Críticas: Los idus de marzo

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La cuarta película como director de George Clooney destaca por su solidez.

Uno asiste al visionado de Los idus de marzo (título tomado de la fecha del asesinato de Julio César) casi intentando convencerse de que lo que está viendo merece realmente la pena, tal es el magnetismo que desprende la propuesta. Su impecable factura técnica, unida al brillante reparto, le confiere un empaque poco usual que prácticamente la asemeja a los mejores alardes de oratoria. Porque, cuando las luces se encienden, queda bastante poco de lo que hemos visto. Y, sin embargo, en unas hipotéticas elecciones votaríamos a ciegas a Clooney, cuya retórica ha sabido convencer al respetable en apenas 100 minutos de no suponer una pérdida de tiempo.

Pero si termina funcionando no es tanto por lo que cuenta sino por cómo lo hace. Su principal interés parece hallarse en la pericia con que describe los entresijos de una campaña política, así como en la universalidad de los personajes y ambientes que retrata, característica que amplía sus miras y le confiere un interés que logra ir más allá del ligero juego moral acerca de la integridad que sostiene la trama. Es un hecho como también lo es que, sin la brillantez de la sobria puesta en escena, la destacable partitura de Alexandre Desplat o el buen hacer de Phedon Papamichael, probablemente estaríamos hablando de una cinta poco más que mediocre.

Clooney desarrolla un buen papel y dirige con comodidad a los grandes nombres del reparto que, pese a no estar ante la película de sus vidas, tampoco defraudan. En especial un Ryan Gosling que vuelve a destacar, confirmándose como uno de los grandes valores de su generación y poniéndonos rápidamente en la encrucijada de su personaje. No es difícil encontrar paralelismos entre este joven portavoz de prensa víctima de la manipulación de su entorno y su magistral composición en Drive: ambos parecen moverse al margen del mundo y manejar a los que les rodean gracias a sus habilidades, pero acaban sucumbiendo ante un entorno y unas circunstancias implacables. Incluso, es de suponer que por pura coincidencia, un plano del canadiense al volante en cierto momento parece sacado de la película de Winding Refn.

El resto del elenco va desde Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti, que cumplen con su habitual solvencia, hasta una Evan Rachel Wood cuyo personaje supone, más que el de Giamatti, el detonante del conflicto. Aunque en este papel no luzca tanto como en aquel memorable duelo interpretativo que mantuvo con Kate Winslet en la miniserie Mildred Pierce, sí supone una explotación de sus cualidades mayor que la de otros personajes recientes. Su aparición sirve de punto de inflexión a partir del cual la película toma fuerza para ir de menos a más, hasta llegar a un tramo final que consigue reflejar bastante bien la evolución del personaje protagonista.

La dualidad antes comentada, que permite a la película explorar lo que se cuece en un gabinete político a la par que hace posible extrapolarlo a cualquier ámbito de nuestra sociedad, es la que consigue salvar los principales escollos del guión que firman el propio Clooney y Grant Heslov (Los hombres que miraban fijamente a las cabras), nominado al Oscar: sin ser especialmente ducho en la materia, no tengo la sensación de que estemos ante una película tan reveladora y crítica con el sistema como algunos han asegurado. En resumen, puede decirse que el discurso de George Clooney no asume riesgos ni llega a calar en ningún momento, pero convence.

2 Responses to Críticas: Los idus de marzo

  1. sarajeski dice:

    A mi me pareció que la película también se salva porque cuenta lo mismo que otras cintas sobre el mismo tema pero en ningún momento tenemos la sensación de repetición. En eso ayuda mucho la descripciones de los personajes. Buena peli, vaya, aunque con los actores que hay sobre la mesa uno no puede evitar que están demasiado desaprovechados en favor del protagonista.

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