Críticas: Oro negro

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Annaud vuelve con un título que parecía más prometedor de lo que finalmente es, así que tocará seguir esperando para que el talentoso cineasta galo nos deleite de nuevo como antaño. Y es que desde su infructuoso paso por Hollywood y la posterior vuelta a Europa, Annaud sólo ha dejado un film realmente destacable, esa fantástica Enemigo a las puertas que abrió el nuevo siglo y que, pese a no poseer demasiada conexión con títulos de su anterior etapa en Francia, resultó un reivindicable film bélico con reparto de lujo, una ambientación exquisita y un cuidado milimétrico en la búsqueda de emplazamientos.

En Oro negro, en cambio, parece reemprender la senda telefilmera abierta con Dos hermanos, esa donde ni siquiera actores de talento dan la talla, las situaciones y conflictos se agolpan recordando más a esas películas de las tres y media que otra cosa, así como la fotografía apenas deja postales memorables, cosa que si sucedía en películas como El oso, donde ni siquiera contaba con la inmensidad y la belleza que puede ofrecer un paraje como el desierto de Qatar. Su primera hora, pues, no recuerda ni vagamente a los mejores trabajos de Annaud y se despacha con más rutina que otra cosa, no ofreciendo la más mínima enjundia a las relaciones entre sus distintos personajes y narrando sin demasiado aplomo los primeros pasos de las petroleras norteamericanas intentando sacar tajada del los yacimientos de crudo que se encontraban en las tierras árabes defendidas por los dos emires que desatan el conflicto central del relato.


Para colmo de males, y si en los dos primeros tercios de la película nada posee la fuerza necesaria como para que el espectador tome en consideración esa rivalidad o las distintas disyuntivas que se les presentan a los personajes, a nivel interpretativo tampoco encontramos grandes filones a los que agarrarnos, ya que pese al esforzado trabajo de Mark Strong en la piel de uno de esos dos emires, ni su hijo en la ficción interpretado por Tahar Rahim, ni su rival más directo al que da vida Antonio Banderas dan la más mínima seña de ir a ofrecer algo digno de mención. El primero, sin un papel verdaderamente destacable y cuanto menos tópico, no hace nada por intentar que su rol obtenga la fuerza que verdaderamente debería poseer, mientras a Antonio Banderas parece venirle grande un papel que ya le habíamos visto en otras ocasiones, lo cual es paradójico si consideramos que debería tenérselo más que aprendido. En cuanto al florero interpretado por Freida Pinto y a ese esperpéntico bufón dibujado para la ocasión, cuya representación recae en las manos de Riz Ahmed, mejor no hablar, y no tanto por la pobre actuación del británico, sino también por los supuestos tintes humorísticos que debe aportar al film y por la lamentable caracterización de la que hace gala. En definitiva, un personaje sobrante a todas luces que parece más un payaso de feria que el médico de un reino, que es lo que se supone debería ser.


Por suerte, no todo son granitos de arena en Oro negro y se eleva mínimamente con un último tercio donde, sorprendentemente, Annaud dirige con el suficiente pulso unas secuencias de acción que a ratos sorprenden y cautivan porque, cuando ya parecía que no íbamos a toparnos con una sola imagen admirable, saca el mejor partido del lugar de rodaje, e incluso se atreve con algún tramo de aventuras que tiene momentos realmente potables. Quizá lo peor aquí sea una insípida banda sonora de Horner, que incluso llega a recordar tímidamente a la de Indiana Jones y la última cruzada, y solo destaca en la batalla final. Pese a ello, y aunque ese tardío despegue tras casi hora y media de film no se me antoje tampoco gran cosa, como mínimo termina salvando una cinta cuyos anteriores pasos hacían presagiar la muerte de un cine que ya había quedado convaleciente con los anteriores trabajos del director.

Quizá la película sea salvable y resulte un entretenimiento decente después de todo, pero resulta paradójico que un director como Annaud, en contra de nuevas tecnologías como el chroma, no sepa sacar demasiado partido a lugares como en los que rodó esta Oro negro, y ni ambientación ni fotografía sean de lo más destacable de un señor que en su día nos dejó joyas tan bien fotografiadas y ambientadas como En el nombre de la rosa o El oso. Habrá que continuar esperándole.

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