Especial retrospectivas: Méliès, mago del celuloide

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Con motivo del 150 aniversario del nacimiento del pionero de la ciencia-ficción, desde Cinemaadhoc os traemos una retrospectiva muy especial acerca del cineasta francés.

28 de diciembre de 1895, Boulevard des Capucines, Paris. Los hermanos Lumière deciden hacer público uno de sus inventos, para lo que organizan una exhibición que cobran a un franco la butaca, una barbaridad teniendo en cuenta que el precio usual era de 25 céntimos. En el pase se proyectan Salida de los obreros de la fábrica, Llegada de un tren a la estación de La Ciotat  y La comida del bebé.

Entre los asistentes se encuentra un tal George Méliès, un joven parisino que había comprado con la herencia de su padre el teatro Robert Houdin, un pequeño escenario de variadades.

Méliès queda absolutamente maravillado, tanto que no duda un segundo en querer incorporar el invento a su espectáculo de manera inmediata. Los Lumière rechazan la oferta pensando que, aún siendo un invento sin futuro, todavía pueden ganar un buen dinero haciendo algunos pases para científicos curiosos. Huelga decir que ni por asomo vieron en el cinematógrafo las posibilidades dramáticas que Méliès veía en el celuloide.

Ante la negativa, Méliès no duda en ir a Inglaterra para hacerse con el invento a través de la competencia, comprándole el biscopio a Robert William Paul. Con la ayuda de Korsten, uno de los técnicos del teatro y viejo compañero de fechorías, consiguen ajustar el aparato para que pueda impresionar y luego proyectar. Cuatro meses después de aquel primer contacto con el cine, Méliès proyecta en su teatro sus propias películas, en las que muy pronto se desmarcaría del mero documental. Méliès construye el segundo estudio de cine del planeta a las afueras de París (tras el de Edison) y funda la productora Star Films, con la que llega a rodar mas de quinientas películas, en su mayoría cortometrajes.

Ilusionista y mago, pronto encontró la manera de ayudarse de la cámara para hacer sus famosos trucajes, que llegan a la cima con Viaje a la Luna (1902), primera película de ciencia-ficción de la historia, donde perfecciona la técnica de la desaparición y el stop motion, entre otras.

El film, basado en la novela de Verne De la Tierra a la Luna, relata el viaje de un grupo de astrónomos al satélite lunar y sus discrepancias con los selenitas. La novedad del argumento fue tal que cosechó inmediatamente un gran éxito del que no vería un duro. En Europa vendió las copias en vez de alquilarlas (lo que fomentaba competencia y daba más dinero) y en Estados Unidos, Edison y sus compañeros se dedicaron a plagiar el film plano por plano, con lo que se ahorraban cualquier retribución económica al verdadero creador.

Tras años donde la industria cinematográfica estaba cada vez más monopolizada (Pathé en Francia y Edison en Estados Unidos) y la Primera Guerra Mundial a la vuelta de la esquina, Méliès terminaría arruinándose y pasaría el resto de su vida malviviendo de las ganancias que le daba un puesto callejero de juguetes y artículos de magia en la estación de Montparnasse. Estaría en el anonimato hasta que en 1928 Léon Druhot, editor del Ciné Journal, descubriera quien es en realidad y le presentara al mundo como padre del Séptimo Arte. Méliès vivió desde aquel momento adorado por los surrealistas el resto de sus días, que incluso conseguirían que se le galardonase con la Legión de Honor en 1931 por toda su trayectoria.

La influencia de Méliès en el cine posterior es incalculable. Sus cortometrajes fueron usados por los soviéticos para avalar sus teorías del montaje. Sus innovaciones en todo tipo de trucajes fueron empleadas hasta la saciedad e, incluso, el mismísimo Scorsese le homenajea en su última película La invención de Hugo. Además, aunque muchos le den esta autoría prácticamente a Griffith en su totalidad, es también el padre del lenguaje cinematográfico, o al menos el tío. Cierto es que su cámara siempre permanecía anclada en la butaca, como si fuera un espectador más. Pero a ver quién le niega la invención de la elipsis, del fuera de plano, del cine onírico…

Méliès fallecería en 1948. En su lápida se puede leer: “George Méliès: creador del espectáculo cinematográfico”. Gracias por darnos el cine, artista.

Algunos cortos imprescindibles de Méliès:

Escamotage d´une dame (1896)

Le magicien (1898)

Le Chateau hante (1897)

L’homme orchestre (1909)

Le Monstre (1903)

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