Críticas: The Greatest Movie Ever Sold

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Inauguramos nueva sección mensual con el nuevo trabajo de Morgan Spurlock, director de Super Size Me. Cinema Doc nace con la voluntad de acercar un género que no siempre tiene la repercusión que merece, pero que sin embargo no cesa de ofrecernos trabajos dignos de mención. Aquí tendrán cabida tanto las obras más destacables como otras que no lo sean tanto, aunque damos por hecho que habrá un claro predominio de las primeras.

El título con el que nos estrenamos se centra en el mundo de la publicidad. Hace hincapié en sus efectos en la industria cinematográfica, preguntándose hasta qué punto los anunciantes condicionan el contenido de la película y coaccionan la libertad del creador. Suelen insertar sus mensajes mediante técnicas consistentes en la integración de una marca dentro de la propia narrativa, en la que se intentan vender evitando pocas veces caer en lo forzado.

Hasta aquí, no hay nada de lo que el espectador de documentales medio no tenga una ligera noción previa. El tremendo influjo de la publicidad en nuestro tiempo es un tema que resulta interesante, pero al que Spurlock no aporta nada realmente novedoso. Lo que importa en The Greatest Movie Ever Sold (en España estrenada en Canal+ con el título de La historia más grande jamás vendida) es el planteamiento inicial.

Y es que el propósito de Morgan Spurlock es hablar del product placement en la industria cinematográfica… en un documental financiado íntegramente a través del mismo. Es decir, durante el primer tercio del metraje el propio director se dedica a contactar con potenciales anunciantes, vendiendo desde el hotel en el que se alojará durante el rodaje hasta el título de la película (gracias al millón de dólares de una empresa de zumos). El resto es una indagación en este mundo copada, paradójicamente, por las marcas que han invertido y condicionado las localizaciones en las que el documentalista se mueve.

The Greatest Movie Ever Sold muestra igualmente el proceso de creación del propio trabajo, en el que el autor se revela maleable, preso de los contratos que previamente ha tenido que firmar con los inversores. Inversores a los que, como no podía ser de otra forma teniendo en cuenta las cantidades vertidas en el proyecto, no deja en mal lugar, aunque siempre bajo el grueso barniz de la sátira.

Spurlock, reincidiendo en la línea humorística que ya mostró tanto en la mencionada y superior Super Size Me como en la entretenida pero fallida Where in the World Is Osama Bin Laden?, es el protagonista absoluto de la función y el rostro que vemos durante la mayoría del minutaje. Los entrevistados van desde directores de cine como Brett Ratner, Peter Berg o el mismísimo Quentin Tarantino hasta miembros de grupos como Outkast o los OK Go (que, en el enésimo alarde de ese gancho que siempre parece ir por encima de su carrera musical, componen el tema principal de la banda sonora). También intervienen personalidades como Donald Trump o Noam Chomsky, en todo momento tras una botella del patrocinador de la película. Pero todos ellos están a la sombra del propio Morgan, que obligado por los contratos va más allá y también protagoniza tres breves spots intercalados en el metraje.

En definitiva, queda un trabajo curioso no tanto por su contenido como por la forma en la que se plantea, que conduce a reflexionar (de manera más bien liviana, hay que decirlo) acerca de la integridad del creador ante el mensaje publicitario. Recomendable siempre que se trague al director y centro absoluto de la función, aquí ligeramente más comedido que en su título estrella.

 

por Sergio de Benito

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