Críticas: Halloween II

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Como próximamente os deleitaremos con una lista de los mejores slashers de la pasada década, hoy nuestro compañero Vian trae un artículo de apertura reivindicando Halloween II, de Rob Zombie.

Ante la buena respuesta en taquilla de Halloween, el origen (2007), la productora azuza a Zombie para que tome las riendas de una continuación de la misma, un contrato que podría extenderse hasta una tercera parte si las cosas salieran bien. Zombie, quemado por el rodaje de la primera, y con el público dividido en dos grupos opuestos (los que, amando su reinterpretación del clásico, lo consideran el adalid del cine de género reciente, y los que,  decepcionados, tacharon el remake como menos que innecesario), sólo acepta con la condición de obtener plena libertad creativa. La productora, ingenua, aceptó. Y como era de esperar, no le renovaron el contrato para una nueva entrega, en pos de Patrick Lussier, quien dirigiera al loco de Nicolas Cage en la rescatable Furia ciega (2011).

Ahora, me permitiréis un pequeño inciso, hablemos de remakes. Porque ya estamos hartos de la fidelidad al clásico, éste siempre estará ahí con sus bondades para satisfacernos en cualquier momento, ¿por qué una reinterpretación debería ceñirse férreamente al mismo, sin siquiera atreverse a explorar alguna de sus posibles variantes? Queremos directores que se la jueguen, absorban el original y lo vomiten, que se apoderen del mito, lo estrujen y lo deformen a voluntad, adaptándolo a su propio universo y, por qué no, a los tiempos que corren. Aquí el fan acérrimo gritará exaltado, ¿¡dónde queda el respeto al original!? La respuesta es sencilla, nadie ha dicho que tuviera que perderse.

Queda claro que vengo a defender que Zombie lo ha conseguido. Jugaré con detalles de ambas partes, sobre todo con los relativos a la génesis de Michael, que tantas ampollas han levantado a diversos carpenterianos de pro. Volviendo al párrafo anterior y a los tópicos critiquiles, ¿cuántas veces hemos escuchado que el Myers original es la representación corpórea del mal? Un hombre del saco eterno, infalible e inmortal, cuyo afán sesgador de frágiles vidas adolescentes nunca decaerá. Y estamos de acuerdo en ello, pero un poco cansados también. Sorprendentemente, este pilar fundamental que sustentaba la obra original es el primer elemento subvertido por Zombie, que fija las coordenadas de Michael en un entorno desolador representado por una familia disfuncional, puro delirio white trash. Una vez introducido el lazo sanguíneo sobre el que orbita el díptico Zombie, nuestro Michael abandona el matiz inasible que lo caracterizaba para adquirir una fisicidad palpable y contundente, como el cine del director.

Es en la segunda parte, ya sin la carga de adaptar la original y con la productora al margen, cuando Zombie tiene la posibilidad de desplegar todo su imaginario y de adueñarse de una vez por todas de Myers, con una truculenta y extrema, a la par que ambiciosa, muestra de género. Sus protagonistas transitan caminos oscuros destinados a converger tarde o temprano. Michael, cegado por su deseo de ver a su familia reunida de nuevo (representado por una serie de secuencias oníricas que discurren entre el ridículo y la fascinación alucinada), camina en línea recta arrollando todo lo que encuentra a su paso. Laurie, en cambio, lucha por olvidar los sucesos acontecidos un año atrás, siendo presa de alucinaciones cada vez más frecuentes, para poco a poco darse cuenta de lo que sus miedos realmente representan. A su vez, el doctor Loomis (Malcolm McDowell) sigue lucrándose del fenómeno Myers mediante la publicación de un libro que narra toda su historia, sin ahorrarse detalles escabrosos que traerán el descontento de varias familias afectadas. Este trío será el encargado de llevar el peso de la narración, apoyado en unos secundarios que, también marcados por las atrocidades acontecidas en la ciudad, terminan de matizar las personalidades principales. Además de servir de carne de cañón para nuestro psicópata, claro.

Qué carajo nos está vendiendo éste, os preguntareis, dónde está la sangre, la violencia. No os sulfuréis, tendréis vuestra dosis, yonkis. Sin concesiones de ningún tipo, las muertes se van sucediendo sin necesidad de ampararse en el espectáculo circense (hola, Destino final), apelando a una realidad y una crudeza ya habituales en el hacer del director. Con un empleo ejemplar del sonido y una dosificación precisa de la tensión, Zombie consigue que cada puñalada duela sin necesidad de mostrarla y que nos estremezcamos con cada movimiento de ese mastodonte que es Myers, por mucho que sus víctimas no nos importen una mierda. Un ejemplo claro serían las secuencias iniciales, homenaje tramposo a la segunda parte de la saga, estrenada en España como Halloween II: ¡Sanguinario! (Rick Rosenthal, 1981), en la que Myers irrumpe en el hospital en el que internan a Laurie justo después de los hechos acontecidos en la primera entrega. Obviando la presentación de unos personajes que no la necesitan, Zombie despliega todo su arsenal en unos 10 minutos de delicia, con una Scout Taylor-Compton escayolada e indefensa escapando de Myers por los pasillos del hospital entre multitud de cadáveres, para finalizar escondida bajo una mesa en una caseta en medio de la tormenta, con los Moody Blues sonando en un pequeño televisor. Así, cliché sobre cliché, Zombie construye una serie de secuencias frescas por sí mismas, por sus benditas manos tras la cámara, exaltando el espíritu original de la saga y, por qué no, elevándolo un peldaño más.

Tiene sus defectos, claro. Puede llegar a resultar excesiva por acumulamiento de lugares comunes, y a alguno de los personajes, como el de Loomis, no se les saca todo el partido posible. También se le reprochan demasiados gritos psicóticos a Scout Taylor-Compton, encantadora en su representación de Laurie con su deje grunge, enfundada en su chupa de Black Flag. Vamos, los mismos reproches de siempre que no deberían frenar a ningún entusiasta del género.

No quiero finalizar de ésta manera, mentando errores que ni siquiera considero como tales. Debería verse aunque sólo fuera por su desquiciada, libérrima y extrema factura, representación absoluta del estilo del director, que alcanza su punto álgido en los minutos finales, en una alucinada secuencia en que el lazo sanguíneo se estrecha, las diferencias se desvanecen y el mito renace.

P.D.: Mención aparte para la banda sonora, que si bien no incluye el tema original de la saga hasta su aparición en los créditos finales (según Zombie, por no encontrar un lugar adecuado para ella), está surtida con lo mejor del hardcore y hard rock ochentero, además de algún clásico con más solera como el que sigue:

Texto escrito por Vian

2 Responses to Críticas: Halloween II

  1. Nacho dice:

    Lo único que me entuasiasma de esta secuela son sus veinte primeros minutos, después se vuelve bastante idiota/peñazo. De todos modos, es un slasher bastante decente, con las cosas típicas de Zombie. Molón en su grado mínimo, pero digno en general.

  2. misternny dice:

    Un slasher de arte y ensayo! Me encanta!

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