Pig, hace poco vi Flowers of blood and flesh, que planteaba vaciar a la violencia de toda intención moral o ejemplarizante (algo que no hace A serbian film). También, claro, prescindiendo del recurrente subterfugio cómico, que es otra forma de no hacernos sentir mal mientras contemplamos barbaridades. Por no tener, no tenía ni argumento, simplemente describía una tortura. ¿Cuál era el objetivo de todo ello? Ninguno, más allá del regodeo en la crueldad. Pero es precisamente la ausencia de justificaciones éticas (casi diría que hasta artísticas) lo más subversivo de la película, que demuestra que el Mal en pantalla puede existir simplementer para saciar un apetito morboso y, por qué no decirlo, también tremendamente humano. Charlie Sheen se volvió un poco locatis después de verla, aunque yo creo que ya venía tocado de fábrica. En cualquier caso, implica un incómodo punto de inflexión en el manido debate sobre los límites del arte.

  11. neathara dice:

    Yo creo que todo tiene que ver con el miedo a la muerte.
    Alienar el mal contribuye a convertirlo en un objeto no temible y qué mejor forma de alienar el mal que convertirlo en sujeto de entretenimiento.