Críticas: John Carter

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Disney nos trae esta marcianada que ha costado más de 250 millones y que huele a fracaso en taquilla. ¿La nueva 10.000?

John Carter no tiene excusa. No me vale eso de que su argumento suena trillado porque Una princesa de Marte es el libro en el que se han basado desde Lucas para escribir La guerra de las galaxias hasta Cameron y su mundo avataril. John Carter huele a rancio, a naftalina, a historia vista una y mil veces. Y no, no hay pretexto para hacer una película cutre gastándose 250 millones de dólares (promoción aparte). Porque ahí es donde está el principal problema. Que John Carter es cutre. Pero cutre, cutre.

Actores sin carisma, unos bichos que son una mezcla entre el Flip de La abeja Maya y una mantis religiosa (de los cuales uno por lo visto es Willem Dafoe, irreconocible), una ambientación que se las da de grandilocuente y que no impresiona a nadie, un 3D que no aporta absolutamente nada y un guión que hace de un patrón que se ha usado hasta la saciedad y con éxito en muchas ocasiones, el conocido en escritura como el camino del héroe, un completo fracaso desde el primer instante debido al más sencillo de los sentimientos: no consigue que a nadie le importe lo que está pasando.

Un descalabro inexplicable teniendo en cuenta la trayectoria de su director Andrew Stanton, una de las cabezas pensantes de Pixar (estudio responsable de la parte creativa de John Carter) desde hace un montón de años, y que ha dirigido entre otras aquel fantástico y profético cuento del futuro llamado Wall·E (2008) y aquella divertida búsqueda entre aguas marinas que fue Buscando a Nemo (2003). A John Carter le falta el alma que haga creíble lo increíble, un Lucas, un Spielberg, un Cameron que nos haga comernos con patatas todos los mundos fantásticos e inverosímiles que nos presentan. Stanton, desgraciadamente, y esperemos que esto solo haya sido un desliz producto de salirse de las barreras de la animación, no es ese hombre.

A nadie ha sorprendido el descalabro cuando ya se llevaba hablando desde hace tiempo del desbarajuste que estaba suponiendo su producción, de la que se llegó a decir que se había ido del presupuesto hasta en 50 millones de dólares, cosa que negaron sus productores, y que en previsión de su fracaso han decidido doblar la partida para promoción, yéndose hasta los más de 700 millones de dólares. No se si la llegarán a hacer rentable, pero sin duda ayudarán a que la más de uno pique y pague su entrada esperando ver algo que desde luego no es lo que se le va a ofrecer. Viendo estas cifras no puedo parar de pensar en la cantidad de películas de infinita mayor calidad que se se podían haber financiado, y que ahora misma continúan en un cajón, esperando que alguién este dispuesto a gastarse la mitad de lo que ha costado uno sólo de los saltos antigravedad de nuestro amigo terrícola.

Es muy difícil decir algo positivo de una cinta que es un continuo quiero y no puedo y que huele a fracaso total desde el principio. Si tuviera que destacar algo, o en este caso a alguien, sin duda sería a Dominic West, aquel fantástico McNulty de The Wire y que aquí nos vuelve a deleitar con esa cara de maniaco que nos avecina que será capaz de todo por lograr sus objetivos.

Pero ni un tío como West es capaz de levantar esto. Es entonces cuando comienza el debate: ¿podrá superar John Carter a la debacle que supuso 10.000 (Roland Emmerich, 2010)? Yo sinceramente no lo creo, porque ni siquiera es una de esas películas en las que las risas no provocadas van a saltar a la palestra, cosa que sí pasaba en 10.000 y que la hacía, al menos, risible. Hasta para eso, amigos, hay que tener arte, y aquí no hay ni una gota. Dios mío, ¿acabo de llamar artista a Roland Emmerich? Mira lo que has hecho de mí, John Carter de la Tierra.

2 Responses to Críticas: John Carter

  1. sarajeski dice:

    10.000 es la única película donde la viejecita de la tercera fila del cine Segle XXI de Terrassa se fue de la sala. Es decir, son palabras mayores, cuidado con lo que dices tío…

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