Críticas: Albert Nobbs

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Muchas veces las prisiones en las que estamos atrapados son imposiciones propias nacidas desde la opresión de la sociedad. Albert Nobbs nos narra una historia, que pese a estar integrada en pleno Siglo XIX, podría ser tan universal como atemporal. En apariencia contiene todos los elementos propios para convertirse en una cinta también global e inmortal; en una de esas películas remarcables para la posteridad. Pero las apariencias, como siempre, engañan…

Rodrigo García, aparte de sus imprescindibles colaboraciones tras las cámaras que pasan desde el piloto de Seis grados de la ‘factoria’ J.J. Abrams hasta algunos de los más brillantes fortines de la HBO (Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Carnivàle, En terapia o Dime que me quieres), ha destacado siempre por ser un director especializado en impecables retratos femeninos.   El libreto de Albert Nobbs, coescrito por la indiscutible actriz principal, es un contrapunto interesante en su filmografía si obviamos Passengers con Anne Hathaway. Su cartel revela, más si cabe, la obviedad: «Un hombre con un secreto. Una mujer con un sueño». Precisamente la película funciona sobre ambas premisas y ante la nula sorpresa de divisar el rostro de Glenn Close fingiendo ser un hombre y soñando con una nueva vida en compañía de una esposa. Aaron Johnson, que actúa fatal todo hay que decirlo, y Mia Wasikowska, que sigue en su peculiar suma y sigue, conforman esa imagen que también acompaña a su póster aunque el galán, con órganos genitales masculinos, sea de todo menos caballero. Nos encontramos ante el triángulo clásico con amor imposible. Los elementos están dispuestos y, en esencia, Albert Nobbs podría ser una cinta académica en plenitud pero el director de Nueve vidas ante tanto corsé y rigor y correctísimo cinematográfico queda maniatado.

Queda la interpretación de Glenn Close en esa aséptica y andrógina desfiguración. Es curioso que en el mismo año las rivales hacía las doradas estatuillas hayan tendido a la conversión para retratar personajes reales e icónicos como han sido los casos de Meryl Streep o Michelle Williams, aunque Rooney Mara sea la transmutación con entidad femenina dominante y por encima de cualquier grosor testicular; una auténtica imagen postmoderna y asexuada de la mujer. Entre los personajes de Albert Nobbs y Lisbeth Salander hay un trazado interesante; entre la debilidad y la fortaleza. Tal y como nos refleja el filme de Rodrigo García la ropa y sombrero definía el sexo y la posición en la escala social: los cuerpos no eran más que maniquíes que cobraban plena libertad y liberación interna en las fiestas de disfraces. Es ahí, en esa secuencia de la celebración, donde Nobbs va disfrazado y no al mismo tiempo, cual gato de Schrödinger. Poco más que observar en una cinta que muestra su mayor virtud en la presentación del su protagonista auto-iluminándose (y desvelándonos su rostro e identidad: la verdad) mientras enciende una lámpara. Tanto la historia y las vías dramáticas escogidas abarcan desde lo previsible hasta lo absurdo (va directa a mis listas personales de películas con muertes cutres y amoríos robóticos).

La proposición cinematográfica acaba siendo tan correcta y fría que no habita en ella apenas emoción. Podría formular y sorprender como una comedia con ese impactante e impechonante ‘pechos fuera’ pero Albert Nobbs tiene, contrariamente, vocación de (melo)drama. De un drama caduco y rancio, frío y sin el sentimiento adecuado imprimido por un director que parece alejado y de paso. Creo que funciona mejor a nivel de estudio social. ¿Cuántos piensa que ese torturado y ‘enmascarado’ personaje conseguirá hacer realidad sus sueños y esperanzas? Nuestro deseo enseguida se asocia con el futuro engaño y la tragedia. Recibirá el cruel destino con abrazos abiertos y una sonrisa… pensamos. Albert Nobbs resulta perfecta para cualquier asignatura de estudio sociológico a través del cine. Desde la leyenda tradicional china de Hua Mulan varias veces adaptada a la gran pantalla, el mito de Marlene Dietrich, pasando por La gran aventura de Silvia, Lady Oscar hasta Cómo triunfar en Wall Street, entre muchos ejemplos de mujeres que se visten de hombres podría diseminar el pasado y presente. Sigue siendo un mundo de hombres… desde el Siglo XIX hasta finales del Siglo XX. El personaje que interpreta Glenn Close lo hizo por motivos laborales y para dejar atrás su pasado… y coincide, en cierta medida, con el rol de Whoopi Goldberg en la infravalorada cinta de Donald Petrie. A ambas las diferencian y separan más de un siglo. Pero, mientras que la segunda historia se intenta remarcar el éxito personal y laboral siguiendo el sueño americano, en Albert Nobbs su protagonista simplemente intenta sobrevivir y tener un sueño tranquilo, palpable y real frente a los espejismos de cruzar el continente de los amantes jóvenes y ardientes.

El único y máximo interés que despierta la película del director de Cosas que diría con sólo mirarla, aparte de unirse a ese estudio sociológico-cinematográfico,  es el momento de explosión de emoción y felicidad de mujeres que se disfrazan de hombres y, a su vez, se disfrazan de mujeres pareciendo hombres. No es un trabalenguas sino el clímax emocional de la cinta aunque parezca, contraria y ridículamente, un cruce-copia de Titanic y Carros de Fuego.

Escrita por Maldito Bastardo

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