Críticas: Los increíbles

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Esta semana, desde el traicionero cuartel de Shinra, tenemos crítica de Los increíbles por el estreno de Los vengadores. De Caith_Sith.

Marvel ha desplegado su artillería pesada con el esperado estreno de Los vengadores, la producción de Joss Whedon que ya ha reventado las taquillas mundiales (más de 176 millones recaudados en su primer fin de semana en países no americanos) y que se ha convertido en unas de las sorpresas (a nivel cualitativo) de la temporada. Pero esta ‘familia’ de iconos no le hace ni sombra a la que crearon los maestros de Pixar en 2004 con la sobresaliente Los increíbles (The Incredibles, de Brad Bird).

Varios años antes de que Up elevase a los críticos en el festival de Cannes con su maravilloso prólogo (por emocionante, sentido y concreto) la factoría Pixar ya nos había regalado media docena de joyas para atesorar y fue con este film de Brad Bird (cuyo currículum incluye formación en Amblin –Family Dog, su episodio de Amazing Stories, creó escuela-, Los Simpson -como consultor creativo en algunas de las temporadas de primeros de los 90- y la producción de la Warner El gigante de hierro) con el que el estudio demostró estar a un nivel muy por encima de la media. Los increíbles se inicia con un insuperable prólogo de un cuarto de hora en el que se nos presenta una realidad alternativa a la nuestra en la que los superhéroes son aceptados como tal. El problema surge cuando las cosas no salen como se habían planeado y una operación rutinaria lleva a que la ciudadanía acabe por aceptar una ley que obliga a todos estos salvadores a ocultarse y dejar de lado sus actividades heroicas, siendo obligados a vivir una vida “normal”. En este prólogo se define a varios personajes que volveremos a ver a continuación, siendo clave la aparición de cierto niño repelente que insiste en convertirse en el compañero del hercúleo Mr. Increíble.

Con las bases sentadas se da un salto en el tiempo y una elipsis nos muestra al antaño héroe trabajando en una oficina, con una ropa impersonal, explicándole a una anciana que no puede “hacer una excepción”. No sin dudas acaba cediendo a pesar de que eso perjudica a su empresa, lo que termina por llevarle a ser reprendido por su jefe. Su vida gris se extiende a la del resto de miembros de su familia: su mujer vive una ordinaria vida de ama de casa, sus hijos adolescentes (él hiperactivo, incapaz de resistir la tentación de usar su poder de agilidad, y ella una tímida muchacha con la capacidad de hacerse invisible) y su bebé, Jack Jack, forman una -en apariencia- típica familia de clase media norteamericana. Pero en el fondo Mr. Increíble añora el pasado y junto a Frozone, su mejor amigo, decide escaparse algunas noches para controlar que todo vaya bien en la ciudad. El tiempo ha pasado pero las heridas no se han cerrado… y pronto lo descubriremos cuando aquel personaje secundario resurja de entre las sombras para poner en jaque al mundo, amenazando para ello con romper esta unidad familiar.

Brad Bird firma en solitario (como ocurre con Joss Whedon en Los vengadores) el guión de esta prodigiosa película de aventuras y dedica el tiempo exacto a cada personaje para que con apenas unas pinceladas sepamos cómo son, cuáles son sus inquietudes e incluso que podamos ponernos en su lugar a la hora de tomar decisiones. Esta precisión (inaudita en gran parte del cine moderno de entretenimiento) se extiende a la forma en que se introducen subtramas, se incorporan personajes secundarios o se juega con los códigos del “género” (el de superhéroes) de forma orgánica y natural, dando la sensación que lo presentado en pantalla nunca se ha visto, devolviéndonos a un estado de inocencia pura en el que las emociones afloran una y otra vez al ritmo de las hermosas melodías compuestas por Michael Giacchino, ya uno más de la familia de genios que forman parte de Pixar.

Nutrirse en Los Simpson había dado bagaje suficiente a Bird como para que en sus posteriores trabajos supiese cómo ahondar en las relaciones entre sus personajes sin forzar situaciones innecesarias y mostrando sólo aquello necesario, que enriqueciese la narración en lugar de inflarla artificialmente. El gigante de hierro creaba un vínculo especial entre ese niño y el citado robot, viéndose ambos obligados a velar uno por el otro; en Los increíbles tenemos no dos sino hasta cinco lazos (o más bien cuatro, obviemos al bebé por motivos evidentes) y la cosa le sale incluso mejor. Hay numerosas secuencias en las que podemos percibir esta habilidad para capturar la cotidianidad de las acciones familiares y llevarlas a un entorno fantástico (la reunión en el colegio, la cena posterior esa noche, la aparición de Elastic Girl en el edificio de Edna -personaje doblado por Bird en versión original-, etc.).

Pero esto es una película de superhéroes (aparentemente en primera, pero más bien en segunda instancia) y no está exenta de la espectacularidad que se le confiere a estas producciones. Si Los vengadores alarga su climax durante gran parte del metraje para convertir la acción en una montaña rusa que rara vez cede, Bird lo hizo mucho antes con el añadido de saber hacer que cada secuencia de acción tenga un sentido dentro del esqueleto narrativo y no sea un simple pegote, siempre -insisto- sin abandonar la espectacularidad. El prólogo, la batalla contra la araña en la isla, la aparición del resto de miembros de la familia, el uso de los distintos poderes para resolver las situaciones. Y en todas partes: tierra, mar y aire. En junglas, ciudades o grandes complejos tecnológicos. La acción está rodada con una habilidad inaudita (años más tarde descubriríamos que ésto no fue un milagro -sirva recordar la huida inicial de Ratatouille o cualquiera de las set-pieces de Misión Imposible 4, en especial la de Dubai) dejando ver y no cortando planos cada dos segundos para marear al respetable.

Los increíbles es, además de una maravillosa experiencia que gana con cada visionado, una de las mejores películas de aventuras de las últimas décadas, que supone además una de las cumbres de Pixar y la gran película de superhéroes que puede verse de uno a noventa y nueve años. Yo no la recomiendo: la impongo. Superlativa.

Escrita por Pablo González (Caith_Sith)

One Response to Críticas: Los increíbles

  1. Miguel Quintero dice:

    Normalmente tengo una opinion solida y concreta de cada pelicula. Esta sin embargo, a pesar de lo bien que la conozco (muy cierta la frase de “mejora en cada visionado”) no me atrevo a decir algo si quiera positivo de ella. Hay varios factores. El primero: la primera vez que la vi fue cuando tenia unos 14 o 15. Era la edad de plena pubertad cuando se supone que ya los dibujos animados ya no te gustan tanto y tienes que ver otras cosas como MTV o que se yo. Pero tuve la suerte de tener un hermano menor que le encantaba tanto la peli que la compramos en DVD y todos los dias la queria ver (nada nuevo, asi hacia yo con los clasicos de disney como aladdin, El Rey Leon o Hercules), pero quien era el alcahueta que la veia con el? pues yo claro y la verdad que habia algo en ella que no me cansaba (y esto era antes de descubrir mi pasion por el cine). La pelicula tenia una cantidad de maticez y, ademas, explicadas con una simpleza y rapidez que aun desconozco. Hoy en el 2016 siendo director y habiendo cumplido mi deseo de trabajar en esta industria tan bella como es el cine, sigo viendo esta peli y no puedo evitar arrodillarme ante ella; sobretodo a un prologo tan perfecto que explica el conflicto del heroe (nunca mejor dicho) y la importancia de los personajes secundarios. Todo esto en ese prologo de 15 minutos que uno deseara que se extendiera mas. Luego lo que viene es puro arte. La mejor pelicula de superheroes sin duda. El secreto? Porque trata a los heroes como personas normales: Crisis de mediana edad, supuesta infidelidad, mediocridad, aburriemiento, inseguridad, deseos de grandeza, etc. Los sentimientos mas humanos en una persona en crisis y mas en los miembros de una familia que no lo tiene todo resuelto (y cual lo tiene?), pero no, esta es una familia de heroes, y al igual lo sienten, y quizas hasta mas que muchas personas fuera de la gran pantalla.

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