Críticas: Cristal Oscuro

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Aire, tierra, fuego y trapo: toca reivindicar la obra capital del Rey de los Muñecos.

Jim Henson, Jim Henson, Jim Henson. Di tres veces su nombre ante un espejo y tu infancia aparecerá para guiñarte un ojo. Padre adoptivo de la generación de los ochenta y creador de los Teleñecos, los Fraguel, Barrio Sésamo y Dentro del laberinto, el marionetista y director de cine dejó para la posteridad una obra oscura y crepuscular que la chavalería de aquel entonces no supo entender del todo, prefiriendo otras aventuras más alegres y quizás volviéndose a encontrar, en la edad adulta, con esta maravilla sin saber cómo clasificarla.

¿Es Cristal Oscuro la obra más personal de Henson? No lo creo. Todas las criaturas del marionetista están creadas desde el corazón y desde el espíritu de diversión. Pero lo que distingue a Cristal Oscuro de las otras es que es quizás, la terrible tristeza que se desprende de ella. Se trata de una película complicada de clasificar: ¿Alegoría? Sin duda. ¿Poema? En ocasiones. ¿Aventura? Sólo en el sentido en que la vida lo es. ¿Cuento infantil? Definitivamente, no.

La película comienza en otro mundo… en otro tiempo… en la era de la maravilla… hace mil años… Una voz en off empieza a narrar sucesos de otra época, antes de que diera inicio la era oscura…

Una extraña raza, los Urskeks, habitaban en la tierra en aparente armonía guardaban con celo un tesoro maravilloso llamado el Cristal Oscuro. Alguien o algo dañó el cristal y lo partió en dos fragmentos, lo cual dividió a la raza en dos pueblos distintos: los malvados Skeksis y los pacíficos Místicos, quienes viven vinculados por su común origen, siendo así que cuando un Skeksis muere, el Místico recibe el mismo daño. En el momento en que se desarrolla la historia, quedan apenas diez miembros de cada raza. Los Skeksis han dominado el mundo maltratando y sometiendo a todas las criaturas, en concreto a los gelflings, unos seres que, según una profecía, estarían destinados a reparar el cristal, uniendo a las dos razas de nuevo en una sola. Los Skeksis han exterminado a todos los gelflings…pero aún queda uno, un ingenuo muchachito llamado Jen, que ha sido criado y protegido por los sabios Místicos para poder llevar a cabo la misión de retornar el cristal y establecer de nuevo el equilibrio en el mundo.

Tras esta historia de buenos y malos que aparentemente, no resulta demasiado original, está un inmenso trabajo de Henson y su equipo para llevar a la vida su primer mundo sin humanos: un mundo inédito desde las patitas de las criaturas hasta las copas de los árboles que se agitan con el viento, un mundo precioso que cuando eres niño te entra por los ojos y te maravilla por la facilidad con que parecer haber sido creado, hasta que eres mayor y la vuelves a ver y ya flipas con la cantidad de detalles que tiene y lo jodidamente difícil que debió ser construir todo aquello, la más pura arquitectura del sentido de la maravilla.

Como constante regalo para los ojos, Cristal Oscuro no deja de sorprendernos: pero esto no es todo. Poco a poco nos vamos introduciendo en la historia de Jen, el héroe a su pesar. Su travesía por el reino hensoniano incluye el descubrimiento de los seres que lo habitan y la comprensión por el mal -encarnado por los Skeksis- que los oprime. Nos compadecemos de ellos porque están creados desde la verdad y son tan genuinos como cualquier otra cosa existente sobre el planeta. Durante la duración de Cristal Oscuro, suspendemos la incredulidad, nos sentimos privilegidos -o entristecidos- observadores de este lugar en lenta decadencia y queremos contemplar su retorno a la era de las maravillas. Cristal Oscuro no es sólo una historia: es el Discovery Channel de la fantasía épica.

Pero la misión de Jen esconde variables no sospechadas por el heroico gelfling y tampoco por el incauto espectador, a pesar de que en el principio, ya lo avisaron. Lo que en principio se desarrolla como una fábula, un cuento de hadas, adquiere tintes inquietantes y no escatima en escenas crudas que desdicen su inicial tono, lo cual me retrotrae a mi infancia, cuando vi esta película por primera vez y no la quería volver a ver porque la recordaba como una historia muy rara y deprimente.

Pero aquello debió dejarme algún poso, porque nunca olvidé la extraña película. Años después, decidida a zanjar cualesquiera que fuesen las cuentas pendientes que tenía con Cristal Oscuro, adquirí una edición especial en DVD que además comprendía un bellísimo artbook con diseños y bocetos creados para la película.

Al verla, volví a encontrarme en otro mundo… en otro tiempo… oh, no, ¡que ya soy mayor! ¡Peter Pan, lárgate! Pero imposible. Ya estaba sonriendo de oreja a oreja.

Pocas películas te hacen soñar como ésta, con todas las buenas y malas cosas que tienen los sueños de verdad. Detrás del sueño, una alegoría eterna sobre el sentido del bien y del mal que no conforta, sino que recuerda las misteriosas fuerzas y corrientes que definen el mundo tal y como lo conocemos. También es una de las películas más visualmente emocionantes que se han hecho nunca. El “ver es creer” que pertenece al reino de la fantasía en el cine no corresponde a planetas inertes como el de Avatar: procede de películas como Cristal Oscuro. Haceos un favor y descubridla.

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