AFF Sección Oficial: Un mundo cuadrado

Escrito por

Twitter icon

Continuamos con la Sección Oficial del Atlántida Film Fest. Hoy, turno para Un mundo cuadrado, segundo trabajo de Álvaro Begines.

Su arranque es idóneo. Cierto, recuerda demasiado a un producto audiovisual concebido para vender y convencer, pero tan cierto es como que ese montaje dinámico, esa voz en off típica pero bien integrada y esa fotografía tan bien encontrada mediante el uso del encuadre y el color saben atraer al espectador hacia una propuesta que traza una introducción con las herramientas justas pero necesarias como para que todo resulte ágil y, aunque con cierta sensación de déjà vu, tremendamente eficaz.

La cuestión es que esa sensación de déjà vu se traslada al resto de metraje y nos asalta constantemente durante los siguientes noventa minutos, y no sería malo si como mínimo Begines tuviese un poco más de mano con los actores o supiese dar una vuelta de tuerca más sugestiva a esa suerte de Robin Hood’s adolescentes que construye, tras los que no se esconde mucho más de lo que percibimos a simple vista. Mal asunto cuando toda esa premisa que empieza a cimentarse a partir del momento en que el personaje de Keith Richards le cuenta al protagonista en qué consiste esa idea de un mundo cuadrado, pero el único jugo que es capaz de sacarle el guionista es el de transformar una pandilla de tres chavales en unos vengadores que actúan entre sombras y cuyos actos, sin gravedad la mayoría del tiempo, se antojan más como un juego entre niños (adolescentes en este caso) que otra cosa.

La descarada intención de Begines por beber de influencias patrias recientes como el cine de Sánchez Arévalo y de querer construir alrededor de cada personaje detalles que les confieran ese punto diferencial y que tan bien funciona en el cine del autor de Gordos, lo único que logra es que volvamos a mezclar referencias en la cabeza y, para colmo de males, nos demos cuenta de que pese a que el cineasta andaluz domina lo suficientemente bien las tareas de montaje y post-producción, le faltan tablas para hacer confluir tanto ideas como actores con el talento del madrileño, y esa es una carencia que termina por repercutir directamente en un resultado que se antoja desabrido en ocasiones, y demasiado insustancial o incluso aburrido en otras, y no por el hecho de que Un mundo cuadrado aburra en sí, si no más bien porque el espectador casi nunca se ve sorprendido y rara vez es la que no anticipa por donde irán los tiros o que sucederá en pantalla.

Así, este curioso film que también remite a Los Goonies, pero sin su tesón ni magia, aun intentando dejar esos momentos estelares para que cada personaje posea una meta y una peculiaridad que hagan al público lograr una supuesta empatía, nunca se destapa como lo que podría haber sido y poseyendo instantes que se antojan más divertidos o entrañables que la media general del film, no sabe mostrarse con esa autenticidad que da el hecho de que no esté todo pre-cocinado, que es lo que le sucede vez tras otra a Un mundo cuadrado.

Su supuesto trasfondo y unas cuantas ideas con interés pero sin desarrollo no logran salvar un trabajo cuyo finiquito termina por ser la desidia que despierta y el hecho de que quiera alejarse por tono del cine español que estamos acostumbrados a ver, y acercarse por forma a un cine patrio que solo unos pocos tienen la virtud de saber realizar con el suficiente pulso como para salir airosos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *