Welcome to the N.H.K.: Bienvenidos a la soledad

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Un anime con aroma triste, maduro y con cierto humor negro.

Hablar de Welcome to the N.H.K. es hablar de una dolorosa derrota escondida sobre una capa de comedia corrosiva y crítica.

El anime comienza con una visión irónica e incluso surrealista sobre la sociedad, tomando como punto de partida a un hikikomori japonés, esto es, un chico que lleva los últimos 4 años de su vida encerrado en su casa sin salir para nada exceptuando algunas escapadas nocturnas al parque más cercano para fumar en soledad. Y es que, un buen día, sin un motivo aparentemente de peso, nuestro protagonista decidió que ya estaba harto de todo y de todos.

Así empieza la serie: Tatsuhiro Sato vive recluido y aislado entre toneladas de basura producidas por el mismo. Es un cobarde, un perdedor y un paranoico que simplemente está harto del mundo que le ha tocado vivir; para él nada tiene sentido. Sato es un bueno para nada, un otaku al que lo mismo le da por hacer fotos de bragas de colegialas como por estar 5 días seguidos jugando a un juego de rol masivo por internet. Un miserable desecho de la sociedad.

Todo cambia cuando llama a la puerta la aparentemente dulce Misaki. Tratando de demostrar que él no es un verdadero hikikomori, Sato se verá envuelto en una odisea donde tratará de luchar contra su enfermedad, ayudado por su único amigo y donde volverá a retomar el contacto con dos chicas de su tiempo en el instituto, cuando aún no era (completamente) un zombie. Por el camino, sectas que intentan sacarle los cuartos, videojuegos eróticos, quedadas de suicidas en una isla paradisiaca y un sinfín más de frikadas made in Japón.

Hasta aquí la sinopsis más tópica. Lo cierto es que el primer acierto consiste en presentar a unos personajes estereotipados al máximo sabiendo en todo momento que se juega con esa premisa. Lo segundo que llama la atención es que a pesar de que la posición de los personajes no sea la más indicada para causar cariño hacia ellos, lo logra con creces: terminan por resultar más humanos y cercanos que otras figuras del anime y esto se debe a sus derrotas diarias, con las que de una manera o de otra no nos queda más remedio que identificarnos entre sonrisas y carcajadas.

Porque la serie hará mella sobre todo en una cierta franja de edad, en aquellos que notan poco a poco como se les escapa la infancia o la adolescencia y se encuentran de pronto sumidos en una edad adulta que no terminan de entender del todo, con sus extrañas reglas que hay que seguir siempre. Y es que, al final, la serie, que viene de una novela corta y de la que ya antes se había hecho un manga, termina por tener una cierta amargura hacia la sociedad precisamente desde el punto de vista más indeseable y a priori indefendible; desde la esquina casi marginal (y mal vista) de los outsider menos queridos; los hikikomoris, los otakus y demás bichos raros. No es que defienda esta forma de (no) vida, pero es muy inteligente atacar desde allí. Salvando mucho las distancia, en eso recuerda a la maravillosa Trainspotting.

Como decía al principio, la serie está bañada de un humor negruzco que le viene como anillo al dedo. De hecho al principio la comedia es la parte más visible de la serie, para poco a poco, ir basculando hacía terrenos más nostálgicos y amargos. Es por ello que considero a la serie como un anime adulto, aunque no necesariamente para adultos. Pero, ojo, su amargura está bien escondida. No es algo que salga a relucir como si nada. Hay que buscarla y sentirla. Puede verse como una comedia negra y disparatada donde Sato, un tipo que no puede evitar ser un hikikomori por mucho que lo intente, mientras nosotros esbozamos una sonrisa al ver al bueno para nada de nuestro protagonista, trata de salir de su infierno particular para terminar más bajo y peor que antes, para desesperación de Misaki, la ¿heroína? que intenta salvar a Sato. Como digo, puede verse como una serie con un dibujo brutal y una banda sonora de ensueño donde predomina la comedia.

Pero olvidaríamos el alma de la historia. Y es un alma triste, sin final feliz (o en el mejor de los casos, donde destaca un amargo empate), donde los personajes no acaban consiguiendo sus sueños y terminan traicionándose para hacer lo que en definitiva la sociedad espera de ellos; que claudiquen, que vayan por el buen camino con una enorme sonrisa y olviden el pasado y sus anhelos. Y eso es jodido, pero que mucho. Entre carcajada y carcajada, entre las payasadas de Sato y sus pensamientos calenturescos sobre Misaki, mientras intenta realizar el sueño de su vecino de crear el mejor videojuego galge (erótico) de la historia y lucha contra la conspiración que le rodea inspirado por Kashiwa, estamos ante una historia de aprendizaje, aceptación y derrota. De madurar y hacerse mayor, vaya.

Welcome to the N.H.K. hace mención al canal de televisión público de Japón, donde en un delirio por llevar tanto tiempo encerrado (en su versión original, en el relato corto, se debe a las drogas que toma Sato) nuestro protagonista considera que es víctima de una conspiración por parte del mundo que le rodea (donde el mal es precisamente el canal público japonés). Lo cierto es que la paranoia comenzó en su primer día de universidad, cuando de pronto sintió que todas las personas que estaban cerca de él se reían de su persona. Si bien es parte de su cobardía disfrazar todos sus problemas en esta absurda paranoia, la verdad es que al final resulta que esta conspiración se materializa en más de una ocasión casi sin querer. Nuevamente la intención es presentar a un loco que acierta en sus locuras, aunque sea por accidente.

La serie es una bocanada de aire fresco en el panorama actual, aunque pudiéramos meterla en el saco de esa nueva hornada de animes donde se juega todo el tiempo con los lugares comunes y los personajes convertidos en clichés con patas (donde La melancolía de Suzumiya Haruhi tendría un puesto de honor) con humor e inteligencia. Para algunos destacará por su humor fresco, sus divertidas reflexiones o por mostrar parte de la vida de la sociedad japonesa más “friki”. Para otros, no será más que otra serie con un aire nostálgico donde se juega demasiado a la baza de la derrota y la soledad. Pero no obstante, para muchos, entre los que me incluyo, es un maravilloso anime donde se compagina a la perfección el humor adulto, sin huir de ningún tabú, y la amargura de hacerse mayor y el peaje que eso significa.

Es probablemente mi anime favorito junto con Cowboy Bebop. Me encantaría que se le diera una oportunidad a su locura, a sus carcajadas, a sus situaciones frikis, a su maravillosa banda sonora y su cuidado dibujo, a la soledad que desprende en muchas situaciones. A su amargura. Y a sus personajes. Conseguir que creas que tienes algo en común con esa pandilla de raritos es maravilloso. Porque no lo parece, pero estamos mucho más cerca de ellos de lo que pensamos. Igual de solos y perdidos.

Bienvenidos a la soledad de la conspiración.

 

Bonus: La canción por excelencia de la serie: Youkoso Hitori Bocchi, de Pear Kyoudai. Disfrutadla.

2 Responses to Welcome to the N.H.K.: Bienvenidos a la soledad

  1. Ghibliano dice:

    No, si al final terminaré viendo la serie y todo, ya verás.

  2. 661 dice:

    grande buena reseña buena serie en mi top 5 de lo que llevo de mis 32 años de vida

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