El corto favorito de Diego Bejarano

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Erizo en la niebla es una pieza de valor incalculable dentro del gran mosaico de la historia del cine de animación. El cineasta soviético Yuri Norstein, quizá más conocido por su prestigioso mediometraje El cuento de los cuentos, nos brindó a mediados de los setenta una obrita de gran belleza plástica e impecable factura artesanal. La textura vaporosa de la niebla, el cuerpo del ericito sobre el agua o el reflejo del fuego sobre las figuras de los animales son algunos detalles que revelan con claridad el nivel de virtuosismo que alcanzó el director en este cortometraje de apenas diez minutos de duración.

Norstein nos relata la historia de un pequeño y enternecedor erizo que todas las noches se sienta en un tronco al calor de la hoguera con su mejor amigo, una cría de oso, a beber el té servido del samovar mientras cuentan juntos las estrellas del cielo nocturno. Pero un buen día, en su habitual trayecto, el ericito vislumbra un hermoso caballo sumergido en una espesa niebla que ha inundado todo el bosque, a través de la cual comenzará un viaje iniciático que le dejará una huella imborrable.

La exploración de la niebla (símbolo inequívoco del mundo ignoto, de las brumas del entendimiento, de la realidad por descubrir) funcionará como alegoría del viaje del ericito al interior de sí mismo. Al principio, él piensa: «Si el caballo se echa a dormir… ¿se ahogará con la niebla?». La ignorancia produce el miedo, el miedo lleva al deseo y el deseo da paso al conocimiento. La decisión del ericito de adentrarse en esa tierra inexplorada a pesar de sus temores para saciar su creciente curiosidad le lleva a descubrir no solo que la niebla no es nociva, sino que tras ella se esconde un mundo entero lleno de posibilidades.

El ericito irá encontrándose con diversos personajes que marcarán el rumbo de su camino. Unos, como el búho, le inspiran temor y logran que, aun de forma instintiva, cada paso hacia delante represente una lucha contra sus miedos. Otros, como el perro que le devuelve su hatillo, le demuestran que el mundo desconocido no tiene por qué ser hostil. Así, entre el miedo y el deseo, el ericito solo camina hacia delante y, poco a poco, va aprehendiendo las dimensiones de la naturaleza: en las distintas etapas de su viaje entra en contacto con tierra, aire y agua hasta llegar, finalmente, al fuego que le espera al fin del camino; cada elemento aporta algo a su grado de conocimiento sobre el mundo y, por extensión, sobre sí mismo.

El final del cortometraje es agridulce y sobrecogedor. Cuando llega junto a su amigo, éste le reprocha: «¿Con quién más aparte de ti voy a contar las estrellas?». Sin embargo, nosotros sabemos que la experiencia ha transformado a su pequeño compañero: «El osito hablaba y hablaba… y el ericito pensaba: “A pesar de todo, es bueno estar de nuevo juntos”. Y también el ericito pensaba en el caballo. “¿Cómo estará allá… en la niebla?”». El ericito ahora conoce el mundo exterior, conoce las posibilidades infinitas de la niebla. Para él, ya nada volverá a ser como antes. Es así como Norstein introduce la reflexión sobre el valor de lo que tenemos a nuestro alrededor, siempre relativo: cuanto más conocemos, con mayor propiedad podemos apreciar lo propio y lo extraño. El ericito tiene todas las puertas abiertas, ahora solo le queda explorar.

 

Erizo en la niebla (Yuri Norstein, 1975):

One Response to El corto favorito de Diego Bejarano

  1. Diego Bejarano dice:

    Jajaja. Muchas gracias, Vian. Sí, la crítica es mía. Me alegro que haya servido para que revises el corto, yo la verdad es que nunca me canso de verlo, es inmenso. Un abrazo 😉

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