Lost: el final más controvertido

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A día de hoy, todavía hay quien afirma que el final de ese síndrome de Estocolmo televisivo llamado Lost, es bueno. Trataremos de convencerlos de lo contrario.

En nuestra bella web, nos sentimos moralmente obligados a sanar de su mal a los todavía ingenuos personajes que creen que el final de Lost y el final de Los Serrano no son primos hermanos. Así que hemos localizado a aquellos pobres diablos aquejados de la triste enfermedad y los hemos confrontado con voces serias y razonables para que reflexionen sobre su magno error. Empecemos.

SOY UN ENFERMO Y ME HA GUSTADO

Cristian Perelló opina:

Se ha criticado insistentemente que Lost deje muchos de sus misterios sin resolver, pero si el creador de una obra no desvela sus misterios de forma explícita, es bien sabido que el espectador completa dicha obra a partir de la ausencia de respuesta, de los indicios implícitos en su final. En Lost, entre la Iniciativa Dharma y la luz en el centro de la isla, podemos hacerlo, sobre todo con esto último. Y es que la isla resulta ser el riñón del planeta. Guarda la luz que posibilita la vida en La Tierra, y esta luz (¿por qué no?; salvando las distancias, nadie cuestiona que aparezcan unos fantasmas en una casa encantada… estamos en el género fantástico) posee una energía tal que modifica las concepciones normales de la física y la química, y casi todos los misterios son consecuencia de este hecho (la existencia de la Iniciativa Dharma explica lo demás). La fantasía es infinita y la imaginación encuentra su sentido si busca a fondo.

Por otro lado, no hay que confundir el final de la serie con el final de la temporada. La temporada concluye más allá de la trama en la isla, cuando, pasados unos años, todos han muerto y se han reencontrado con los que determinaron su vida. La dimensión paralela es una hipótesis del mayor misterio de la existencia: ¿qué sucede tras la muerte? La hipótesis que se lanza aquí es la de un lugar fuera del espacio y el tiempo donde aún no somos conscientes de que hemos muerto, algo así como una conjunción de mentes entre nosotros y las personas con las que vivimos los momentos más importantes de nuestra vida. La serie, en cambio, la trama principal, concluye con la huida de algunos de ellos de la isla, la fuga definitiva. La dimensión paralela se nos revela al final simplemente como una serie de flashforwards.

Lost es alegórica, metafísica, psicológica, sociológica. Trepidante, emocionante, adictiva, sorprendente. Que no se me malinterprete: es, también, toda ella, una descomunal treta de estructura telenovelesca sacada de la manga del género fantasía, desde luego. Pero una treta, sin duda, deliciosa para quien estuvo (o esté) dispuesto a entrar en su juego y perderse en ella.

Tania opina:

Ha sido complicado escoger el encabezado de este comentario porque lo cierto es que estoy en contra del final de Lost, pero estoy a favor del final de Lost. Me explico: estoy totalmente en contra del hecho de que Lost tuviese un final (de hecho, aún espero como una idiota el día en que la ABC nos sorprenda con una séptima temporada o, al menos, con un spin-off de Hugo y Ben y sus peripecias como guardianes de la isla); en cambio, mi postura con respecto a ese episodio de la sexta temporada titulado “The End” es más que favorable. Fue un episodio fiel al estilo de la serie, muy completo, con las dosis perfectas de los elementos que no podían faltar: acción, emotividad y, sobre todo, misterio. Ese desenlace más o menos abierto es un premio para el espectador, que tiene la oportunidad de dar rienda suelta a su imaginación y escoger la interpretación que más le complazca.

Un gran broche de oro para una serie única, maravillosa e irrepetible que, le pese a quien le pese, ha marcado un antes y un después en la historia de la ficción televisiva.

Ranapa opina:

Leyendo las impresiones de algunos fanboys decepcionados con el final de Lost, me daba la sensación hay gente a la que le hubiese gustado que el último capítulo hubiese sido una perorata científica de los guionistas sobre los enigmas de la serie. «Hola, somos Damon Lindelof y J.J. Abrams, y durante una hora y media os vamos a explicar de palabra los misterios que no habíamos resuelto, ¿a que mola?» Que manía con que nos lo den todo bien mascadito.

Perdidos no es un puzzle. Cualquier persona con dos dedos de frente se habría dado cuenta de esto antes del episodio final. Personalmente, sostengo mi total aprobación con el episodio final, pese a ser un poco moñas. ¿Quedan cosas en el tintero? Sí, algunas pocas. ¿Desmerece eso a una serie tan apoteósica, tan meticulosa, tan gigantesca, tan rica en matices? Ni por asomo.  Por cierto, debe de ser que yo soy un superdotado del lenguaje cinematográfico, o que la gente se dedica a Twittear o a hacerse la comida mientras ven una serie, pero es que hay que ser burro para acabar de ver el último capítulo con la idea de que “están todos muertos”.

En fin, que yo me subo al carro de los contentos con el final.

SOY UN PASOTO Y ME HA DADO IGUAL

Favio Rossini opina:

Tras seis temporadas  llenas de altibajos en las que se mezclaron equitativamente capítulos brillantes con otros absolutamente inverosímiles, Perdidos llegó a su fin con un doble episodio que prometía ser, en espera de la rumoreada película que nunca llegó, los últimos coletazos de una serie alargada en exceso. Yo, al igual que muchos, nos aventuramos a ver el finale con el alivio de saber que, esta vez sí, las respuestas nos serían dadas.

Los guionistas jugaron un rato más con nosotros. Los fantasmas de Bruce Willis y los sueños de Resines* empezaron a sobrevolar nuestras cabezas y todos nos temíamos ya lo peor. Gracias a Dios, nada fue tan grave como se sospechaba.

J.J.Abrams acabaría cerrando Lost con una idea que triunfa por su sencillez, algo de lo que desde luego no puede presumir el resto de  la serie: La isla es un purgatorio donde espantar viejos demonios antes de pasar a mejor vida.

Un buen final si no fuera por un pequeño detalle: ¿En serio se necesitaban seis temporadas, en cálculos rápidos, unos seis mil minutos, para contar esto?

* Paja, mucha paja, amigos.

HORRORIZADO ME HALLO

Servadac opina:

La serie empieza con una pregunta de suspense: ¿dónde están?

Pronto combina esa pregunta con otra más introspectiva: ¿quiénes son?

La serie basa su atractivo en el misterio de la situación y en el carisma de los personajes. Los mecanismos de la intriga tiran por lo comercial, pero funcionan –al menos, al principio–.

Están en una isla, la Isla de las Cuentas Pendientes. Un Purgatorio más que un Limbo. ¿Para qué? Para cerrar la historia, no zanjada en “vida”, de los Locke, Jack, Kate, Sawyer…

Ninguno de ellos es lo que parece; todos tienen una cara B.

El guión se va estirando y enredando hasta romper el hilo que sostiene la tensión.

Y aterrizamos en la sexta temporada. En ella se destruye, de forma medida y sistemática, el principal encanto de Lost: el carácter de los personajes. Se les da la vuelta tontamente, a golpe de giros absurdos y realidades paralelas –alguno, como John Locke, deja incluso de existir: está pero no es él–.

Llegados a ese punto, el interés ha desaparecido casi por completo. Se introducen nuevos personajes y escenarios que no aportan nada, salvo dólares para la productora.

La serie acaba de un plumazo. Se meten todos en la Iglesia –como si ésta fuera un barco que ha de conducirlos a otra parte: un Más Allá que ya no vemos, aunque en la alegría serena de los rostros se intuye el Paraíso–.

Todos parten menos uno. El personaje diabólico, Benjamin Linus, queda en Tierra. Aún no ha terminado su periplo en este lado. No hay indulto para Belcebú.

El final me deja frío, no tanto por la idea como por el descalabro que nos ha llevado hasta esa iglesia. La temporada sexta es un horror.

Perdidos empiezan, sí, y acaban naufragados

Sines_Crúpulos opina:

El final de Lost estuvo chachi piruli. Hubo un poco de todo: ángeles, demonios, dioses, hostias, barcos, pecas, mares, lágrimas, sonrisas y reencuentros. Lo mejor fue cuando sacaron el avión marcha atrás. Marchatrás!! Increible ble. Otro misterio más sin resolver, quedaron tantos… ¿mi favorito? Aquel en que un búho pasa rozando la cabeza del gordo y susurra “Hugo”. En el Bernabeu aún lo rememoran de vez en cuando: “Hugo, Hugo”. Fue un momento decisivo en la serie, no recuerdo la temporada, la segunda tal vez, pero vamos, que fue brutal. Así que nada, que si la estatua mira pal norte, que si no es una sino cuatro, una por cada punto cardinal… en fin, no se pierdan el final de Lost, piérdanse la serie entera, porque sinceramente, sólo consta de sucesos que infringen las leyes de la física por la puta cara y telenoveleo entre personajes cansinos. Acaba de pasar una mosca paseando por mi teclado, se ha parado en la H y ha gritado ¡erramienta!. Qué significará????

La respuesta en el próximo capítulo, o mejor en la próxima temporada, o mejor aún: nunca.

Chunelco opina:

Antes de nada, voy a dejar de lado lo que fue y pudo ser Lost en su momento: la calidad de la primera temporada, el pequeño bajón de la segunda, el relleno insustancial de la tercera, las absurdas pajas mentales de la cuarta, el sentimentalismo barato de la quinta, y el estrepitoso ridículo que fue la sexta. Intentaré analizar el final de la serie en sí mismo. Ese controvertido final.

Punto uno: No soy de esos racionalistas que esperaban respuestas a todos los enigmas. Quiero decir, atar los cabos sueltos hubiera estado bien, pero yo en la quinta temporada ya había perdido toda esperanza. Cuestión de hacer números.

Punto dos: Me hacen mucha risa los fanáticos que defienden ciegamente el final de Lost a grito de “si no te gustó es porque no lo entendiste”. Me hacen risa porque lo dicen como si el despliegue intelectual de la serie fuese precisamente su punto fuerte. Y va a ser que no, señores, no nos empalmemos más de lo debido.

Yo me atrevería a decir a esos fanáticos que son ellos los que no se enteraron de nada. Estos pobres talibanes del efectismo se pegaron tal atracón de cliffhangers que no se dieron cuenta de la tomadura de pelo que es el final de Lost: la mayor cortina de humo de la historia de la televisión.

Hablamos de una maniobra de distracción hábilmente realizada por los guionistas para poder desembarazarse impunemente de la bomba de relojería que les iba a estallar en plena cara. Este final es una artimaña que pretende desviar tu atención del argumento para dirigirla hacia algo que en el fondo es totalmente irrelevante. Es como si cerrasen la saga de El Padrino con Michael Corleone haciendo un curso de bailes de salón diez años después. No procede, va al margen de la trama principal y a nadie le importa un carajo.

Eso es lo peor del último capítulo de Lost: la desfachatez de su cierre. Bueno, eso y su tufillo trascendental pseudo-religioso. Porque si la conclusión final que nos ofrece J.J. Abrams es que “pase lo que pase todo el mundo muere algún día y va al cielo con sus amigos”, yo personalmente me descojono por no echarme a llorar.

Y eso que J.J. dice que lo tenía pensado desde el principio. Sea verdad o mentira esto último, me descojono aún más.

Sarajeski opina:

Para muchos, el final de Lost destruye todo el legado que la serie había creado desde aquel capítulo piloto que nos dejo con la boca abierta y con ganas de saber más. Y aquí está el gran problema de la serie, no da lo que promete. Es decir, se puede elegir las normas, pero no cambiarlas. Y Abrams y su pandilla de guionistas no son fieles a sí mismos. Porque la serie nunca fue sobre personajes, aunque obviamente tuvieran su importancia como en toda serie que se precie; la serie enganchaba por la sucesión de misterios y giros de guión, con la eterna promesa de que al final descubriríamos todo el pastel.

Así que el final es una huida hacia delante, delatando que nunca tuvieron claro cómo acabar (con temporadas de relleno incluidas). No es una serie construida para ser disfrutada por el camino donde el final es lo de menos. No, durante la mayor parte de la serie no juegan con esa regla. No es Twin Peaks, donde realmente el misterio siempre queda en un segundo plano.

El final de Lost no le da sentido a la serie. Al contrario, Le quita la esperanza de encontrarlo entre tantos giros de guión final de capítulo. Todo queda en humo. Disfrutable, entretenido, pero humo al fin y al cabo. El final de Los Serrano acaba por ser más digno y sincero.

Al menos reconocieron que no tenían ni idea de cómo acabar el lío que habían armado.

Ni LO VI NI ME IMPORTA

Gilbert opina:

El final de Lost es único. Porque no es un final abierto ni cerrado, ni metafórico ni alegórico, ni nada de eso. Por primera vez en una serie de televisión han hecho un final real en el sentido literal del término. Porque si resulta que la isla era el purgatorio donde uno redime sus pecados efectivamente el objetivo se cumple con creces: si has llegado a tragarte la serie entera hasta el mismísimo Señor de Cielos y Tierra consideraría suficiente (y hasta excesivo) castigo para redimir todos tus pecados habidos y por haber.

Requiescat in pace

7 Responses to Lost: el final más controvertido

  1. Kaserov dice:

    Lo de Gilbert parece totalmente cierto. Parece haber dado en el clavo.

  2. ranapa dice:

    Que cabrones, como condicionais. Bueno, no se por que pongo plural. Es Nea, que tiene un morro que se lo pisa XD.

  3. Neathara dice:

    La mayoría ha hablado 🙂

  4. Neathara dice:

    Confieso que tras haber leído todos los artículos, mi opinión es que el encuentro queda en tablas. Y no es poca cosa teniendo en cuenta con quienes os estáis enfrentando.

  5. Rizzo dice:

    Grande Neathara en este artículo. Ha faltado la opinión de Dreamfar alabándola contra la opinión de Betomovies rajándola.

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