Críticas: De Nicolas a Sarkozy

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Un gran Denis Podalydès da vida al presidente francés en la recreación de su ascenso al poder.

Narrada en flashbacks partiendo de aquel domingo de 2007 en el que se produjo su victoria en las elecciones generales, De Nicolas a Sarkozy nace estigmatizada por retratar a un personaje fundido insoslayablemente con la actualidad diaria a nivel global. Difícil reto el que se plantea el guión de Patrick Rotman, nada menos que conseguir transmitir emociones a través de la evolución de un hombre que formaba parte de la primera plana ya en el momento de su alumbramiento. Un rótulo al comienzo advierte que las situaciones que se recrean son figuradas pese a basarse en personajes reales y, como en toda obra política que se precie, lo que se pretende aquí es trascender los meros nombres para contar una historia universal.

Denis Podalydès, al que recordaba en la muy reivindicable El pabellón de los oficiales (François Dupeyron, 2001), consigue hacer creíble a un Sarkozy del que el público, sobre todo el francés, conoce de antemano cada gesto y cada tic. Existía un gran riesgo de caer en el exceso al interpretarlo, más si cabe teniendo en cuenta el tono que adopta -o más bien al que se presta- la película. El de Versalles lo rehúye desde el primer instante, logrando internarse en la piel del personaje en una caracterización más que plausible. El otro puntal del reparto es Bernard Le Coq, conocido en España por sus trabajos a las órdenes de Chabrol o Haneke, que da vida a Jacques Chirac. A su trabajo se pueden aplicar los mismos calificativos que al de Podalydès, al lograr una credibilidad extrema a través de un personaje público. En menor medida, Samuel Labarthe hace suyo a Dominique de Villepin. Junto a los demás actores, destacando a Florence Pernel en el papel de Cécilia, constituyen el alma de una obra limitada que sobrevive en gran parte gracias a sus encomiables esfuerzos.

Porque, en el fondo, De Nicolas a Sarkozy no aporta nada más allá de la recreación solvente de unos hechos recientes. La historia de un hombre que asciende al poder enfrentado a su entorno y acaba superando las adversidades al precio de perder a su esposa, en este caso, no consigue suscitar un interés extra por el mero hecho de tratarse de un personaje tan conocido. La que puede ser su gran virtud se convierte también en una de sus grandes rémoras: a un proyecto de este tipo, por escasas que sean las expectativas iniciales, resulta inevitable exigirle más profundidad.

Seguramente sea muy atrevido afirmar rotundamente el carácter prescindible de una película así dentro del panorama actual, pero la sensación que queda tras su visionado no es otra. Aunque el punto de vista que adoptan Durringer y Rotman se agradece y es sin duda meritorio, acaba sabiendo a poco: se necesitan obras que se aventuren a captar de verdad lo que deja tras de sí esa ambición desmedida, con nombres propios o sin ellos; y De Nicolas a Sarkozy, a medio camino entre la sátira y la humanización del cargo público, llega a apuntar ligeramente esa senda pero acaba estancándose presa de la obviedad. Ah, y en los créditos no suena Carla Bruni.

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