Críticas: Take Shelter

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A pesar de la mezcla de géneros y su tono, el cineasta Jeff Nichols aprovecha esta cinta para hablarnos del miedo, sus secuelas y de como lo destruye todo.

Particularmente, asocio la nueva propuesta del director de Shotgun Stories (2007) con aquella otra de Frank Darabont titulada La niebla (The Mist, 2007). Y es que ambas usan el género para hacer un ejercicio sobre el miedo en nuestra sociedad actual post Once de Septiembre yanki. De igual manera, las reglas de las cintas apocalípticas han cambiado; ya no se trata de evitar el desastre que pueda aniquilar a la raza humana (Armageddon, por ejemplo) sino de intentar sobrevivir a ese desastre.

Con todo ello lo que quiero decir que es el filme funciona como una alegoría de los miedos que nos consumen y de cómo nos destruyen. Lo curioso es que su director nos traslada a un pequeño pueblecito americano donde están acostumbrados a los tornados. Pero no es este miedo contra el que lucha el personaje de Michael Shannon, sino contra un miedo que no consigue materializar más allá de sus sueños, donde tampoco deja bien claro por qué ocurren las cosas que ocurren.

La película comienza con la feliz vida de Michael Shannon, un trabajador con un una hermosa esposa y una niñita sordomuda a la que el seguro de trabajo va a pagar el caro tratamiento. Una noche, nuestro feliz padre de familia tiene un sueño. Un mal sueño. pero no uno normal; este es demasiado real y deja secuelas en el cuerpo al despertar. En su crónica del festival de Gijón, el amigo Talamasca ya hacía referencia a que los miedos del prota, escenificados en tormentas, correspondían a los miedos que asolan a nuestro tiempo; la pérdida del empleo o la sensación de no poder proteger a tu familia. De todas formas, Michael queda tan asustado por esos sueños que no tiene tiempo de interpretar su significado y comienza a prepararse para la inminente tormenta que vendrá.


Así que, mientras nuestro Noé comienza a construir su arca, sus miedos, en el plano más abstracto, comienzan a hacerse realidad. Por otro lado, durante toda la película asoma la duda; ¿se trata de un síntoma de locura (que ya tuvo su madre cuando tenía casi la misma edad que él) o verdaderamente tiene sueños premonitorios? Esta duda no abandona nunca el relato, porque mientras más avanza la cinta, más loco parece que se vuelve pero más reales se convierten esas pesadillas. Irónicamente, nuestro héroe se empeña en salvar a su familia mientras la condena de manera irremediable con sus acciones.

Esta obra de cine apocalíptico nos presenta a un hombre que poco a poco va perdiendo todo lo que le rodea: la razón, la amistad, la comunidad… al final sólo queda un hombre en una cueva, aterrado; la vuelta del ser humano a las cavernas. Todo, bañado en una sólida historia, donde nuestro punto de vista pasa del protagonista a su mujer, una maravillosa Jessica Chastain que ha tenido un gran año en cuanto a papeles. El personaje de la actriz que enamoró a medio mundo por su actuación en El árbol de la vida se mueve entre el dilema de seguir ciegamente al hombre que ama aunque no crea en él o volverse contra su figura. Mientras, Michael Shannon sigue construyendo su refugio, cada vez más solo.

El relato avanza con buen ritmo salpicado con instantes de gran tensión en los sueños de Curtis, nuestro protagonista. Llegado un punto, el director decide dejar de enseñarnos estos instantes para ser contados por boca de su su sufrida víctima. Nichols sabe perfectamente cuando acercarnos y cuando alejarnos de la cabeza de Curtis para crear la duda necesaria en el espectador. También es consciente de que la sobreexplotación de este mecanismo hace que pierda fuerza con el paso del metraje, dejando para la recámara un último sueño que es el que tiene más importancia, no por su crudeza, sino por todo lo contrario.

Desgraciadamente, no todo es perfecto en el relato. La parte que adquiere más tintes de cine social (muy bien barnizado, eso sí, con otros géneros) llega a saturar. Y sobre todo, el gran problema de la obra es ese final que directamente manda a la mierda todo lo anterior contado en la película, traicionándose a sí misma y engañando al espectador. Es una resolución muy polémica que quiero analizar de manera más detallada, aunque sin spoilers, en otra entrada de la web.

Así que nos queda una película muy recomendable, aunque lejos de ser perfecta, y con un final para olvidar. De todas formas es curioso ese cariz que está adquiriendo estos últimos el cine apocalíptico: la mejor obra sobre la crisis financiera la ha realizado Abel Ferrara sobre el último día en la tierra de un hombre en busca de redención, Lars Von Trier también ha destruido el planeta a lo grande para hablarnos de la depresión que lleva el pobre encima y los zombies asolan la pequeña pantalla mientras se hacen cienes y cienes de películas sobre ellos, Darabont usa el género puro para hablar sobre el miedo y ahora Jeff Nichols vuelve sobre sus pasos aunque de manera más madura y sin discursitos de brocha gorda.

Si estuviésemos atrapados en uno de los sueños de Michael Shannon, el diagnóstico sería que estamos cagados de miedo.

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