Críticas: La invención de Hugo

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Martin Scorsese dirige una de las películas más imprescindibles del 2011 y la máxima nominada a los Premios de la Academia con once candidaturas. ¡Y en 3D!

Cuenta la leyenda cinéfilo-urbana que en el pasado festival de Cannes el jurado fue ‘amenazado’ por el propio director artístico del certamen con que «la historia los juzgaría» si no concedían la Palma de Oro a El árbol de la vida. ¿Cómo juzgará la historia a aquellos que seguramente no encumbren en la próxima entrega de Premios de la Academia a La invención de Hugo? Es la máxima nominada pero nadie cuenta con ella para pescar ningún premio. Parece que por sus aires de película infantil y cine familiar ha sido menospreciada por una amplia mayoría dando el beneplácito dorado a filmes como The Artist o Los descendientes, cuando la película de Martin Scorsese los deja, en mi opinión, a la mismísima altura del betún.

Resulta, además, muy curioso que en el mismo año que los franceses hacen sus maletas rumbo a conquistar Hollywood(land) para rodar un homenaje al cine más sofisticado, elegante y clásico que marcó época, con o sin voz, los americanos rindan tributo al cine indagando en sus orígenes y exhumación viajando… ¡a Francia! The Artist y La invención de Hugo tienen un bellísimo punto en común: su amor innegable por el cine. Pero mientras que Michel Hazanavicius realiza una brillante reverencia por el viaje a la referencia, Martin Scorsese decide indagar en los cimientos y fósiles cinematográficos para reproducirlo con el lenguaje visual contemporáneo (también pasado y universal) encajándolo en nuestro mismísimo presente y realidad mediante el uso del 3D. Una triple pirueta mortal de la que sólo puede sobrevivir un genio y maestro. No sólo el 3D está plenamente justificado y dignificado por obra y gracia de Scorsese sino que el cineasta despliega aquí su cinefilia para reinterpretar y entender el lenguaje cinematográfico. Hazanavicius parece un simple copista del maestro que se reinventa en cada trazo para desarrollar una obra maestra.

La invención de Hugo es el más precioso viaje a luna de los sueños cinematográficos que funciona como una transcripción de la belleza de contar historias y revivir las fantasías que habitan en la mente. Partiendo del deudor e imprescindible material gráfico y narrativo de Brian Selznick el director de Toro salvaje ha entendido la película como un perfecto mecanismo de piezas en perfecto movimiento donde todo funciona con absoluta exquisitez. Scorsese muestra la chistera (la Llegada del tren a la estación de La Ciotat de los Lumière o El hombre mosca con Harold Lloyd) para después sorprender con un genial truco donde se integran sus secuencias a la propia narración del relato. Y ahí, en ese punto, sólo queda el aplauso y la ovación. Hugo Cabret, un pequeño huérfano, ladrón por necesidad y relojero prácticamente invisible, actúa como el director y espectador de esos resortes humanos de un gran reloj llamado vida que orbitan a su alrededor. Su deber existencial, sin saberlo, es que esas aparentes disfuncionales y desconsoladas vidas se ‘arreglen’ para que poner en marcha también nuestras emociones. La invención de Hugo puede ser vista como un cuento donde los antagonistas de los personajes son ellos mismos y deben encontrar el fallo en su mecanismo para que puedan funcionar correcta y felizmente.

Algunos criticarán la blandura y el calado infantil de la obra pero precisamente es la metáfora al celuloide que intenta desenterrar. En aquel entonces todavía los primeros expertos e historiadores del cine no habían encontrado todas las piezas de los mecanismos que  lo pusieron en marcha. La brecha abierta por la Primera Guerra Mundial, motor dramático también de la película, supuso que el poder y magia del cine quedará apagado esperando que otros lo encendieran más adelante. Como una ruptura y también evolución del silente dando mayor ponderación a la industria norteamericana, que cogió el relevo con una Europa todavía sumida en la cicatrización de sus heridas por la Gran Guerra.

La película se mueve como homenaje y resurrección del mito y la grandeza del cine pero también como un cuento sobre una metáfora de esos jóvenes que se adentran en un misterio que abre secretas cerraduras, con forma de corazón, y reaniman lo que aparentemente está inerte y aparentemente muerto. ¿No es acaso eso el cine, la literatura y, en definitiva, la vida? ¿Buscar y desenterrar el pasado para poder seguir soñando, haciendo magia y contando historias en el futuro? ¿Hallar ese material con el que se hacen los sueños para que otros los contemplen y se atrevan a soñar? ¿A viajar hasta lo imposible desde lo posible? La invención de Hugo se confirma el más bello canto del cine contemporáneo a amar las películas, su historia y la forma de contar y vivir historias. ¡Tenga cuidado! Un cohete llamado La invención de Hugo va a despegar y a alunizar directamente en sus ojos, atravesando sus retinas, pasando por su cerebro, para clavarse eternamente en su corazón…

22 Responses to Críticas: La invención de Hugo

  1. Rizzo7 dice:

    Pues a Boyero le ha dejado la película a medias y la citó junto a la última de Eastwood como películas decepcionantes 🙁

  2. A Boyero tampoco le gustó Infiltrados porque confundía mucho a Leonardo DiCaprio y Matt Damon.
    Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/hemeroteca/2006/11/

  3. @Caith_Sith dice:

    Bastardo… :(. Imagino que con su revisión en 3D harás un +1 a tu nota en yasabesdonde :).

  4. neathara dice:

    El niño da bastante asco, es un Camilo Sesto remakeado por Tim Burton.

  5. nimboestrato dice:

    A mí lo que menos me gustó es el exceso de casualidades en la construcción de la trama principal. Dicha trama me parece muy endeble narativamente. Para mí tiene 20 minutos geniales (los dedicados a homenajear al cine) y el resto es poco más que pasabel. Un 7 en total.

    • Te copy-pasteo la respuesta del podcast, que estoy vago.

      Pareces Boyero… 🙁
      Es una adaptación de una novela-novela gráfica en la que ocurren las cosas como plasma la película aunque han intentado pulir todos los detalles alrededor de la historia de Hugo Cabret para dar brío a los secundarios y ser más explicativos.

      Se le están criticando, entre otras cosas:

      – Los diálogos de los niños, impropios para su edad. Hugo es un niño inteligente que tiene que sobrevivir en un mundo hostil e Isabelle es una muy ávida lectora de libros (y para nada infantiles). Son niños que han crecido demasiado rápido y mucho más adultos que su edad natural. Si empezamos a cargarnos sus diálogos de niños entonces también quememos los libros de Charles Dickens, ¿no?

      – Se han criticado también giros de guión sobre la información que disponen los historiadores como si estuviéramos en pleno Siglo XXI con twitter, wikipedia, registros a lo "CSI".

      No sé, como siempre, cargarse una película es relativo y decir que algo está 'mal construido y basado en la casualidad y porque el guionista quiere' es aplicable a todas las obras maestras cinematográficas del séptimo arte. Sin ir más lejos, razonando de este modo todo lo que ocurre en "The Artist" o "Los descendientes", dos de la favoritas para conseguir el Oscar, es fruto de la casualidad y, por lo tanto, absurdo y mal construido.

      Tal vez la película haya que mirarla con el prisma de esos niños que descubren el cine y se (nos) emocionan. Si te fijas en el truco, como en las películas mudas de los orígenes, sólo verás la trampa. Por cierto, de eso también habla "Hugo".

  6. nimboestrato dice:

    Pues no estoy de acuerdo. Los guiones, al menos los buenos guiones, funcionan solos, crecen con naturalidad desde un punto de partida bien diseñado. Los personajes se desarrollan coherentemente con su forma de ser y las acciones se desencadenan sin el elemento 'casualidad' absolutamente presente.

    Con lo de "ocurre porque el guionista quiere", me refiero a la multitud de trampas de guión que la peli contiene. Si el policía va siempre a patrullar con el perro, no puedes hacer que cuando te apetezca el perro desaparezca del mapa sólo porque Hugo tiene que lograr escaparse. Eso es una trampa. Si te pones a pensar cómo y dónde se ducha el niño, por ejemplo, pues te das cuenta de que la película obvia ese tema porque no tiene fácil solución. Si analizas cada persecución no puedes más que reírte porque son bastante absurdas y están resueltas de mala manera, como esa salida a lo spiderman del chaval…

    Y una cosa es que la casualidad esté presente en el primer acto como desencadenante de la acción (cosa permisible) y otra es que esté presente en todo momento. Lo de la llave del autómata en manos de la niña porque un día su madrastra decide dársela porque un día su marido se la dio en lugar de entregarla con el muñequito al museo (sin ella el autómata no funciona?!?!?!) es ridículo. Y así multitud de cosas. Hay una lista más extensa en la crítica de mi blog: http://portaldelasota.blogspot.com/2012/02/critic

    No veo en absoluto como esto que digo tiene que ver con las películas que citas ("The Artist" o "Los descendientes").

  7. Laura M Solano dice:

    Es la magia en el cine. Y punto.

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