Críticas: Battle Royale

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Esta semana se estrena Los juegos del hambre, que ya ha sido comparada con películas como El malvado Zaroff, Battle Royale e, incluso, Acorralado. Battle Royale por Pas.

«Al inicio del milenio, la nación sufrió una profunda crisis». Así arranca Battle Royale, una historia ambientada en el futuro que en parte parece haber acertado en su pronóstico del contexto económico. Se refiere obviamente a Japón, pero casi hasta da la risa cuando se refiere a un “15% de desempleo” con la que está cayendo en la Península Ibérica. Claro que en el año 2000, que fue cuando la dirigió Kinji Fukasaku, el latrocinio de bancos y políticos a escala mundial no afectaba tanto al hombre corriente. El largometraje está basado en un exitoso libro de Koushun Takami, publicado un año antes.

La premisa de partida es francamente absurda. Que la rebeldía estudiantil provoque una ley educativa basada en castigar a un aula al azar a matarse todos entre ellos no hay por donde cogerla. El largometraje se deshace enseguida de las pertinentes explicaciones y se centra en el juego de supervivencia entre alumnos de una misma clase. Y durante casi la totalidad de esos 113 minutos asistiremos a las peripecias de la chavalada para salvar su pellejo.

Esto no es como en la Cúpula del Trueno de Mad Max 3 («Two men enter, one man leaves»), aquí son más de veinte los que entran armados en el recinto de combate. Esto da lugar a una película basada en una sucesión de pequeñas historias sobre cada una de las escaramuzas entre jugadores en la batalla auspiciada por la nueva ley japonesa. El festival de violencia y escenas duras está servido. La sucesión de artimañas de cada competidor, desde el más salvaje al más cobarde, pasando por el calculador o el informático, confieren un ritmo rápido, en ocasiones frenético. También afloran las rivalidades previas entre los compañeros de clase, algo que da mucho juego en forma de alianzas y venganzas. La tensión se incrementa a medida que avanza el “juego” con las limitaciones de espacio y el descenso de supervivientes.

Para poder digerir mejor tanta sangre el tono es en muchas ocasiones irónico. Ese toque cómico lo proporciona en gran medida el carisma indiscutible implícito en Takeshi Kitano cada vez que sale en pantalla. El director admirado en Occidente y estrella de la interpretación en su país, representa a un profesor puteado hasta la agresión con arma blanca que ejerce de maestro de ceremonias en el Battle Royale. Es un personaje que está de vuelta de todo y se acomoda a la perfección en el sillón de mando. “Beat” Takeshi nos ofrece su habitual repertorio de tics, andares toscos y mirada de desquiciado. Las historias de filtreos y amistad endulzan lo justo también sin llegar a tocar la fibra, cosa que tampoco creo que sea la pretensión de Battle Royale. Quizá la excepción más lograda sea precisamente el momento lírico de Kitano con el cuadro y la alumna Noriko.

Battle Royale es una película-espectáculo. A diferencia de otras distopías claustrofóbicas más o menos contemporáneas (se me viene a la mente Cube, de Vincenzo Natali), esta no es una pesadilla kafkiana con numerosos enigmas. Aquí casi todas las cartas están sobre la mesa desde el principio y el espectador no tiene que hacer mayor esfuerzo que sentarse, reírse con las bromas y disfrutar de la carnaza.

No hay moraleja, salvo que en un exceso de búsquedas de pies en gatos se quiera interpretar que es una advertencia a los estudiantes de que tienen que portarse bien y respetar a sus profesores. Evidentemente, dudo mucho que cualquier adolescente que la vea se sienta aleccionado. Más bien celebrará con júbilo la generosa ración de entretenimiento rápido.

Escrita por Pas

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