Críticas: Underworld. El despertar

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Rematamos la saga Underworld con la crítica a Underworld: El despertar, colofón de momento a las guerras vampírico-lupinas.

Después gastar 58.127.598.367.769.486.698.569.339.489 billones de balas, para haber tiroteado a 5.898.568 de licántropos, roto 5.250.598 cristales, hecho 4.989.589 boquetes sin dedicarse al robo por buitrón, apuñalado y destrozado a 3.458.598 vampiros sin despeinarse, realizado 3.158.569 piruetas con tirabuzón sin que se le caiga una sola lentilla, haber sobrevivido a 2.969.578 ataques mortales (y sin modales), a 1.569.456 explosiones aniquiladoras, lanzado 658.988 shurikens asesinos, gastar 2 trajes de cuero, látex y botas con hebillas a conjunto y, que sepamos, ¡echar 1 polvo!… llega Underworld: El despertar con vocación de reboot y de hacer reboom en 3D. Los alicientes pueden ser desesperanzadores cuando el director de las exitosas dos primeras partes y marido de Kate Beckinsale, Len Wiseman, deja el relevo a dos directores suecos para realizar la más explosiva y gélida parte de toda la saga. Llegan los vientos renovadores, llega el invierno a La Saga Underworld… ¡Y llega ya! ¡Y yo con estos pelos de licántropo! ¡Rupert, te necesito! ¡No pierdas el tiempo con el pelo y córtame directamente la cabeza!

Underworld, ya en 2003, nació como una superviviente en un subgénero (películas de señoras embutidas en cuero y látex que te apuntan con una pistola-metralleta) que no fracasaba en taquilla al combinar acción, vampiros y hombres lobo y se fijó convenientemente en Matrix. Ahora parece releer todo el género y dirigir su mirilla a la también exitosa saga Resident Evil. Antigen y Umbrella podrían tener sus parecidos razonables y la Apocalipsis también llega para las criaturas sobrenaturales. Una purga que les lleva a la práctica extinción por la exposición a la luz pública y humana (en España entendemos que sería la comidilla del Sálvame: famosas y tonadilleras que realmente son vampiros). Resuelta la epidemia, llega el descongelamiento de la saga y en sacar nuevamente a su fría protagonista sin sentido del humor ni sonrisa sobre sus dientes afilados y perfectos. Precisamente el guión también parece hacer un guiño a Demolition Man para enseñarnos que Selene no tiene un pito con esteroides pero ¡tampoco bragas! La secuencia de marras merece un repaso (que no fricción): Selene queda descongelada, cual merluza, y se encuentra completamente desnuda sobre el suelo del laboratorio…  Para ‘censurar’ y no desvelarnos si las señoras vampiro se hacen la depilación brasileña o se dejan bigotillo (esperemos que digan algo en la quinta parte) se utiliza muy inteligentemente la bruma y niebla que produce el frío hielo… Todo muy bello y poético… aunque parezca todo el conjunto un anuncio erótico de Pescanova.

El uso del 3D está más que justificado con las 458.689 cosas que saltan a la pantalla aunque creo que se han equivocado. Tendría que ser en 4D para que botaran las babas de los licántropos y también su mal aliento. Que nos congeláramos de entrepierna para arriba y saltasen casquillos de bala directos a los ojos de los espectadores (con las gafas en 3D no ha peligro de demandas). Underworld: El despertar, no obstante, es todo un recital de disparos, acción, explosiones, combates y entretenimiento (sin estreñimiento) garantizado. ¡Pura diarrea visual! Deambula hábilmente entre dos tramas tan variables, como ridículas: una revisión de No sin mi hija (híbrida), con niña que cuando se transforma recuerda a Linda Blair en El exorcista, y Resident Evil 2: Apocalipsis y Matrix para purgar su arrebato de acción con vocación de videojuego.

Se acabaron los vampiros y los licántropos y sus orígenes, ya explotados en las tres primeras partes y finiquitados con una precuela. Es momento de mirar adelante y la cinta de Måns Mårlind y Björn Stein se erige como la mejor de la saga por ser el producto que sus fans le piden que sea: efectivo y efectista con un mínimo de integridad. El archienemigo de Selene es un pedazo-licántropo-hinchado-de-esteroides-y-otras-sustancias-ilegales-de-la-muerte… y comprobamos que a la chica le gusta mucho meter mano (y la mano) en los interiores. Kris Holden-Ried me recuerda al cantante de Coldplay, Theo James empieza a hincar el diente en producciones de alto standing y con el personaje que interpreta Michael Ealy se compensa la pérdida de feromonas masculinas que toda diva necesita para mantener el equilibrio dramático-emocional. Lo crean o no Bella en La Saga Crepúsculo ha echado más quiquis en pantalla que Selene… ¡Y eso que la primera llegó virgen a la cuarta parte!

Pese a todas sus licencias post-apocalípticas y transformaciones renales me ha parecido más creíble que Misión imposible: Protocolo Fantasma (Misión imposible IV). Además, que aquí está justificado que su protagonista sigua igual de (o más) joven que en la primera parte. Si usted es una persona de sexo masculino, adulta, al que le ha engañado recientemente su novia para ver La saga Crepúsculo: Amanecer – Parte 1 esta es su película. Donde las dan las toman. Pero tenga en cuenta que en la película se habla de mucho ‘Sujeto’ pero tiene poco predicado, la verdad. Disfrútenla para alejarse de esa otra plaga vírica que asola estos días intempestivos las salas de cine y a nuestros cerebros: ¡Los Oscar!

2 Responses to Críticas: Underworld. El despertar

  1. Paki dice:

    por algo nadie comento esto. que triste lo tuyo. pero español tenias q ser. igual estas justificado

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