Críticas: Silencio en la nieve

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Además de la rueda de prensa también vimos la peli, claro, y Maldito Bastardo os deja su opinión.

Las películas (y sobre todo las buenas) tienen que hablar por sí mismas, pero Silencio en la nieve me deja ciertas dudas por la controversia entre la valentía y tremendo riesgo de un proyecto que parecía intangible en el cine español y, por el contrario, detalles que articulan el arquetipo a ciertos clichés maniqueos. Su argumento trata sobre una investigación netamente policial de un asesino en serie que podría actuar por venganza o ideología enemiga en un ambiente puramente militar. El contraste es perfecto y muy interesante, ya que se nos ubica en un brillante inicio en los pasos y huellas de un batallón de la División Azul en 1943, que combatieron a los rusos comunistas junto a las tropas alemanas nazis. Ese posicionamiento inicial, que da vida cinematográfica a la novela Ignacio del Valle El tiempo de los emperadores extraños, rompe con total coraje las trabas que del cine español, sin dictadura por medio, por reflejar hechos acaecidos en la postguerra desde un punto de vista de ese eterno enemigo del cine spanish: los falangistas. Habría que remontarse a La patrulla (1954) de Pedro Lazaga, a Embajadores en el infierno (1956) de José María Forqué o al ‘reciente’ documental Extranjeros de sí mismos (2001) para hallar pasos anteriores. ¿Por qué tanto tiempo? ¿Por qué se han hecho tan pocas películas sobre la participación española en el bando ‘enemigo’ en la Segunda Guerra Mundial y tantas de esa visión caduca y lacrimal parida del buen progre con tan  pésimos resultados salvo excepciones muy contadas? ¿Por qué tanto miedo cuando Silencio en la nieve tiene un material dramático de primera?

Recientemente se ha estrenado Las Olas de Alberto Morais donde, a través de la absoluta asepsia de la puesta en escena e interpretaciones, se buscaban nuevos rumbos para el inmovilista cine patrio. También se hablaba de un tema escasamente explotado en el cine español: el campo de concentración de Argelès-sur-Mer por el que pasaron cientos de miles de refugiados sufriendo condiciones deplorables. El éxito del filme de Agustí Villaronga, Pa negre, y sus incursiones en otros terrenos dramáticos de la postguerra hacen que Silencio en la nieve contraste con los pasos atrás proporcionados por La voz dormida de Benito Zambrano. Y así llegamos a la respuesta de las anteriores preguntas: el punto de vista… El punto de vista delimita la obra ante la visión del espectador y no sé si la cinta de Gerardo Herrero quiere jugar a un doble juego o la ruleta rusa. La película focaliza de manera interesante una inédita buddy movie del Movimiento Nacional con un soldado, que fue inspector de policía e interpretado por Juan Diego Botto, y la ayuda de un Sargento (Carmelo Gómez). Más que una pretendida y previsible historia de amistad se desarrollan nexos de unión por el respeto que se profesan ambos, pese a ser completamente opuestos. Esa oposición a los clichés de los falangistas, sin caer en la parodia con que tantas veces han sido retratados cuando se opta por darles protagonismos, es precisamente aquello que me hace chirriar la propuesta hasta niveles de intolerancia razonable. Me expulsa de la historia al no creérmela y veo sus insertos como una pretendida e innecesaria manipulación.

El personaje principal de Silencio en la nieve es retratado con un exceso de sobrehumanización para que veamos que no aprueba la locura que presencia pero que tampoco puede decir lo que piensa por miedo a ser fusilado. No es rojo, ni espía al servicio del comunismo soviético, pero tampoco idiota. Así, aparecen personajes que orbitan a su alrededor para conseguir cierta empatía con el espectador. Un nazi sádico y su pastor ‘alemán’ psycho-killer se convierten en claros antagonistas, un niño saca el lado más paternal y una amante rusa el punto más sentimental. No falta secuencia de sexo con canción… algo que pensaba que estaba superado desde las películas de Bo Derek y Patrick Swayze. Y, respecto a todo lo anterior, me pregunto… ¿era necesario? ¿Tanto miedo da estrenar en la España del Siglo XXI una película con un personaje principal falangista, amigo y colaborador de los nazis, miembro de la División Azul y ex-inspector de la policía? Un personaje que, brillantemente en el guión, no refleja ni exterioriza detalles de su pasado ni traumas que arrastre resueltos por un conflicto. En la cinta se vive el día a día mientras las defensas se desmoronan, la muerte acecha pero un crimen debe ser resuelto entre muertes en el paredón. Perfecto sinsentido y deslumbrante propuesta. Pero después observo que lo importante es difuminar el punto de vista y hacer que algunos espectadores (espero que pocos) nos descentremos de la gran historia que esconde la película de Gerardo Herrero. Veo que me ha arrebatado parte de la misma aunque el director piense que ha sido fiel a sus personajes. Pero también vislumbro a Silencio en la nieve como una cinta coreana, con sus espejismos viscerales sobre la venganza y paranoias conspiratorias, con una galopada de tensión y buen thriller y aupada internacionalmente… pero no como la cinta española que espero y deseo sinceramente que arrase en taquilla y abra nuevas vías a otras. ¿Será, entonces, mi punto de vista (y no el del cineasta y guión) el que delimita la obra? Yo, desde luego, me he quedado congelado como esos caballos que componen su excepcional arranque.

Escrita por Maldito Bastardo

3 Responses to Críticas: Silencio en la nieve

  1. ¡Lo del pastor alemán es un puntazo, pobrecillo que le muerden!

  2. Pero al menos Leonard Cohen es de 'mejor y buen' gusto…

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