Críticas: Katmandú, un espejo en el cielo

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Icíar Bollaín se ha ido a Nepal y ha vuelto con otra buena película que sumar a su sólida filmografía.

Situada en la ciudad que le da título a principios de los 90, la intención de la película es mostrar el viaje interior que experimenta una joven maestra cuya obsesión, tras iniciar un proyecto educativo con los niños de la ciudad, pasa a ser transformar a un nivel más profundo una sociedad repleta de miserias que repudia mientras entierra los demonios de una vida pasada tormentosa. En la empresa será acompañada por la maestra local Sharmila, que tendrá que luchar contra las estrictas normas impuestas por su familia, y por un hombre local con el que se casa en lo que se inicia como un desesperado matrimonio de conveniencia y desemboca en enamoramiento, la que quizá sea la línea argumental más endeble de todo el metraje.

Comienza con mucha fuerza, dibujando a su personaje principal rápidamente y situándonos en los antecedentes personales de la protagonista mediante unos breves flashbacks que no interfieren negativamente en el ritmo de la cinta y nos aportan varios matices de Laia, que ve reflejada su infancia en la de una niña de la escuela raptada por las mafias que trafican con la prostitución infantil. Esta trama nos sirve para adentrarnos en la sociedad nepalí, profundamente arraigada en sus tradiciones y en las que casi ningún cambio es visto con buenos ojos.

No son pocos los paralelismos con la muy notable cinta anterior de Bollaín, También la lluvia, en la que igualmente se nos mostraba a un personaje idealista que se daba de bruces con una realidad social lejana. Aquí ataca de nuevo hacia un punto similar pero desde diferente ángulo, adentrándose en el tema de las organizaciones no gubernamentales y su limitada capacidad para cambiar las cosas. Si bien los logros de aquélla pueden considerarse superiores al haber conseguido engarzar la historia de Cristóbal Colón con un drama social mientras contaba una sugestiva historia de cine dentro del cine, Katmandú resulta igualmente efectiva respecto a sus pretensiones.

La aventura de irse a Nepal y mostrar una realidad tan lejana al espectador con el debido respeto y sin caer en didactismos tiene un mérito tremendo, y era algo de lo que seguramente pocos podían salir airosos dentro de nuestro cine. En este sentido, un gran acierto es el aire documental con el que se nos presentan muchas de las secuencias, en especial las de los rituales. Ayuda la notable factura técnica, con los habituales del cine de Bollaín al mando, pero sobre todo un sólido guión firmado por la propia directora junto a su marido Paul Laverty (guionista de También la lluvia y conocido por sus trabajos con Ken Loach). Los exóticos paisajes son un valor más de la cinta, pero no cae en mostrarlos de manera preciosista sino que los funde inteligentemente en todo momento con lo que cuenta, transitando de los oscuros suburbios de la capital nepalí a las majestuosas cordilleras del Himalaya.

Quizá lo que impide que Katmandú no sea una obra mayor, a pesar del coherente guión escrito alrededor de su personaje principal, es el afán por tocar muchos palos y hacerlo, tal vez, descuidando un poco los personajes secundarios en beneficio del eje sobre el que orbita el guión. Además, aunque Verónica Echegui es guapa y no me parece mala actriz, quizá le venga ligeramente grande un personaje que seguramente sea lo mejor que ha hecho hasta ahora, acostumbrados como estamos a verla enfrascada en proyectos infumables. La evolución que sufre Laia, aunque algo obvia, está muy bien tratada: puedes sobornar a un funcionario para intentar mejorar la vida de alguna gente, pero eso no va a acarrear cambios profundos en una sociedad donde la pobreza es un círculo cerrado del que es prácticamente imposible salir.

 

por Sergio de Benito y Favio Rossini

3 Responses to Críticas: Katmandú, un espejo en el cielo

  1. Cristian Perell&oacu dice:

    Buen trabajo colectivo.
    A la Echegui le dejaría que me pusiera un piso.

  2. Rizzo7 dice:

    Película floja y, desde luego, la peor que ha dirigido en su carrera. Ni me parece interesante lo que cuenta, ni emocionante. Quizá la directora ha mejorado a nivel visual y consigue un par de imágenes bastante decentes pero ha perdido en otras cosas. Su película se siente más falsa que todas las demás. Y ya También la lluvia pecaba algo de esto pero aquella estaba muchísimo mejor, manejaba todo de manera superior y el tramo final molaba mucho.

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