El proyector: secuencia de Déborah G. Sánchez-Marín

Escrito por

Twitter icon

CAH / Paranoid Park I

Déborah García Sánchez-Marín nos trae el análisis de una relevante secuencia de Paranoid Park (Gus Van Sant, 2007).

Keep your things in a place meant to hide
But I know they’re there somewhere
And I know that’s where you’ll go tonight

Elliott Smith – The White Lady Loves You More

En Paranoid Park, Gus Van Sant no sólo relataba la historia del adolescente skater que de manera involuntaria mata a un vigilante de tren en Portland. La película nos habla de la incapacidad de toda una generación de jóvenes skaters, desorientados y autómatas, que encuentran grandes dificultades para adaptarse al mundo exterior. Sólo Paranoid Park, ese lugar simbólico sobre el que parecen confluir todos los hechos, obedece a sus dictados, sólo desde Paranoid Park, alegoría de la iniciación a la vida y de la pérdida de la inocencia, parece prolongarse la existencia de una manera totalmente contradictoria. El director encuentra en la funesta historia del patinador una excusa para abordar el malestar de la cultura norteamericana y el del propio Cine.

La secuencia que he elegido está dividida en tres momentos distintos, y se inicia cuando suenan los primeros acordes de «The White Lady Loves You More» de Elliott Smith, el autor contemporáneo más intimista y minimalista desde Nick Drake. En el inicio, Alex aparece en un primer plano donde se le ve escribiendo sobre el cuaderno, intentando recuperar de su memoria lo sucedido, como queriendo redimirse. Es entonces cuando, como surgida del papel, aparece su propia figura abandonando la clase en la que el policía le ha estado interrogando y comienza a caminar por el pasillo. Música e imagen, que en la película irán tejiendo dos tramas independientes, acaban en este momento fundiéndose y corporeizándose cuando el tiempo se ralentiza para enfatizar aún más esa sensación alucinada de ensoñación en la que el protagonista se encuentra.

Ese caminar de Alex, registrado por la steadycam durante minuto y medio, encierra una doble metáfora: las continuas idas y venidas del protagonista desde el interior de su mente al exterior, en un intento por rescatarse de ese halo como de ensueño en el que ha quedado suspendida su vida; y la incertidumbre de Gus Van Sant, como director que se afana por salvar los desechos de un cine que ha devenido en muchos. Una secuencia resumen de la película en la que está inserta, y de la trilogía que la precede. Es la secuencia que da inicio al nuevo siglo. Un único plano, largo y denso en el que es el propio Cine el que avanza por el pasillo y el que lucha por desembarazarse de la agonía sobre la que ha estado caminando como un zombie. Un cine que amenaza al relato tradicional, donde los géneros se confunden y se mezclan, y en el que la narrativa clásica, se fragmenta y se interrumpe. El último corte de esta secuencia es una sucesión de imágenes que representan ese espacio del cine donde los skaters, como el director, experimentan, piruetean, y hacen del tiempo y del movimiento poesía.

CAH / Paranoid Park III

2 Responses to El proyector: secuencia de Déborah G. Sánchez-Marín

  1. @Snuff dice:

    Bravo. El artículo me ha puesto los pelos de punta, en serio. Esta película me llega mucho…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *