Imitación a la vida (Douglas Sirk, 1959)

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Imitación a la vida

Cumbre de género.

Durante el visionado de ciertos melodramas uno comprende que el gran teórico Siegfried Kracauer utilice este género como ejemplo de cine a rechazar. Durante el visionado de Imitación a la vida (entre otros grandes melodramas) uno comprende que Kracauer es grande, pero que nadie dispone de la verdad absoluta y que las teorías radicales a menudo tienen una tara: la simpleza de la generalización, la desmesura de la escisión. Y es que, con una desbordante madurez creativa y apoyado en el director de fotografía Russell Metty, Douglas Sirk realiza en Imitación a la vida una exquisita composición de imágenes inolvidables al servicio del sencillo y poderoso discurso de la novela de Fannie Hurst.

Imitación a la vida

Lora Meredith (Lana Turner) es una aspirante a actriz que se traslada a Nueva York persiguiendo un sueño que no la abandona desde la infancia; Annie Johnson (Juanita Moore) es una criada negra dotada de una profunda sabiduría popular y mucha paciencia; Susie (Sandra Dee) es una chica infantil y enamoradiza que se muere por ser mayor; Sarah Jane (Susan Kohner) es una mulata que parece blanca y ansía ser tratada como tal; Steve Archer (John Gavin) es un hombre dispuesto a renunciar a sus aspiraciones artísticas por la mujer con la que quiere casarse. Éstos y algunos más son los caracteres que habitan la película (todos ellos perfectamente definidos y totalmente complementarios) y que forman parte de una historia repleta de emoción y vida propia.

Imitación a la vida Douglas Sirk

En Imitación a la vida el relato está ordenado de tal forma que se siente el paso del tiempo con una fluidez natural, maestra; al término, los personajes pasan a formar parte de la historia del propio espectador. Sus marcadas obsesiones pueden dar pie a ser juzgados planos, pero se incurriría en un error: son complejos, tridimensionales, portadores de un tormento interior manifiesto. Además, ¿quién no tiene una o muy pocas obsesiones y organiza su existencia, o su pensamiento, o su recuerdo, en base a ella/s? En la mayoría de personajes de este filme palpita el niño que esconden y que a veces, unos más y otros menos, muestran impúdicamente. Hay, asimismo, en ellos una tensión entre el sueño que aspiran hacer realidad y el amor en un juego social de claroscuros en el que decantarse por uno u otro casi nunca satisface, o no por completo.

Esta película redonda de pasiones, compromisos, encuentros y desencuentros exhibe un ritmo que vapulea al espectador, que no le concede tregua, que conduce su visionado por el sendero del sentimiento puro, a menudo con dosis de complejidad y valentía. Sirva como muestra contundente una escena en la que Sarah Jane, la mulata blanca, recibe una brutal paliza a ritmo de jazz.

2 Responses to Imitación a la vida (Douglas Sirk, 1959)

  1. McTeague dice:

    Coño, ayer justo estaba yo esbozando una crítica de esta peli para FA.

    Es una maravilla, y tiene alguna de las ideas más emblemáticas de Sirk. Esa Lana Turner que dice aquello de “¡Por favor, créeme, ahora no estoy interpretando un papel!” (o algo así) mientras se coloca estratégicamente en la escalera, debajo de un foco que ilumina teatralmente su cara, es un resumen magistral del estilo y los temas de Sirk.

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