Críticas: L'Ecole (Innocence)

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En la segunda sesión de Una por quincena (II) analizamos la profundidad del bosque ¿una alegoría a la infancia? ¿el despertar de la feminidad?, Iván Fernández (Eptesicus) nos descubre L’Ecole (2004).

Lucile Hadzihalilovic dirige esta enigmática película que provoca muchas preguntas en el espectador, pero que apenas ofrece respuestas, por no decir ninguna. Una propuesta arriesgada que gustará a unos (entre los que me incluyo) y pondrá de los nervios a otros.

Comienza la película y asistimos a la llegada a lo que parece una escuela o internado de una pequeña niña  llamada Iris. Aquí tenemos el primer gran acierto del film, descubrimos la misteriosa escuela y su todavía más enigmático entorno a través de los ojos de Iris, la primera protagonista de la historia (más adelante el punto de vista irá cambiando y cobrarán más importancia otros personajes), que sabe exactamente lo mismo que el espectador del lugar al que llega: absolutamente nada. Su llegada es bastante peculiar, ya que lo hace dentro de un ataúd, nada más y nada menos. Primeras preguntas: ¿de dónde viene Iris? ¿Por qué el ataúd? Éste es abierto por seis niñas que van a ser sus compañeras en una de las cinco casas que forman el complejo educativo, además de una mansión central en la que se encuentran las aulas, en las que básicamente se enseña ballet y biología. Cinco casas, y en cada una de ellas, siete niñas de distintas edades, edades que son reflejadas en el color de las cintas que llevan en el pelo, desde el rojo para la más pequeña hasta el violeta para la mayor.

Uno de los primeros detalles que llaman poderosamente la atención es la nula presencia masculina en el internado. No hay alumnos varones y el personal docente está formado solamente por dos profesoras (interpretadas por Hélène de Fougerolles y una Marion Cotillard que todavía no había alcanzado su actual fama). La cocina, limpieza y demás tareas las realizan ancianas con las que las niñas apenas interactúan y cuya presencia en la escuela sí parece explicada a través de los comentarios de algunas de las pequeñas. La directora del centro, como no podía ser de otra forma, es también una mujer.

Otro elemento que atrae sin duda la atención del espectador  es el entorno en el que se encuentra la escuela, un precioso bosque que transmite cierto aire mágico y que puede considerarse como un personaje más de la película, ya que los tonos verdes de la vegetación (sólo eclipsados por el blanco de la nieve cuando llega el invierno), el agua que fluye por todas partes y el canto de los pájaros tienen una presencia constante a lo largo de todo el metraje. Entre los árboles surge un sistema de iluminación que transcurre a lo largo de los caminos que recorren el bosque. Las imágenes de las lámparas encendidas al caer la noche refuerzan la sensación de misterio y quedan grabadas en la retina del espectador.

El último detalle llamativo es la situación de completo aislamiento en la que se encuentra la escuela. El bosque está rodeado por un muro aparentemente infranqueable y las visitas no están permitidas. No hay contacto con el mundo exterior, del que no sabemos nada.

Con estos factores, la directora crea una historia que logra mantener el misterio en todo momento y que resulta fascinante si se entra en el juego y se asume que no se va a obtener respuesta a muchas de las preguntas que van a surgir durante el visionado. La autora deja que sea la imaginación de cada uno la que rellene esos “huecos” que van salpicando la trama, lo que resulta estimulante. Hadzihalilovic muestra buenas maneras en la dirección, aunque no las ha seguido desarrollando, puesto que no ha vuelto a dirigir nada desde entonces. En varios momentos utiliza planos cenitales que resultan muy logrados a nivel estético, y recurre en bastantes ocasiones a planos fijos que dejan fuera del mismo los rostros de los personajes. Además, es destacable la naturalidad que destilan las escenas en las que las niñas se bañan en el lago o aquellas en las que juegan, da la sensación de que la directora se limitaba a filmarlas en esas situaciones sin ningún tipo de planificación de por medio.

La estupenda fotografía saca partido al bello entorno en el que está rodado el film, el aspecto visual es seguramente el más logrado de la obra, que está repleta de imágenes hermosas que quedarán fácilmente grabadas en la memoria del espectador. También es digna de mención la sugerente música que acompaña a las imágenes y que ayuda a construir esa atmósfera tan peculiar que envuelve toda la película.

La infancia, la pérdida progresiva de la inocencia a medida que se va creciendo, los cambios físicos y psicológicos que sufrimos al llegar a esa etapa tan convulsa de nuestras vidas que es la pubertad y adolescencia, el descubrimiento del sexo opuesto… Estos son los temas que trata esta reivindicable película, todo ello desde un punto de vista eminentemente femenino que probablemente la hace más disfrutable para las mujeres, que conectarán mucho mejor tanto con los personajes como con muchas de las situaciones.

Escrito por Iván Fernández

2 Responses to Críticas: L'Ecole (Innocence)

  1. Cristian Perell& dice:

    Gran crítica. Jo, yo soy hombre y le tengo un ochaco. Si fuera mujer, ¿qué le tendría? ¿Un sobresaliente? Jeje. No, algo de razón seguro que llevas en ese asunto. Y en los demás.

  2. Eptesicus dice:

    Muchas gracias, Clara 😉

    No creo que llegue a perfecta, pero se agradece tu comentario. Es una película muy especial, yo la he disfrutado todavía más en un segundo visionado, se descubren nuevos detalles.

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